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martes, 29 de mayo de 2012

Las agujas de coser en el Paleolítico superior


Uno de los avances más sencillos y con más consecuencias posteriores para la Humanidad fue la fabricación de agujas de coser perforadas, las cuales apenas han variado en sus diseños desde la Prehistoria hasta la actualidad, salvo por el cambio de material utilizado. Las agujas permitieron confeccionar ropas más eficaces para combatir el frío en las latitudes más septentrionales, una ventaja de adaptación cultural nada despreciable.


Las primeras agujas documentadas se remontan a uno de los periodos del Paleolítico superior, el Solutrense (21.0000 BP), concentrándose durante este tecnocomplejo su documentación arqueologica en el valle del río Vézerè (Francia). Sin embargo, la implosión de agujas en el registro arqueológico se produce durante el Paleolítico superior final (Magdaleniense). Aunque existen algunas citas muy dudosas de artefactos interpretados como agujas y relacionados con Homo heidelbergensis y Homo neanderthalensis. En la Península Ibérica son muchos los yacimientos donde se han documentado agujas, podemos citar las cuevas de Altamira, El Mirón o El Pendo en Cantabria, Las Caldas en Asturias o Allós de Balaguer en Lleida, Cova dels Mosseguellos de Vallada en Valencia.


Las materias primas empleadas en la confección de las agujas paleolíticas fueron diversas, principalmente los huesos largos procedentes de los animales cazados, en menor medida las astas de los cérvidos e incluso el marfil de los mamuts, aunque no es de descartar que algunas de ellas fuesen fabricadas en madera y que no nos hayan llegado en el registro arqueológico por motivos de conservación diferencial.Sus tamaños son variables, soliendo medir entre los 3 y los 8 cm, aunque en ocasiones sobrepasaban esas dimensiones. Su grosor estaba entre los 0,5 y los 2,4 mm, acabando en punta.

La técnica es sencilla, a partir de un hueso largo o un asta se extrae mediante un buril (aunque en ocasiones pudieron usarse lascas) una varilla larga y estrecha por medio de un doble ranurado. Una vez extraída se va raspando con una piedra arenisca hasta dejarla perfectamente pulida, se rebaja hasta el tamaño deseado y se le confiere un acabado en punta. Por último se procede a la perforación del cabezal para proporcionar el agujero de enebrar. Para ello se utilizaban cuatro técnicas diferentes, por presión se iban extrayendo esquirlas hasta obtener el agujero, por rotación circular empleando un perforador, por rotación alternativa, obtienendo primero un semicirculo y después el segundo, por profundización, golpeando un objeto punzante.

Debemos señalar que, aunque no existen pruebas directas, como hilo se púdieron usar los tendones de los animales cazados o bien fibras vegetales.

¿Usó neandertal agujas de coser?

En principio parece poco probable la supervivencia en climas fríos como los que en parte ocupó neandertal sin ropas de abrigo eficientes así como sin fuego, sin embargo el registro arqueológico no ha proporcionado pruebas contundes de que ni los neandertales ni los sapiens de los tecnocomplejos Auriñaciense y Gravetiense hubiesen desarrollado agujas destinadas a la costura de ropas.
Existen referencias antiguas a objetos interpretados como agujas por el investigador francés Bordes en el yacimiento Combe Grenal (Francia) dentro de un musteriense clásico datado en 115.000 BP (Paleolítico medio) que deja bastantes dudas y alguna más moderna como Donald Johanson en su libro “De Lucy a la lengua”, el cual cita una aguja neandertal datada en 28.000 años, pero la evidencia arqueológica es demasiado débil como para el momento aceptar que neandetal empleaba en sus ropas agujas de coser, aunque nada descartable.



miércoles, 2 de mayo de 2012

Arqueología: Genocidio neandertal y divulgación científica, una crítica.


