lunes, 4 de febrero de 2013

Una joya del arte mobiliar paleolítico: la cabra tallada en hueso de La Garma (Cantabria)


El Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria cuenta entre sus fondos con una pieza “escultórica” trabajada en el hueso hiodes de un bóvido que representa la cabeza de una cabra montés. Este tipo de adorno personal está relativamente extendido durante los tecnocomplejos finales del Paleolítico superior. La primera documentación de estos objetos de arte mueble conocidos como contornos recortados data del Solutrense, haciéndose algo más común “su moda” durante el Magdaleniense medio. La propia morfología del hueso hiodes es aprovechada dada su evidente semejanza con la forma craneal de los herbívoros.

El contorno recortado de la cueva cántabra (más información sobre La Garma aquí) se localizó en superficie en la Zona IV de la Galería inferior del citado yacimiento con una datación de 14.050 B.P, un depósito arqueológico sellado desde los momentos finales del Magdaleniense. Presenta unas dimensiones de 6,19 cm de longitud y 2,35 cm de altura. El análisis de sus características formales ha permitido determinar incluso el sexo y la especie representados a partir de uno de los detalles grabados, concretamente la barba debajo del hocico. El animal es un ejemplar macho de Capra pyrinaica.

En general, la pieza ha sido tallada o más bien grabada con un alto grado de detalle, representando todas las partes anatómicas de la testa del animal con trazos profundos. Se distinguen perfectamente la barba ya señalada, la boca, los orificios nasales. Merece la pena detenerse en la representación de los ojos, en la misma se ha incluido el lagrimal, perfectamente diferenciado de la representación circular de los ojos. Debajo se han marcado dos líneas incisas intentando reflejar las diferentes tonalidades del pelaje. La fractura del hueso no ha permitido que el cuello de la pieza se conservase completo, la misma razón explica la ausencia de las orejas. Por el contexto arqueológico en que se localizó, posada sobre una estalagmita de la cueva, es probable que la fractura se produjese durante la fabricación del objeto. Por último, para la representación de la cornamenta se aprovecha la forma del hueso grabando con líneas incisas circulares los nudos o anillos de crecimiento. A nivel formal cabe señalar que fue decorada con pigmento ocre en busca de un parecido más realista con los animales salvajes que los hombres del Paleolítico superior cazaban.

Su función ornamental se sobreentiende a partir de los restos de al menos dos perforaciones hechas por rotación que delatan su empleo como colgantes. La representación de Capra pyrinaica es bastante excepcional en el registro del arte mobiliar europeo, convirtiéndose el ejemplar de La Garma en el mejor conservado. Habitualmente se aprovechan los huesos hiodes de los caballos, aunque existen ejemplos de cérvidos y bovinos.

Otros contornos recortados de la Cornisa Cantábrico son el ave de Ekain (Euskadi), la cierva de la cueva de El Juyo (Cantabria), la cabeza de cabra de Tito Bustillo (Asturias) o los contornos de Las Caldas (Asturias), por poner sólo algunos ejemplos. En Francia es importante la colección de 19 contornos de Labastide que incluye la representación de un bisonte.

La elaboración de los contornos recortados supondrían los modelos de colgantes más elaborados del Paleolítico superior, un poco una especie de artículo de lujo que superaría el bajorelieve e insinuaría casi técnicas escultóricas. Son especialmente representativos del Magdaleniense de la Cornisa Cantábrica con claros paralelos en el Pirineo, lo que demuestra contactos a larga distancia y una gran movilidad durante el Magdaleniense.  



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