domingo, 30 de diciembre de 2012

La vida en un clan paleolítico


Existe el mito popular del hombre de las cavernas como grupos humanos más bien bestializados, poco desarrollados, con una cultura escasa, rudimentaria y embrutecidos por unos biotopos hostiles, hecho que desmienten las pruebas arqueológicas que van caracterizando a estas sociedades con un grado importante de complejidad, en las que a partir de los inicios del Paleolítico Superior se produce una explosión de la vida cultural y social de estos grupos de cazadores-recolectores que se manifiesta principalmente en una cada vez más perfeccionada industria lítica, que se estandariza a la vez que se desarrollan útiles especializados para cada una de las tareas, también se comienza a documentar la implosión de útiles trabajados en otras materias primas como el hueso, las astas o la madera. Las manifestaciones de adornos personales, las representaciones parietales o en objetos muebles, los inicios de los instrumentos musicales y de los rituales de inhumación y el dominio de los ciclos naturales, de los calendarios y de la astronomía son reflejo de unas sociedades cada vez más complejas, con un potente acervo cultural, que algunos investigadores han denominado como sociedades opulentas, incluso se podría hablar de sociedades del conocimiento. Gran parte del tiempo de estas sociedades estaría dedicado al ocio y al pensamiento, ya que vivían en un medio abundante en recursos y del cual tenían un profundo conocimiento, lo que les permitía dedicar apenas dos o tres horas al trabajo, a la producción económica, sin apenas pasar épocas de carestía.

Culturas del Paleolítico superior

En el continente europeo el Paleolítico Superior comienza a emerger en torno al 40.000 BP, variando según las zonas y se define por una serie de rasgos como la aceleración del ritmo histórico en que se producen los cambios, una importante expansión demográfica, la diversificación de los rasgos culturales, surgimiento de las representaciones parietales y muebles y la expansión del Homo sapiens ocupando todo el planeta. Es un momento críticamente frío, con condiciones climáticas substancialmente adversas ya que se desarrolla a partir de la cuarta glaciación dentro del periodo de enfriamiento conocido como Würm. Dentro del Paleolítico Superior se pueden distinguir diversas culturas o complejos culturales definidos por los cambios tecnológicos y rituales, así como una mayor planificación y eficacia en la explotación de los recursos presentes en la naturaleza.

Así, el Paleolítico Superior da comienzo con tres complejos culturales: Chatelperroniense, Auriñaciense y Gravetiense, que conforman lo que se conoce como Paleolítico Superior Antiguo. La cultura chatelperroniense-perigordiense es un periodo de transición desde la última industria lítica del Paleolítico Medio, el Musteriense. Es este el momento histórico en el que por primera vez entran en contacto dos poblaciones humanas diferentes en Europa, sapiens y neandertales. La industria Chatelperroniense se define por los cuchillos de dorso curvo, alguna industria ósea y la aparición de adornos personales como colgantes tallados en hueso. Esta nueva industria lítica es manufacturada fundamentalmente por los grupos humanos neandertales, que durante este periodo se especializan en la caza de  grandes animales de climas fríos como rinocerontes lanudos y renos. El siguiente grupo cultural se conoce como Auriñaciense (33.000-29000 BP), abarca un momento fuertemente definido por los acusados cambios climáticos en periodos de tiempo muy cortos, con periodos de mucho frío y máxima extensión de los glaciares seguidos de temperaturas más suaves. A nivel arqueológico se define por la presencia de una especie de puntas arrojadizas fabricadas en hueso conocidas como azagayas. El Gravetiense (30.000-21.000 BP) presenta una novedad importante, se produce la proliferación de las figuras femeninas en bulto redondo `Venus paleolíticas`, que son fabricadas en piedra, hueso o marfil. Los científicos consideran de forma mayoritaria al Homo sapiens como el autor de este tipo de industria. Buenos ejemplos de este periodo los tenemos localizados en Cantabria con yacimientos como las cuevas de El Castillo, Morín o El Pendo.

Colgantes chatelperronienses procedentes de Francia

El complejo Solutrense corresponde con el Paleolítico Superior Medio y abarca un periodo comprendido entre 21.000 a 17.000 BP. Se produce una revolución en la industria lítica con la aparición de puntas de proyectiles conocidas como hojas de laurel, con un retoque escamoso que invadía toda la pieza. En la industria ósea aparecen agujas con ojo para colocar hilos, una importante innovación con consecuencias profundas en la vida del ser humano ya que permitió un elaboración más eficaz de la ropa para protegerse del frío. La  cueva cántabra de Covalanas (Ramales de la Victoria), declarada Patrimonio de la Humanidad junto otros conjuntos rupestres de la Cornisa Cantábrica, presenta una de las más impresionantes series de pinturas rupestres del Solutrense.