Me gustaría proponer una reflexión sobre la divulgación científica en general y en concreto en arqueología al hilo de una noticia que ha saltado recientemente a los medios de comunicación y de la que se han hecho eco muchos divulgadores científicos. Concretamente hablo de un supuesto (e irreal) genocidio de Homo sapiens neandertalensis a manos de los “antepasados ideológicos de Atila”, Homo sapiens sapiens, propuesto por los investigadores ligados al Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), Bienvenido Martínez-Navarro (paleontólogo) y Policarp Hortalà (biólogo).

Del mismo modo que hay un periodismo rosa que busca el sensacionalismo, existe una divulgación científica rosa, más preocupada por la espectacularidad de la noticia que por el rigor científico e informativo. No podemos olvidar que el fin último de la arqueología, al igual que el resto de ciencias, es la sociedad, la transmisión de los conocimientos acumulados al público para hacer una sociedad mejor formada y con mayor capacidad crítica. De nada servirían los millonarios recursos invertidos en miles de excavaciones e investigaciones si todo ese conocimiento acumulado quedase destinado a guardar polvo en las estanterias de nuestras librerias. Pero la creación de ese conocimiento accesible para un público no especializado y con diversos niveles de cultura e interes no está reñida con la rigurosidad científica y divulgativa, es más esa falta de rigor en la transmisión denota una importante falta de profesionalidad. Rigor, dilvugación y amenidad han de confluir para hacer bien nuestro trabajo.

El tema neandertal resulta muy atractivo y atrayente tanto para los investigadores como para el público en general y existe una desenfrenada carrera para dar la última noticia sobre el tema o para ser quien dé con la clave de su extinición, lo que redunda en contra del rigor científico de algunas informaciones. Es el caso de la hipótesis propuesta por los investigadores del IPHES acerca del final de los neandertales: su causa, un genocidio sapiens. No existe en todo el registro arqueológico una sólo prueba documentada que lo acredite, por el contrario las pruebas más sólidas con las que contamos por el momento apuntan a todo lo contrario.

Detengámonos en algunos detalles. De entrada no parece que el término genocidio sea el más apropiado para su uso en este caso si atendemos a su definición: exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad. No existe ninguna prueba arqueológica que avale su uso y no parece lógico pensar que sapiens tuviese intención de exterminar a neandertal movido por alguna de esas cuestiones. Por el contrario, la genética nos aporta la certeza de que las poblaciones no africanas comparten hasta un 4% de genes neandertales. Es evidente que la consecuencia que se  extrae de eso es una convivencia pacífica entre algunas poblaciones neandertales y sapiens que llegaron a crear fuertes lazos familiares y sociales. Por otro lado, existen yacimientos chatelperronienses (cultura neandertal) y auriñaciense (cultura sapiens) que se intercalan en algunos casos, sin que hayan aportado prueba alguna acerca de violencia. Y de cualquier manera, casos aislados de violencia no constituyen un genocidio por lo que su uso sólo puede responder a una intención propagandista o provocadora que poco favor le hace a la divulgación científica.

La idea no es nueva aunque aporte algunos aspectos nuevos como el concepto de territorialidad y la más que dudosa validez de la comparación con otros carnívoros, viene a ser una actualización a la gorda de la teoría Out of Africa 2 que propone que a partir de la salida de sapiens de África estos colonizan todos los continentes eliminando a todas las poblaciones anteriores. Se basaba en una supuesta superioridad intelectual y tecnológica de sapiens sobre neandertales, pero las pruebas arqueológicas vuelven a negarlo. Neandertal era un ser humano muy capacitado intelectualmente como demuestra su organización social y cuando se comparan las industrias de ambas poblaciones en una mismo periodo estas son muy similares. Si a las capacidades intelectuales de neandertales sumamos su constitución física no parece lógico pensar en que neandertales fuese cazado como un animal indefenso por sapiens, ni siquiera aceptando la discutible idea de la superioridad tecnológica. Hay que recordar que eran armas de madera y piedra no cañones y la diferencia no sería tan significativa. Neandertal tenía gran capacidad física, pesando 105 kg y midiendo 1,80 y estaba acostumbrado a dar caza a presas grandes.

