A finales del año pasado
un grupo de investigación de la Universidad de Cantabria dirigidos
por el catedrático de Prehistoria Manuel González Morales daba a
conocer a los medios de comunicación los resultados obtenidos en la
última campaña arqueológica en la cueva de “El Mirón”
(Ramales de la Victoria-Cantabria) representaba la documentación del
primer el enterramiento atribuible al período Magdaleniense inferior
de la Península Ibérica, cuya datación por carbono 14 retrotraería
el depósito funerario a hace 19.000 B.P. Si revisamos un poco más
los detalles de esa datación hemos de observar que esa fecha se
obtuvo a partir de la datación de restos óseos de animales
recuperados en el mismo estrato arqueológico que los restos óseos
humanos. La datación se completó con fechas obtenidas de restos
carbonizados de madera de enebro procedentes del estrato de tierra
que recubría el enterramiento y que arrojaron una fecha coherente:
18.300 B.P.
El enterramiento
En el enterramiento de El
Mirón estamos ante un depósito de un individuo juvenil de aspecto
grácil, parece bastante plausible que se corresponda con un sujeto
femenino, en el que está en representado gran parte del esqueleto
postcraneal pero aún así faltan algunas piezas, que quizás se
documenten en posteriores intervenciones. Se trata de un
enterramiento secundario, esto significa que los restos óseos fueron
recogidos y depositados en el lugar que se han localizado un tiempo
después de la muerte. Esta hipótesis se establece a partir de las
marcas de posibles mordeduras observadas en una de las tibias. El
estudio tafonómico detallado de las mismas permitirá determinar si
fueron producto de la acción de depredadores o bien se deben a
descarnados internacionales por parte de sus congéneres como parte
del ritual de inhumación. Una vez depositados los huesos se
recubrieron con ocre, ritual frecuente durante el Paleolítico
superior, además en el mismo estrato y asociado a lo huesos
aparecieron una serie de pequeñas hogueras que pudieran formar parte
del enterramiento. Este es un aspecto singular de la cueva cántabra,
ya que no se había documentado en ningún otro enterramiento
conocido. Además, el depósito tenía una losa de unos 40 cm con
grabados paleolíticos, cuya relación con la inhumación no es
posible afirmar con rotundidad. El hallazgo se produjo de forma
fortuita al intentar datar los grabados que se observan en las
paredes de la cueva de El Mirón y que en parte estaban cubiertos por
los estratos de tierra en los cuales se localizó en depósito
funerario.
![]() |
| Restos humanos de "El Mirón" |
.
Más datos
El estudio de los
isótopos resulta de gran interés ya que proporciona datos de los
posibles movimientos migratorios realizados en su periplo vital por
la mujer enterrada. Los trabajos sobre el ADN de los huesos
recuperados están en manos del prestigioso Instituto Max Planck
(Alemania) de antropología evolutiva. Sus análisis permitirán en
un futuro la obtención de interesantes datos acerca de la población
cantábrica durante el Pleistoceno final, conocer sus características
físicas, el tipo de dieta ingerida, las patologías sufridas y una
datación directa de los huesos...
Rituales paleolíticos
El mundo de los rituales
funerarios durante el Paleolítico superior es un fenómeno complejo
a la vez que desconocido en gran parte. La dificultad de comprender
toda su complejidad se entiende por la escasa muestra del registro
arqueológico. Esconde un mundo ideológico que probablemente nunca
lleguemos a desentrañar en sus últimas consecuencias. La
localización de la inhumación no corresponde a un patrón definido.
Conocemos enterramientos documentados en abrigos rocosos, en las
entradas de las cuevas, en zonas escondidas y remontas de la grutas,
al aire libre e incluso en el suelo de las cabañas. Las inhumaciones
pueden ser tanto colectivas como individuales, aunque se conoce un
mayor número de estas últimas, no deja de haber ejemplos como
sepulcros con dos o tres individuos. Estos enterramientos
paleolíticos pueden ser tanto de adultos como de individuos
infantiles, aunque en su mayoría corresponden a adultos masculinos.
Durante el Paleolítico
el ritual funerario es, a pesar de las divergencias, un fenómeno
bastante uniforme, con los lógicos matices en cada yacimiento.
