viernes, 4 de mayo de 2012

Como el cine cambio la imagen de los indios norteamericanos: desmontando el mito


Cazador apache


Probablemente si hiciésemos una encuesta entre un público no especializado sobre la imagen de los amerindios norteamericanos sus respuestas nos llevarían a la iconografía construida de ellos en los estereotipos del cine western clásico. Nos hablarían de tribus nómadas recorriendo las grandes praderas a caballo siguiendo a las manadas de bisontes para dar caza a los mejores ejemplares al galope o bien atacando las caravanas del “hombre blanco” durante la conquista del Far West.

Y aunque algunas tribus eran nómadas y dependían de la caza del bisonte, la mayoría eran pueblos sedentarios o semisedentarios con un alto desarrollo agrícola, cuya dieta era principalmente vegetariana complementada en ocasiones con la ingesta de proteínas animales procedentes de la caza y pesca, salvo aquellas tribus adaptadas a climas extremos como los Inuit de las tundras de Canadá y Alaska. Esto les permitía una esperanza de vida mayor que la de los europeos de la época.

Pero incluso las tribus nómadas dedicadas a la caza del bisonte no respondían al arquetipo cinematográfico. El caballo no llegó a las praderas de los amerindios hasta momentos históricos con la colonización europea, ejemplares domésticos fugados se asilvestraron y estos fueron cazados por los nativos.

Nos ocuparemos en este artículo de analizar el método de caza empleado desde el siglo II hasta mediados del XVIII, basado mucho más en la inteligencia y la cooperación que en el heroísmo de grandes cazadores entre la manada de bisontes. Para ello recurriremos a las fuentes orales de testimonios de nativos de principios del siglo XX, cuyos testimonios han sido corroborados por los datos provenientes de la arqueología.

Durante miles de años en Norteamérica los amerindios emplearon lugares de acoso a los bisontes para satisfacer sus necesidades de caza. Ejemplo de esto son los yacimientos de Boarding School (Montana) y Gull Lake. Boarding School fue excavado en los años 50 por un equipo formado curiosamente por la tribu de los Pies Negros, descendientes de los cazadores que formaron el yacimiento. Los amerindios habían aprovechado una pendiente abrupta del terreno para cercar la parte baja y acorralar a los bisontes que se veían en una trampa sin salida y desde las vallas de madera eran matados por los nativos. Las diferentes cacerías dieron lugar a tres niveles de huesos fósiles que permitieron conocer el tamaño y la composición de las manadas. El yacimiento resultó ser de ocupación temporal, fue explotado durante un tiempo prolongado para en el 1600 convertirse en un lugar de acoso de bisontes en el que se dio caza a 100 ejemplares, fundamentalmente hembras y crias, lo que indica una caza en otoño. El siguiente nivel arqueológico presenta machos y hembras en época de apareamiento, en verano, momento en que los amerindios preparaban la carne curada (pemmican) como reserva para el invierno. Se recuperaron 440 puntas de flecha, lo que indica una necesidad de cuatro o cinco proyectiles por pieza cazada. Gull Lake (Saskatchewan) es otro cazadero que sigue el patrón descrito, una ladera abrupta se cerca con madera y la depresión natural hace de corral donde dar caza sin riesgo a los animales. En la estrategia de acoso a la manada debería participar gran parte de la tribu con gritos y fuego que pusiese en estampida a la manada en dirección a la trampa natural.

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