El problema es que el público no especializado ni tiene capacidad de discernir estas cuestiones ni tiene porque saber hacerlo, si se divulgan estas hipótesis, que no se basan en pruebas, perpetúan ideas falsas entre el público en contra de la profesionalidad esperada. 

lunes, 16 de abril de 2012

El tortuoso y complicado origen del Homo sapiens, nuestros orígenes (artículo actualizado)


Durante las dos últimas décadas que pusieron el epílogo al sangriento siglo XX, marcado por la locura belicista y expansionista del capitalismo, uno de los debates más apasionados en el campo de la arqueología y la paleoantropología fue (y hoy en día aún sigue siendo) la relación entre las poblaciones humanas más evolucionadas desde el punto de vista intelectual, Homo neanderthalensis y Homo sapiens, a las que a finales del año 2010 se sumó una nueva población: los denisovanos. En una de las trincheras, fuertemente marcados por prejuicios etnocéntricos, aquellos científicos que negaban cualquier tipo de relación genética entre ambas poblaciones humanas, incapaces de admitir las mismas capacidades intelectuales y simbólicas para los neandertales que las que poseía el hombre anatómicamente moderno. Del otro lado de la trinchera, un grupo de investigadores mucho menos numerosos defendían las igualdad entre ambos grupos humanos y que la extinción de los neandertales no era tal, sino un hibridación en la que los rasgos neandertales fueron diluyéndose al cruzarse con las poblaciones de Homo sapiens significativamente más numerosas, llegadas a Europa a partir de su emigración desde la cuna africana. Los rasgos anatómicos de los sapiens aportarían ventajas adaptativas a las nuevas condiciones medioambientales surgidas por el recrudecimiento del clima hace unos 30.000 años. Tras más de un siglo de ardua polémica, los rastros genéticos puestos de manifiesto por los avances del desciframiento de los genomas humanos van definiendo la teoría correcta: en las poblaciones actuales no africanas puede documentarse la huella de varias poblaciones ancestrales: neandertales y denisovanos.

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¿Quiénes eran los neandertales?

Por neandertales entendemos una población humana de origen europeo, que comparten una serie de características anatómicas y que habitó prácticamente toda Europa, el Próximo Oriente y parte del oeste de Asia durante el Pleistoceno medio y superior, evolucionando desde poblaciones de Homo heidelbergensis (Atapuerca) hace unos 200.000 años y de la cual se pierde el rastro hace 23.000 años (en tierras cántabras, Cueva L´Esquilleu según sus investigadores), aunque la mayoría sigue manteniendo que los últimos neandertales se localizan hace 27.000 años en el sur de la Península. Era una población perfectamente adaptada a las condiciones climáticas templadas-frías y con una potencia física extraordinaria. Su altura rondaría el 1,80-1,50 (masculino-femenino) y los 95-65 kg. Las capacidades intelectuales de estos humanos serían similares a las de Homo sapiens, hecho que se constata en el registro arqueológico cada vez con mayor rotundidad (un ejemplo es la división funcional del espacio que se percibe en el yacimiento catalán del Abric Romaní), con una capacidad craneal de hasta 1750 cm³. Fueron capaces de desarrollar una cultura notable que les permitió una importante expansión demográfica. A este grupo humano se les atribuye dos industrias líticas, el musteriense europeo durante el Paleolítico Medio, y el Chatelperroniense (y variaciones como el ulizziense) en los inicios del Paleolítico Superior (considerada de transición), compartidas ambas por el Homo sapiens en algunas partes de la tierra. Únicamente se constatan diferencias simbólicas importantes a partir del Auriñaciense, cuando Homo sapiens está en plena explosión de las representaciones gráficas y Homo neanderthalensis en franca regresión, quedan "muertos vivientes".  
                
¿Neandertal o sapiens? ¿O todo a la vez?

