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lunes, 15 de octubre de 2018

Los #contornos recortados sobre huesos hioides del #arte mueble del #Paleolítico superior

El fin del Último Máximo Glacial (~18.000 BP) supuso un cambio cultural en las poblaciones del Paleolítico superior. Las masas de hielo que habían ocupado extensas zonas del continente europeo se retrotrajeron gradualmente, lo que supondrá la expansión de los grupos de cazadores-recolectores y un cambio en el modelo de territorialidad. Este hecho se observa entrado el Magdaleniense medio (~14.000-13.000 BP), siendo entonces cuando la movilidad y los contactos entre estos grupos se intensifican en comparación con periodos anteriores. Buen testimonio de ello es la difusión de materias primas y habilidades tecnológicas, así como el intercambio de bienes materiales.

Figuras como estas recorrían cientos de kilómetros y eran reproducidas, intercambiadas y/o transferidas. La circulación de estos objetos, junto con otros elementos del repertorio artístico mobiliar y parietal, probablemente traería consigo un intercambio de información y conocimiento que favoreció los avances tecnológicos y la transmisión de la cultura, aspectos que han resultado de vital importancia en la evolución de nuestra especie. Como base material para inferir acerca de estas conductas humanas cabe examinar los paralelos entre restos arqueológicos distantes.

Figura 1. Contorno recortado de Tito Bustillo (Ribadesella, Asturias). Foto: Verónica Schulmeister.

En esta línea, el estudio de los contornos recortados resulta sustancial.  Hay manifestaciones de estas piezas durante el Solutrense (~22.000-17.000 BP), aunque la mayoría surgen durante el Magdaleniense medio (~14.000-13.000 BP). Algunos autores sostienen la posibilidad de que la distribución de estos elementos podría haber sido el fruto de desplazamientos a larga distancia (e.g., Corchón, 2005; Fortea, 1990). Precisamente, por su alto grado de estandarización y su dispersión territorial, que abarca desde la cuenca del Nalón, en Asturias (La Viña, Las Caldas) hasta el Perigord (Laugerie Basse) y la costa mediterránea francesa (Gazel y La Crouzade), pasando por la zona oriental de Asturias (Tito Bustillo) y Cantabria (La Garma).


El concepto de contornos recortados está dirigido a figurillas en bulto redondo que conforman cabezas realistas de animales, équidos y cápridos en su mayoría. Para su fabricación se empleó principalmente el hueso hioides de caballos o bóvidos, dada que la propia morfología de este elemento esquelético es aprovechada por su semejanza con la anatomía de dichos herbívoros. Su función como elementos ornamentales de sujeción o suspensión se sobreentiende porque generalmente presentan una o más perforaciones, cerca de las orejas o de los orificios nasales.

Figura 2. Cadena operativa de un contorno recortado. Obtenido de Sanchidrián (2001).


Las máximas concentraciones se han encontrado en el sector pirenaico atlántico y central. Los équidos son los animales mejor representados; sin embargo, la colección de Labastide es algo diferente. Está compuesta por 19 contornos recortados, los cuales fueron hallados juntos en 1974, a 200m de la entrada de la cueva (Fritz, 1999). La morfología es muy homogénea, y los exámenes microscópicos parecen apuntar que han sido obra del mismo autor (Fritz, 1999). Del total de los contornos hallados, 18 son cápridos; 9 rebecos pueden orientarse mirando a la izquierda, y 9 mirando a la derecha. El contorno restante se trata de un bisonte, que presenta una perforación en la oreja y otra en el hocico. Con todo, se sugiere la posibilidad de que estos elementos estuvieron engarzados, conformando un collar en el que los rebecos estarían orientados en ambos sentidos y el bisonte ocuparía el centro (Fritz, 1999).
Figura 3. Conjunto de contornos recortados de Labastide (Altos Pirineos, Francia).