Por último, el Paleolítico Superior final que supondría la eclosión de las cuevas con las representaciones rupestres más espectaculares como es el caso del El Castillo y Altamira en Cantabria o los grandes paneles de Francia. Este periodo se conoce como Magdaleniense (17.000 - 10.000 BP). En este momento la industria ósea presenta una evolución espectacular, aumentando exponencialmente los útiles trabajados en hueso, se produce la generalización de arpones para la pesca cuidadosamente tallados.

Mano de la cueva El Castillo

Tradicionalmente la emergencia del Paleolítico Superior se ha explicado a partir de la llegada al continente europeo de clanes de Homo sapiens quienes sustituyen a las poblaciones de carácter europeo, es decir, a Homo neanderthalensis. Sin embargo, esta tesis de la sustitución de una población por otra ha sido seriamente cuestionada por los últimos avances en paleogenética. El estudio del genoma neandertal ha puesto de manifiesto la presencia de un importante porcentaje de genes neandertales en poblaciones actuales no africanas, tomando fuerza la teoría de la hibridación.

Vida, enfermedad y muerte

Durante el Paleolítico Superior los seres humanos se agrupaban en grupos de reducidos tamaños, clanes unidos por parentescos sanguíneos normalmente no superiores a 50 o 60 individuos aunque en ocasiones podían llegar a los dos o tres centenares, que se concentraban en zonas con una alta riqueza en recursos naturales. Estos grupos o clanes, bastantes numerosos, compartían una cultura común como demuestran la difusión tecnológica de los útiles tallados en piedra o hueso, los adornos personales, los rituales funerarios y las representaciones paleolíticas.

La esperanza de vida era relativamente corta, entre los 40-50 años, edad a la que ya se podía considerar como vejez y a la que una parte importante del grupo no lograba alcanzar. El momento crucial en la vida de toda persona en la Prehistoria era el nacimiento y los primeros años de vida, con una mortalidad infantil importante, una vez superadas esas etapas el peligro de morir era mucho menor. Entre las causas más importantes de muerte estaban los traumatismos producidos en los momentos más arriesgados de la caza, accidentes laborales que diríamos ahora. Son frecuentes las fracturas y será en el Paleolítico Superior cuando comiencen a ser tratadas con prototipos de férulas armadas con corteza de árboles para facilitar una mejor recuperación del hueso fracturado. Aunque el ser humano durante el Paleolítico Superior gozó de buena salud y las enfermedades eran menos frecuentes que en la actualidad, el registro fósil también nos permite conocer algunas de las enfermedades que padecieron nuestros antepasados durante la Prehistoria. Así tenemos documentados casos de reumatismos causados por el desgaste físico, infecciones, caries, gingivitis, esclerosis, tuberculosis o carcinomas. Las enfermedades en el ser humano vienen determinadas en una buena parte por el sistema económico de producción, es imposible pensar que enfermedades ahora comunes como el cáncer se desarrollen de forma importante como en la actualidad en un sistema respetuoso con el medio ambiente. El desarrollo durante el Paleolítico de los sentimientos de altruismo y solidaridad que nos definen como especie propició la aparición de los primeros remedios médicos, basados en un profundo conocimiento de las propiedades medicinales del medio natural y de sus recursos y en el método ensayo-error.

En este momento se diversifican los hábitats, se siguen aprovechando las cuevas como lugar de habitación pero también como de trabajo, enterramiento y de rituales, aunque los asentamientos al aire libre son más habituales que en cueva. Los primeros pasos de la arquitectura y de las técnicas constructivas permitieron que estas ocupaciones al aire libre presentan una tipología muy variada, tendiendo a adaptarse al medio, llegándose a constituir de forma frecuente pequeños poblados estacionales de hasta 28 cabañas como en el yacimiento de Kostienki (Rusia), donde las cabañas eran de tipo comunal y de un tamaño considerable (35x15 m), aprovechándose la abundante madera del entorno para la construcción del armazón, que era atada con tiras de cuero y cubierta con pieles curtidas. Otro tipo de vivienda se documenta en el yacimiento francés de Pincevent, un asentamiento de cazadores de renos, que emplearon durante el Magdaleniense final en sus cabañas estructuras piramidales con postes de madera entrelazados en la parte superior, siendo recubiertos también con pieles.

Los grupos humanos basaban su economía en la recolección de frutos silvestres y en la caza de animales salvajes. Ambas actividades eran colectivas y respondían a una cuidada planificación, posible gracias a los conocimientos de los ciclos del sol y la luna, y por tanto al uso de calendarios, que permitían conocer los movimientos migratorios de las manadas, las épocas de parto o de maduración de frutos y vegetales silvestres. La caza se hizo más selectiva, centrándose en animales ungulados como ciervos y renos, preferentemente individuos jóvenes. Es durante el Paleolítico Superior cuando se domestica el perro a partir de los lobos salvajes capturados posiblemente siendo aún lobeznos. Una novedad económica muy significativa de este periodo es la pesca, para la cual se desarrollan magníficos arpones en hueso.


Representación Museo de Altamira


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