Cráneo sapiens y neandertal
En el registro arqueológico del Paleolítico Superior existe un aspecto especialmente polémico y aún por cerrar definitivamente, es la documentación de ciertos enterramientos humanos, cuyos fósiles reúnen un conjunto de rasgos en que se combinan características neandertales con otras propias de los humanos anatómicamente modernos. Esta dicotomía pone en escena uno de los debates más enconados entre los científicos que apoyan las tesis de la hibridación, entre ellos Joao Zilhao y Erik Trinkaus, quienes ven reafirmadas sus propuestas con datos objetivos provenientes de esos restos fósiles, y los científicos que minimizan o incluso refutan dichos análisis atribuyendo los especímenes a una gran variabilidad dentro de los Humanos Anatómicamente Modernos y mantienen la tesis de la sustitución de una especie autóctona (Homo neanderthalensis) por otra alóctona (Homo sapiens) llegada desde África (Out of Africa 2).
                
El niño de Lapedo
                
La Península Ibérica es una de los últimos lugares donde se refugian los neandertales en torno al 23.000 BP, en yacimientos como los de Gibraltar, el Sidrón en Asturias o la cueva de L´Esquilleu en Liébana. Otro de esos recónditos lugares donde podemos rastrear arqueológicamente a los neandertales es el yacimiento portugués de `O abrigo do Lagar Velho` en el valle del río Lapedo cuyas industrias líticas corresponden al Auriñaciense y al Solutrense. Este yacimiento es un ritual de enterramiento neandertal de un niño de cuatro años cuyas características anatómicas combinan rasgos neandertales con rasgos modernos con una datación en torno a 24.500 BP (Gravetiense). El cadáver del niño había sido depositado sobre una cama hecha de arbustos combustionados y cubierto por una capa de ocre, como ajuar aparecieron un diente de cérvido perforado y una concha. El esqueleto se conservaba casi completo, y es una panoplia de rasgos neandertales tales como inserciones de los músculos torácicos, incisivos de gran tamaño o el fémur corto y otros característicamente más modernos como la presencia del mentón, la pelvis estrecha o los antebrazos finos. Sin embargo no todos los investigadores están de acuerdo con estas tesis defendidas por sus excavadores y entienden el espécimen como un HAM especialmente robusto.


Niño de Lapedo

Los cráneos de Mladec
                
En la antigua Checoslovaquia en varias cuevas que conforman el complejo kárstico de Mladec (Moravia) se documentó a finales del siglo XIX los restos óseos de varios individuos, recientemente los avances en las técnicas de datación han permitido datarlos por el momento como los fósiles más antiguos de Europa asignables al tipo humano `Homo Sapiens` arcaico. El conjunto se corresponde con un número mínimo de seis individuos tanto adultos como juveniles, datados mediante radiocarbono en una cronología superior a 31000 BP (Auriñaciense). Una parte de los cráneos responden en algunos casos a rasgos interesantísimos que los ponen en relación con las características anatómicas propias de los neandertales, apoyando así la teoría de la hibridación defendida por Trinkaus y Zilhao.
                
La cueva de Pestera cu Oase
                
Su nombre significa la cueva con huesos por la abundancia de restos óseos de osos de las cavernas (`Ursus speleaus`). En esta cueva rumana se documentaron restos fósiles humanos de unos 35.000 BP (por radiocarbono) con rasgos híbridos de sapiens y neandertales. Se trata de una muestra reducida compuesta por parte de un cráneo perteneciente a un individuo juvenil, una mandíbula y una escápula de un ejemplar adulto, así como un segundo cráneo más completo de adulto. La falta de otros signos antrópicos parece indicar que fueron arrastrados los fósiles por corrientes de agua hasta su emplazamiento actual. También su interpretación es muy discutida y parecen asignables a HAM.

Los últimos datos  

Durante este último año se ha presentado en la revista científica Plos one la documentación de parte de un esqueleto con rasgos hibridos documentado en el abrigo de Riparo di Mezzena norte de Italia hace entre 40.000 y 30.000 años. Concretamente una mandíbula con rasgos neandertales y HAM. el análisis genético de su ADN muestra un linaje neandertal y se le ha asignado el sexo femenino por lo que los autores concluyen que se trató de una mujer neandertal que se emparejó con un sapiens.    
     
