viernes, 8 de febrero de 2013

Los adornos personales del Paleolítico: la primera ciencia, el primer libro, la primera escritura...



Como una metáfora diremos que la mitología primigénica fue la primera vez que el ser humano elaboró un intento de ciencia, una cosmogonía, una visión del mundo, una explicación de los fenómenos que le rodeaban. Mitología como ciencia que el ser humano del Paleolítico nos legó en el primer libro conocido formado por viejos pergaminos en forma de niveles arqueológicos y cuya primera escritura nos esconde su significado último en los adornos personales que de forma avasalladora se registran en los yacimientos del tecnocomplejo Auriñaciense por toda Europa, mostrando un alto grado de uniformidad cultural.

Interpretaciones de su significado

El significado más profundo que esconden los adornos personales del Paleolítico superior es difícil de descifrar, sin embargo no cabe duda de su naturaleza simbólica. Ese simbolismo tuvo que servir a las gentes del Pleistoceno final para transmitir de una generación a otra los valores fundamentales que sustentaban dichas sociedades.

La aparición de objetos de adorno desprendió a la imagen de su propio significado objetivo, atribuyéndole un nuevo significado consensuado que tenía valor en función de las claves del consenso grupal. De esta forma los adornos se convirtieron en un aspecto más del lenguaje corporal, con matices importantes dentro de cada grupo, incluso para cada individuo.

La presencia en muchos ejemplares de marcas incisas ha llevado a algunos investigadores a plantear la hipótesis de que estas representasen algún tipo de código. Generalmente se recurre al grabado de motivos geométricos. Estas marcas son paralelas por lo que se baraja como hipótesis que representasen los ciclos lunares, solares o bien el paso de las estaciones. Y en el caso de las conchas marinas utilizadas como soporte para fabricar adornos se han interpretado como símbolos femeninos dada su evidente similitud con el sexo femenino.

En los tecnocomplejos finales del Paleolítico superior los colgantes fueron incorporando los motivos temáticos del arte rupestre de cuevas y abrigos, como ocurre en los denominados contornos recortados, representándose la fauna típica pleistocénica (caballos, bisontes, ciervas) como la cabra montés de La Garma (Cantabria). Pero también animales menos comunes en los lienzos parietales como pueden ser la aves o serpientes, un ejemplo significativo es el contorno recortado de Ekain (Euskadi).

Contorno recortado de Ekain

Funciones grupales e individuales

Parece razonable interpretar que su función durante el Paleolítico superior fue la de servir de demarcador diferencial, reflejando la pertenencia o no a un determinado grupo tribal o clan. Otra de sus funciones pudo haber sido separar dentro de una misma tribu a sus individuos en función de factores diversos: su edad, linaje o por su rol dentro del grupo, ya fuesen curanderas, cazadores, talladores, recolectores... Estaríamos en este caso ante adornos con una clara función individual, en contraposición al mecanismo grupal antes citado.

Los adornos formarían parte de un sistema de división social y de jerarquización, en el cual lo importante no sería tanto el adorno como el valor simbólico que permitiría identificar al chamán, al cazador, al jefe o al sacerdote. Otro aspecto relevante en el cual pudo jugar un papel significativo fue en la transmisión y fijación de las creencias mitológicas, filosóficas y sociales dentro del grupo. Por otro lado no podemos descartar que algunos de estos objetos respondiesen a la simple búsqueda de los valores estéticos imperantes o al gusto individual, o que incluso que reflejasen relaciones afectivas entre individuos unidos por lazos sanguíneos o afectivos.

La materia prima de los adornos

El registro arqueológico sólo nos permite tener una visión sesgada del mundo de los adornos personales durante la prehistoria por razones de conservación de algunos materiales. Indudablemente, parte de estos adornos habrían sido fabricados en materiales que no se han conservado como pudo ser la madera, las plumas de aves (como en el caso de los neandertales de la cueva italiana de Funame) o las flores. Incluso tatuajes y pendientes. Los objetos de adorno que han perdurado presentan una importante uniformidad, por un lado están los que han sido fabricados por el ser humano a partir de hueso, asta y marfil y requieren la intervención de un artesano especializado debido a la importante técnica que requiere su fabricación, y por otro lado aquellos objetos recogidos en la propia naturaleza y que apenas necesitan ser manipulados para convertirse en adornos como las conchas, los dientes de animales cazados o las perlas. Esta diferencia podría ser un indicio del papel diferencial jugado por unos y otros objetos dentro de las sociedades paleolíticas. Otra característica debió ser su ligereza y su fácil manejo debido a que iban colgados en el cuerpo, ya fuese por medio de pequeñas perforaciones o bien sujetados con ligamentos de animales.

En su mayoría los adornos conservados están fabricados utilizando como soporte los dientes de animales. En este sentido, destaca la selección de tres especies concretas, en primer lugar los caninos atrofiados de cérvidos, los incisivos de bovinos y los caninos de los zorros. Esto no es óbice para que no existan ejemplares singulares de otros animales como los caballos, los renos o la cabra montés, que en algunos yacimientos son los más frecuentes. Es tentador pensar que la elección del soporte está relacionada con los animales cazados, hecho éste que no se corresponde con el registro arqueológico de los yacimientos, donde el porcentaje de piezas cazadas no esta en relación con el material empleado en la fabricación de los adornos.

Además del registro arqueológico de estos objetos en sí, el arte figurativo nos permite otro pequeño acercamiento a los adornos personales paleolítico. Concretamente, los grabados de la cueva francesa de La Marche (más información aquí), cuyo conjunto de retratos personales de individuos nos permite observar como el uso de sombreros y tocados era bastante habitual. Lo mismo ocurre con las famosas estatuillas femeninas de Europa del este principalmente, conocidas con el sobrenombre de “Venus”.

El auriñaciense, un mundo de comunicaciones

Resulta altamente significativo que la generalización de estos adornos personales coincida con la explosión simbólica asociada al arte paleolítico durante el Auriñaciense, si bien ya se conocían este tipo de objetos tanto en las poblaciones de HAM como en las culturas de transición del Paleolítico medio al superior asociadas a neandertal como el Chatelperroniense. De esta forma estaríamos ante las primeras pruebas de abstracción generalizada del ser humano. El Auriñaciense se configura como un mundo basado en la comunicación simbólica, en donde tanto el arte rupestre como los adornos trasmitirían el nuevo mundo ideológico, actuando como cohesionador social. Las bases de esta nueva cultura son comunes a todos los yacimientos de Europa, pudiéndose rastrear rasgos muy similares en casi todos los yacimientos. La presencia de adornos que utilizan como soporte conchas marinas en yacimientos alejados de la costa permite establecer relaciones de intercambio entre poblaciones muy alejadas, hecho que por si solo habla de la importancia otorgada por estas sociedades a los adornos.