Me gustaría proponer una
reflexión sobre la divulgación científica en general y en concreto en
arqueología al hilo de una noticia que ha saltado recientemente a los medios de
comunicación y de la que se han hecho eco muchos divulgadores científicos. Concretamente
hablo de un supuesto (e irreal) genocidio de Homo sapiens neandertalensis a manos de los “antepasados
ideológicos de Atila”, Homo sapiens
sapiens, propuesto por los investigadores ligados al Instituto Catalán de
Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), Bienvenido Martínez-Navarro
(paleontólogo) y Policarp Hortalà (biólogo).
Del
mismo modo que hay un periodismo rosa que busca el sensacionalismo, existe una
divulgación científica rosa, más preocupada por la espectacularidad de la
noticia que por el rigor científico e informativo. No podemos olvidar que el
fin último de la arqueología, al igual que el resto de ciencias, es la
sociedad, la transmisión de los conocimientos acumulados al público para hacer
una sociedad mejor formada y con mayor capacidad crítica. De nada servirían los
millonarios recursos invertidos en miles de excavaciones e investigaciones si
todo ese conocimiento acumulado quedase destinado a guardar polvo en las
estanterias de nuestras librerias. Pero la creación de ese conocimiento
accesible para un público no especializado y con diversos niveles de cultura e
interes no está reñida con la rigurosidad científica y divulgativa, es más esa
falta de rigor en la transmisión denota una importante falta de profesionalidad.
Rigor, dilvugación y amenidad han de confluir para hacer bien nuestro trabajo.
El
tema neandertal resulta muy atractivo y atrayente tanto para los investigadores
como para el público en general y existe una desenfrenada carrera para dar la
última noticia sobre el tema o para ser quien dé con la clave de su extinición,
lo que redunda en contra del rigor científico de algunas informaciones. Es el
caso de la hipótesis propuesta por los investigadores del IPHES acerca del
final de los neandertales: su causa, un genocidio sapiens. No existe en todo el
registro arqueológico una sólo prueba documentada que lo acredite, por el
contrario las pruebas más sólidas con las que contamos por el momento apuntan a
todo lo contrario.
Detengámonos en algunos detalles. De entrada no parece que el término genocidio sea el más
apropiado para su uso en este caso si atendemos a su definición: exterminio o
eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de
religión, de política o de nacionalidad. No existe ninguna prueba arqueológica
que avale su uso y no parece lógico pensar que sapiens tuviese intención de
exterminar a neandertal movido por alguna de esas cuestiones. Por el contrario, la
genética nos aporta la certeza de que las poblaciones no africanas comparten hasta
un 4% de genes neandertales. Es evidente que la consecuencia que se extrae de eso es una convivencia pacífica
entre algunas poblaciones neandertales y sapiens que llegaron a crear fuertes
lazos familiares y sociales. Por otro lado, existen yacimientos
chatelperronienses (cultura neandertal) y auriñaciense (cultura sapiens) que se
intercalan en algunos casos, sin que hayan aportado prueba alguna acerca de
violencia. Y de cualquier manera, casos aislados de violencia no constituyen un
genocidio por lo que su uso sólo puede responder a una intención propagandista
o provocadora que poco favor le hace a la divulgación científica.
La idea no es nueva aunque aporte algunos aspectos nuevos como el concepto de territorialidad y la más que dudosa validez de la comparación con otros
carnívoros, viene a ser una actualización a la gorda de la teoría Out of Africa 2 que propone que a partir de la salida de sapiens de África estos colonizan
todos los continentes eliminando a todas las poblaciones anteriores. Se basaba
en una supuesta superioridad intelectual y tecnológica de sapiens sobre
neandertales, pero las pruebas arqueológicas vuelven a negarlo. Neandertal era
un ser humano muy capacitado intelectualmente como demuestra su organización
social y cuando se comparan las industrias de ambas poblaciones en una mismo
periodo estas son muy similares. Si a las capacidades intelectuales de
neandertales sumamos su constitución física no parece lógico pensar en que
neandertales fuese cazado como un animal indefenso por sapiens, ni siquiera
aceptando la discutible idea de la superioridad tecnológica. Hay que recordar
que eran armas de madera y piedra no cañones y la diferencia no sería tan
significativa. Neandertal tenía gran capacidad física, pesando 105 kg y
midiendo 1,80 y estaba acostumbrado a dar caza a presas grandes.
El problema es que el público no especializado ni tiene capacidad de discernir
estas cuestiones ni tiene porque saber hacerlo, si se divulgan estas hipótesis, que no se basan en pruebas, perpetúan ideas falsas entre el público en contra de la profesionalidad
esperada.