Un vuelco teórico
                
La reciente secuenciación de una parte de genes neandertales y desinovanos en poblaciones humanas modernas ha revitalizado la consistencia de estas pruebas fósiles. El escenario más probable que se plantea es que el encuentro entre Homo sapiens y Homo neanderthalensis tuviese lugar en la zona de Oriente Próximo en un periodo comprendido entre 50.000 y 80.000 años, aunque ambas poblaciones humanas habitaron la zona entre 130.000 y 100.000 el registro arqueológico no permite conocer si interactuaron en este periodo.  Este encuentro no implica que la hibridación entre ambas poblaciones humanas fuese inmediata e `in situ`, siendo razonable que el intercambio genético se produjese en momentos y tiempos variados. Los hechos históricos casi nunca son uniformes por lo que el descubrimiento de los “otros” pudo ser en ocasiones violento, en otras pacífico y amistoso, o quizás otras veces tan sólo indiferente, teniendo en cuenta que son poblaciones humanas bastante similares, con las mismas capacidades cognitivas e intelectuales, y con una cultura material idéntica: cultura musteriense, adornos personales, rituales funerarios…Los humanos no africanos contamos con cerca de un bagaje genético heredado de los neandertales en torno al 4%, lo mismo ocurre con el porcentaje heredado de otra especie de homínidos, los denisovanos. Parece ser que ese intercambio genético lo protagonizaron unos 10.000 individuos sapiens y neandertales.

En mi opinión, si partimos de la definición biológica de especie, los neandertales no forman parte de una especie humana distinta del  sapiens, más habría que clasificarla como una población o subespecie del propio Homo sapiens cuya eclosión se produjo en el continente europeo y que el prolongado período de aislamiento genético en una Europa cubierta por el hielo permitió la generación de unos rasgos anatómicos muy característicos. Incluso el análisis de su comportamiento social y de sus rasgos culturales, similares a los sapiens, invitan a desechar esa división inducida por una anatomía muy particular. La llegada de nuevas poblaciones desde África propició en torno a hace unos 40.000 años la absorción de nuevas cargas genéticas que acabaron por eliminar los rasgos neandertales más evidentes, es decir, los africanos terminaron por imponer de forma mayoritaria sus genes. Si bien hay que señalar que una parte importante de los investigadores consideran insatisfactoria la actual definición de especie y que deja dudas al aplicarla a la paleoantropoliogía.

A estos datos hay que sumar la información aportada durante 2013 por un estudio genético que desveló la presencia en la carga genética de un afroamericano del cromosoma Y (que pasa de padres a hijos por línea paterna) más antiguo documentado, perteneciente al hombre del que descendemos todos los humanos actuales. Los resultados fueron sorprendentes ya que vivió hace unos 338.000 años en África, mucho antes de lo que las teorías y pruebas actuales proponen como origen del Homo sapiens.

Como explicación los investigadores del estudio proponen que sapiens se cruzó con poblaciones hominidos arcaicos africanos y de ahí surgió el linaje que dio lugar a las poblaciones humanas actuales. La otra posibilidad es que el origen de sapiens sea mucho más antiguo de lo esperado. O bien una combinación de las dos anteriores ya que ambas no son excluyentes.

Al igual que en Europa, en África también hay restos fósiles controvertidos que han sido interpretados como hibridaciones entre rasgos modernos de sapiens y otros muchos más antiguos de hominidos arcaicos como es el caso del cráneo de Iwo Eleru. Esta tesis es defendida por Cris Stringer. Sin embargo se necesita analizar las muestras del ADN fósil de la especie hominida arcaica para conocer con mayor detalle la hipótesis planteada.
                