El conjunto de contornos recortados de la Cornisa Cantábrica también resulta relevante, algunos ejemplos destacables:
·         La representación de un ave en el yacimiento de Ekain, País Vasco (Figura 4.1). El soporte empleado es una costilla de bóvido de talla grande, y no existe perforación ninguna. Estas diferencias conllevan clasificar el ejemplar en el reducido conjunto de piezas realizadas en otros soportes (Altuna et al., 2012), “perdiendo quizá en la sustitución el sentido simbólico que había determinado la elección del hueso hioides de caballo, cuya forma natural es homotética de la cabeza de este mismo animal” (Sauvet et al., 2008).
·         Lo mismo ocurre con el contorno recortado hallado en el denominado “Santuario” de la cueva de El Juyo (Cantabria). Se trata de una cabeza de cierva grabada y tintada con óxido de hierro sobre un hueso plano. El grabado del hocico, la boca, el ojo y el pelo del cuello y la cara se han realizado con un buril, configurando una imagen naturalista; las orejan han sido rellenadas con una retícula de líneas (Figura 4.2).
·         De entre los hallazgos de la cueva de Tito Bustillo (Ribadesella, Asturias), destaca el contorno recortado con forma de cabeza de cabra (Figura 4.3). La presencia de anillos en el cuerno y la barba en la parte inferior de la cabeza reflejan que se trata de un macho. El soporte empleado es un candil de cérvido. La determinación de la especie representada no está clara, podría asociarse a Capra pyrenaica o a Capra Ibex. En La Garma (Cantabria), aparece la representación de otro cáprido. La barba debajo del hocico permite atribuir el género y la identificación específica, tratándose de un macho de Capra pyrenaica. La pieza ha sido grabada con un alto grado de detalle, representando todas las partes anatómicas de la testa del animal con trazos profundos. Se distinguen la barba ya señalada, la boca, los orificios nasales. Para la representación de los ojos, se ha incluido el lagrimal, perfectamente diferenciado de la representación circular de los ojos (Figura 4.4).
·         En la cueva de Las Caldas (Asturias), los soportes empleados son los hioides de caballo, al igual que en el ámbito pirenaico. Aparecen representados dos caballos y un bisonte (Figura 4.5).

Figura 4.1) Contorno recortado de ave del yacimiento de Ekain (País Vasco). Modificado de Altuna et al. (2012). 2) Contorno recortado de una cabeza de cierva de la cueva de El Juyo (Cantabria). Foto de Pedro Saura, modificado de González y Gordon (2015). 3) Reproducción del contorno recortado de Tito Bustillo (Ribadesella, Asturias). Foto de Verónica Schulmeister. 4) Contorno recortado de la Garma (Cantabria). 5) Contorno recortado de un bisonte. Modificado de Corchón (2005-2006).


Al margen de la función concreta que pudieron tener estos elementos, la calidad estilística y el esmero que supuso su elaboración ponen de manifiesto el valor simbólico y estético de los contornos recortados. Este tipo de obras artísticas resultan piezas clave para caracterizar la cultura y relaciones entre las poblaciones del Paleolítico superior; s
u amplia difusión y estandarización ponen de manifiesto la amplitud de los movimientos, intercambios y conexiones culturales a larga distancia.

Autores: Cristian Micó, Felipe Cuartero e Iván Díaz. 


·             Altuna, J., Mariezkurrena, K., Ríos, F., Wesbuer, J., 2012. Contorno recortado de ave en el yacimiento de Ekain (Deva, País Vasco). Préhistoire, Art et Sociétés LXV-LXVI, pp. 1299-1310.
·      Corchón, Mª. S., 2005-2006. Los contornos recortados de la cueva de las Caldas (Asturias, España), en el contexto del Magdaleniense medio cántabro-pirenaico, Munibe, 57 (2), pp. 113-134.
·      Fortea, F.J.,1990. Abrigo de la Viña. Informe de las campañas 1980-1986. En: Excavaciones arqueológicas en Asturias 1983-86. 1ª edición. Oviedo: Servicio de Publicaciones del Principado de Asturias, pp. 55-68.
·      Fritz, C., 1999. La gravure dans l'art mobilier magdalénien, du geste à la. représentation. Contribution de l'analyse microscopique. Documents d’archéologie francaise, n.º 75. París.
·      González, J., Gordon, L., 2015. Excavando la cueva de El Juyo: un santuario de hace 14000 años. Monografías del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, 25. Madrid: Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.
·      Moure, J.A., 1983. Escultura magdaleniense descubierta en la Cueva de Tito Bustillo. Ars Praehistorica II, pp.169-176.
·      Sanchidrián, J.L., 2001. Manual de arte prehistórico. Ariel, Barcelona.
·      Sauvet, G., Fortea, F.J., Fritz, C., Tosello, G., 2008. Crónica de los intercambios entre los grupos humanos paleolíticos. La contribución del arte para el periodo 20000-12000 años BP. Zephyrus LXI, enero-junio 2008, pp. 33-59.