Frecuentemente la inhumación es practicada en fosas, aunque existen
ejemplos de enterramientos en pequeñas cistas de piedra. Un rasgo
recurrente en casi la totalidad de los casos documentados es el
recubrimiento de los restos con capas de polvo de ocre, o bien en su
defecto el depósito de los restos óseos sobre una cama de ocre. Una
lista completa de los yacimientos con rituales funerarios conocidos
excede a este artículo, sin embargo conviene citar algunos a modo de
ejemplo como Kostienki (Rusia), La Madaleine (Francia), el abrigo de
Grimaldi o Acquedolci (Italia). Las fosas están rodeadas de hileras
de piedras o cantos y sobre el individuo de forma recurrente se
colocaba una losa. Existen ejemplos que presenta variaciones como en
el caso de El Mirón, en que la inhumación se rodea de pequeñas
hogueras o el yacimiento de Dolni Vestonice donde se utilizaron los
omóplatos de mamut decorados con pinturas y grabados de forma
similar a la colocación de los cantos. De hecho, esa clara
asociación de representaciones paleolíticas y ritual funerario,
permite pensar en la posibilidad de que los grabados del
enterramiento de El Mirón estén relacionados con las prácticas
funerarias documentadas.
Otro de los rasgos
comunes a una parte de estos enterramientos de época paleolítica
es la presencia de ajuares junto a los restos óseos humanos, aunque
en una mayoría no presentan ajuar. La composición del ajuar es
variada, no se define un criterio claro, pudiendo incluir objetos
personales como adornos o collares, útiles de piedra, armas u otros
objetos decorados con grabados. Entre los objetos de adorno personal
están las conchas perforadas, seguramente utilizadas como colgantes,
dientes de animales, anillos de hueso o figuras talladas de animales.
Algunos autores mantienen la hipótesis de que esos ajuares
supondrían el reflejo de una diferenciación económica. Sin
embargo, en una economía de cazadores-recolectores no parece que las
diferencias económicas sean importantes por la ausencia de propiedad
privada y de acumulación, por lo que los ajuares indicarían más
bien diferenciadas en el estatus social derivado de las diferentes
funciones ejercidas dentro del grupo, también indicarían
diferencias tribales.
Por último, parece
también significativo que en muchos de los rituales documentados se
haya encontrado rodeando a la tumba o encima de los cadáveres
propiamente huesos de animales, frecuentemente grandes mamíferos, el
más recurrente es el mamut. Como ejemplo describiremos una tumba
datada en el Magdaleniense de una mujer de unos 25 años, sita en el
yacimiento Saint Germain-La Revière (Francia) que consistía en una
especie de cista formada por piedras hincadas, junto a ella apareció
un cráneo de “Bos primigenius”. Al esqueleto lo rodeaban
diferentes cráneos de caballo y bisonte.
Crítica
Me resulta chocante
muchas veces leer en libros especializados hipótesis explicativas de
los rituales funerarios paleolíticos que no tienen mucha base
científica, argumentando sin ninguna prueba arqueológica que
fundamente sus explicaciones. En muchos casos reflejan más los
prejuicios y la propia cultura de los investigadores que alguna
realidad palpable en el registro arqueológico. En mi opinión una
explicación incompleta o incluso descriptiva es mucho más apropiada
que una explicación fundamentada en los prejuicios y la ideología
del ser humano moderno y eurocéntrico. Frecuentemente vemos
explicaciones de este fenómeno que nos hablan de la creencia del
hombre paleolítico en la vida después de la muerte. Sin negar de
forma rotunda esa posibilidad, estos razonamientos no pasan de ser
meras especulaciones imposibles de demostrar con las pruebas
arqueológicas, y eso no es ciencia. Otro ejemplo claro de esto es la
utilización de ocre en la mayor parte de los yacimientos. Algunos
investigadores han asociado el ocre con la sangre en base a color
rojo y su empleo en los enterramientos ha sido interpretado como una
forma de volver a la vida al individuo después de la muerte. Hay
otros investigadores, a mi modo de ver en una línea más acertada,
que buscan explicaciones más concretas, y partiendo del profundo
conocimiento que el ser humano del Paleolítico tenía de las
propiedades de los recursos de la naturaleza interpreta un uso
aséptico del ocre en el tratamiento de los restos óseos.
En realidad, las únicas
conclusiones científicas que podemos extraer de este fenómeno, es
decir, lo único que nos permiten contrastar los enterramientos
paleolíticos es la conciencia plena que en esta época el ser humano
ya poseía acerca del significado de la muerte y del desarrollo pleno
de vínculos emocionales entre los miembros del grupo que en lugar de
dejar abandonados los cuerpos sin vida de sus congéneres más
próximos les daban enterramientos como prueba de afecto. La
ideología, el pensamiento motor de este tipo de comportamientos es
irrecuperable y quedó sepultado para siempre con sus protagonistas.
Publicado el 6 de marzo de 2011 en el diario "Alerta" (Cantabria) y recuperado por el reciente estudio sobre enterramientos paleolíticos..
Publicado el 6 de marzo de 2011 en el diario "Alerta" (Cantabria) y recuperado por el reciente estudio sobre enterramientos paleolíticos..