Dos teorías
                
Sobre el origen del ser humano actual el corpus científico trabaja con dos teorías plausibles. La más clásica y aceptada es la conocida como Eva africana o Eva mitocondrial que sostiene que el origen del ser humano se encontraría en una reducidísima población africana y que en su expansión fue eliminando y sustituyendo a las demás especies humanas, principalmente a los neandertales euroasiáticos y las poblaciones de Homo erectus en Asia. Por otro lado la teoría multirregional plantearía un escenario diferente basándose en los restos fósiles descritos y en los recientes descubrimientos genéticos. El ser humano moderno sería producto de la evolución de diferentes especies humanas en diferentes puntos de la tierra junto con la interacción genética de las poblaciones africanas con las poblaciones autóctonas de Europa  y Asia lo que explicaría la variabilidad actual. El ser humano moderno habría surgido en varios puntos de la tierra. Esta teoría retrasa el origen de Homo sapiens, así como la deriva genética de las actuales razas humanas.
                
Ambas teorías tienen sus puntos débiles y quizás lo más apropiado sea una síntesis entre ambas. A la vista de los datos actuales parece imposible seguir sosteniendo un único origen africano estrictamente puro, sin embargo no parece consistente afirmar un multirregionalismo radical ya que nuestros genes provienen de forma mayoritaria de las poblaciones africanas. Somos Homo sapiens africanos que a lo largo de nuestra historia evolutiva recogimos las aportaciones genéticas de otras poblaciones humanas africanaas y no africanas. En esta línea parece apuntar la reciente publicación de los fósiles de los Hombres del Ciervo Rojo en China, en los cuales se combinan rasgos modernos y arcaicos y que abren la posibilidad de un intercambio genético entre sapiens y erectus, aunque es bastante dudoso que los fósiles chinos constituyan una nueva especie. Tenemos sangre sapiens, neandertal, denisovana…lo que podemos descartar es que ningún ser humano tenga sangre azul.

domingo, 8 de abril de 2012

Arqueología: Homo sapiens es el autor de la industria auriñaciense




El tecnocomplejo Auriñaciense (38.000-29.000) es una de las “culturas” con las que se delimita el inicio del Paleolítico superior junto con el Chatelperroniense (neandertal) y el Gravetiense (sapiens). El Paleolítico superior se define en relación con el Paleolítico medio a groso modo por los cambios tecnológicos (aparición o más bien eclosión de herramientas talladas sobre un soporte de hueso, asta o marfil), estéticos (la utilización de elementos de adorno personales), en el ritual religioso, la organización social de los grupos, la explotación de los recursos y la expansión del Hombre Anatómicamente Moderno por todo el continente europeo.



Industria auriñaciense

Tradicionalmente este tecnocomplejo estaba asociado a Homo sapiens a modo de hipótesis, sin embargo se carecía de pruebas contundentes que cerrasen la cuestión. La presencia de yacimientos musterienses (Homo neanderthalensis, Paleolítico medio), yacimientos chatelperronienses (facies del musteriense, transición al Paleolítico superior) y yacimientos auriñacienses en un mismo lapsus temporal que abarcaba unos milenios no permitía tener la certeza absoluta de que este complejo cultural estuviese fabricado por Homo sapiens, lo cual condujo a algunos investigadores a plantear la cuestión de su origen.

El debate no es menor ya que esconde la cuestión de que población humana está detrás de la transición Paleolítico medio-superior, es decir, fueron los sapiens, los neandertales, ¿o ambos de forma independiente?. Ambas poblaciones humanas están presentes en ese momento en Europa.

Para esclarecer la autoría del teconocomplejo Auriñaciense resulta necesario que el registro arqueológico proporcione restos fósiles humanos asociados a los útiles de dicha industria, y de momento los resultados de los trabajos arqueológicos se han mostrado avaros en ese aspecto. Apenas existen restos humanos en los niveles arqueológicos asociados al Auriñaciense y casi todos son piezas dentarias que presentan problemas metodológicos.

La revista Journal of Human Evolution presenta un artículo sobre el tema que parece confirmar las tesis tradicionales que asocian a sapiens con Auriñaciense. El estudio trabaja sobre los restos óseos de la cueva francesa de La Quina-Aval (Charente). La muestra es bastante escasa, dos mandíbulas parciales y varias piezas dentales, que combinan rasgos modernos con otros presentes en los preancestros, datados de forma convincente en 38.000 B.P., pero que sirve para reafirmar la asociación de sapiens y Auriñaciense en el sur de Francia. Este estudio viene a complementar a otro ya presentado hace algún tiempo en el que a partir de un análisis de las piezas dentales del Paleolítico superior tanto de sapiens como de neandertales y de su asociación con los tecnocomplejos de inicios del Paleolítico superior se descartaba la asociación del Hombre de Neandertal con el Auriñaciense. El problema radica en que las piezas dentales no son un patrón de diagnóstico irrefutable y puede conducir a equívocos.

jueves, 15 de marzo de 2012

Arqueología: Artículo crítico: Los hombres del Ciervo Rojo…una dudosa nueva especie humana


La noticia de un nuevo estudio sobre restos óseos humanos procedentes de dos cuevas del sudeste asiático ha sido recogida con excesiva rapidez por la prensa como la documentación de una nueva especie humana en el ya complejo panorama de la evolución humana. En realidad, el estudio presentado en la revista científica “PLoS ONE” no permite la aseveración de tal posibilidad con rotundidad, siendo los propios autores los que afirman que es tan sólo una de las hipótesis de trabajo. Por lo tanto, la afirmación del descubrimiento de una nueva especie dentro de la Evolución Humana  sólo se puede enmarcar en la frenética carrera por ser el primero en publicar una rama más en la poblada familia de homínidos que conocemos como seres humanos. 

Recreación

Los restos óseos          

Los dos conjuntos de fósiles objeto de estudio fueron recuperados en sendas cuevas chinas durante los años 1979 y 1989 y pertenecen a individuos con características anatómicas similares. Ambas cuevas son la cueva de Longlin y la cueva de Maludong, que significa cueva del Ciervo Rojo, y que ha dado el nombre a esta nueva población “los hombres del Ciervo Rojo”. Durante el 2008 se retomó el estudio de los tres individuos fósiles de Maludong por parte de un equipo de investigación internacional formado por científicos chinos y australianos, mientras que para el individuo de la cueva de Longlin hubo que esperar a 2009, año en que fue extraído del bloque de piedra donde estaban incrustados los restos fósiles, los cuales se mantenían en la propia cueva. 

Los fósiles presentados corresponden fundamentalmente al esqueleto craneal, siendo escasas las partes del esqueleto postcraneal recuperadas (algún fémur, sacro…). El trabajo de los científicos se centró en el análisis de los fragmentos de cráneos, las mandíbulas y los dientes, los cuales muestran rasgos presentes en poblaciones de Homo erectus, de Homo neanderthalensis y de Homo sapiens, así como otros totalmente propios y originales.

La capacidad craneal del “hombre de los Ciervos Rojos” fue determinada a partir de endomoldes generados por tomografías computarizadas y se estimó en 1327 cm³, ligeramente por debajo de la media tanto de las poblaciones neandertales como del hombre anatómicamente moderno, pero dentro del rango de variabilidad de dichas poblaciones.

Cráneo del Hombre de los Ciervos Rojos
La descripción de estas poblaciones asiáticas nos habla de cavidades cerebrales redondeadas con  arcos supraorbitales algo marcados. Además presentan un grosor en las paredes de sus cráneos importante, con un desarrollo de cara corto y de perfil plano, así como índice de grosor nasal próximo a las poblaciones neandertales. Sus mandíbulas apuntaban hacia fuera pero carecían de la clásica barbilla presente en los humanos modernos. Los escáneres a los que fue sometida la calota cerebral muestran que denotan semejanza con lóbulos frontales del hombre anatómicamente moderno, así como una significativa divergencia en sus lóbulos parietales, los cuales son arcaicos.

Dataciones

El estudio publica el análisis de los restos óseos de un número mínimo de cuatro individuos datados por radiocarbono de forma bastante sólida a partir de carbón vegetal recogido dentro de la cavidad endocraneal (LL1)  y por series de uranio  en una horquilla temporal entre  14.310 ± 340 cal. BP a 11.590 ± 160 cal. años BP. No fue posible la datación directa de los huesos por medio del radiocarbono por la pérdida del colágeno de los mismos. La estratigrafía del depósito reveló la consistencia de las fechas aportadas por el radiocarbono en relación a la secuencia estratigráfica. Además, la composición del depósito sedimentario revela un alto contenido de granos finos ferrimagnéticos propios de períodos cálidos y húmedos como es el interestadial Bolling-Allerod (en la transición del Pleistoceno al Holoceno). Un momento en que en China estaba en marcha los inicios de la neolitización con los primeros desarrollos de la agricultura.

Hipótesis de trabajo

Aunque los medios de comunicación se han hecho reflejo de la aparición de una especie nueva de humanos, lo cierto es que los autores presentan dos hipótesis explicativas de los restos fósiles en el propio estudio. La primera, es cierto, sugiere la presencia de una nueva especie humana en los restos de las cuevas chinas, en la cual se observan rasgos anatómicos modernos, presentes en Homo sapiens, junto con rasgos arcaicos de poblaciones neandertales y de Homo erectus. La segunda hipótesis planteada por los autores es que los fósiles representen algún linaje de una población de Homo sapiens arcaica, emigrada desde África en un momento anterior a 100.000 años y que en condiciones de aislamiento genético conservó parte de esos rasgos arcaicos en el sudeste asiático. Una tercera posibilidad (no planteada en el estudio) sería que a la llegada de Homo sapiens a la zona intercambiarán genes con las poblaciones arcaicas asiáticas de Homo erectus, o alguna otra desconocida, siendo estos cuatro especímenes un ejemplo de estos híbridos.

Crítica

La explicación más convincente para estos nuevos fósiles humanos no parece que sea su clasificación como una nueva especie dentro del árbol genealógico del ser humano, aunque no es descartable que nuevos hallazgos en el futuro lo confirmen. Pero por el momento parece una posibilidad más que arriesgada ante lo exiguo de la muestra estudiada. Tan sólo se conocen datos de su cráneo a partir de unos pocos fósiles. Se desconoce por completo su esqueleto postcraneal y se echa en falta el estudio genético de su ADN que apoye su clasificación como especie, ya que los esfuerzos de los científicos por recuperarlo han sido infructuosos por el momento. La experiencia nos enseña como la clasificación de las especies de homínidos a partir únicamente de datos anatómicos extraídos de la Paleoantropología es cuando menos dudosa y arriesgada. Un ejemplo claro es la cuestión neandertal. Anatómicamente es indudable que sapiens y neandertal se han de clasificar como especies diferentes, sin embargo la decodificación del genoma neandertal demostró la interacción genética entre ambas poblaciones humanas con la presencia de descendencia fértil, lo que ha hecho a los investigadores cuestionar su clasificación como especies diferentes. Desde mi punto de vista, la clasificación de especies requiere además de un estudio anatómico, datos sobre su comportamiento social, su producción tecnológica y sus formas de vida, y de la corroboración a través de su ADN.

Quizás lo más sensato sea trabajar por el momento con la hipótesis de que los nuevos fósiles respondan a un linaje arcaico de Homo sapiens, sometido a condiciones de aislamiento genético, y que se configurasen como los antepasados de las actuales etnias mongoloides, propias de esta zona asiática. Las diferencias físicas con los Homo sapiens parecen esconder una variabilidad lógica entre diferentes etnias y si además lo comparamos con Homo sapiens arcaico esas diferencias se ven atenuadas. De hecho, el rastreo de otros fósiles nos conduce a encontrar las poblaciones más parecidas  en los restos humanos  encontrados en África (Nigeria o Sudáfrica), datados en torna a hace mas de 100.000 años. Esta tesis se ve reforzada con el análisis de los aborígenes australianos, los cuales presentan importantes diferencias con los sapiens ortodoxos sin dejar de serlo.