miércoles, 16 de marzo de 2016

#Grabado #paleolítico: el pájaro de Cantalouette II: arte mobiliar al aire libre de hace 35.000 años (#Auriñaciense)

Un ave grabado y datado en uno de los periodos iniciales del Paleolítico superior ha sido documentado por un equipo de investigación internacional en el que se integra el arqueólogo Joseba Ríos, coparticipe (junto con Diego Gárate) de algunas de las últimas aportaciones más interesantes dentro de las representaciones gráficas del Paleolítico.

El estudio científico del grabado apareció publicado el pasado mes de diciembre en la revista Journal of Archaeological Science, y es en estos días cuando ha saltado de forma masiva a los medios de comunicación y redes sociales pero la noticia puede remontarse a septiembre de 2015 cuando el propio Joseba Ríos nos facilitaba las primeras noticias del hallazgo y algunas de las claves interpretativas a través de su blog. Aquí tenéis el enlace.

Básicamente estamos ante una representación de estilo naturalista en la que se puede interpretar de forma inapelable un pájaro con las alas extendidas. El grabado se documentó en el yacimiento al aire libre Cantalouette II en el suroeste de Francia, en los niveles arqueológicos atribuidos al periodo auriñàciense y para el que los investigadores proponen una horquilla de datación entre los 35.000 y 30.000 B.P. De entrada el descubrimiento se constituye en la representación gráfica más antigua documentada en un yacimiento al aire libre y en un elemento clave en el estudio de los orígenes de las representaciones gráficas  figurativas en Europa.

La figura representada: detalles e interpretación

En la figura representada se ha interpretado la presencia de paseriforme, o bien una perdiz o bien una cordoniz, y se encuentra clasificada dentro de una de las tres familias de aves documentadas en Francia durante el Auriñaciense hace 35.000 años.



Se puede observar las plumas y algunos detalles de la cabeza: un corto y puntiagudo pico, así como el ojo. El pecho viene representado por una línea casi recta. Las alas aparecen desplegadas, en posición de vuelo o al menos aleteo, con la presencia de una líneas paralelas en las que se ha querido ver unas simbólicas plumas. Una pequeña línea que se proyecta representa las patas o la cola. De forma global los investigadores proponen que el pájaro está en movimiento con la intención de beber, otra posibilidad es que se trate de un ritual de cortejo o bien que se trate del momento inicial del comienzo del vuelo.

Temática y técnica

Entre las aportaciones de este nuevo grabado cabe resaltar la innovación temática, la representación de aves son relativamente escasas durante todo el Paleolítico superior. Son más abundantes en soporte mueble que en soporte parietal. Las representaciones gráficas de aves sobre soporte mueble durante el Auriñaciense son casi inexistentes y se constata un aumento en su representación a medida que se avanza hacia fases finales como el Magdaleniense. En el caso que nos ocupa podemos hablar una representación naturalista en la que han cuidado muchos los detalles, hecho diferencial con otras representaciones de aves en las cuales cuesta localizar detalles. Por contextualizar el tema en un repaso escaso debemos señalar algunas aves documentadas en el arte parietal: la lechuza de Chaveut o Le Portel, el protomo de ave de El Pendo con su discutida interpretación como pinguino o la cabeza de pájaro de Church Hole (Inglaterra) y en el arte mueble los bultos redondos de El Buxu (Solutrense), las plaquetas de Parpalló con un pato y una perdiz (Magdaleniense).

A nivel técnico su ejecución también resulta innovadora, fue grabado sobre un fragmento de silex empleándose así mismo otras herramientras de silex con las que se procedió a la extracción del material sobrante para conformar un relieve hundido (muy poco habitual) que da forma al pájaro penetrando en la piedra.

Contexto arqueológico

Resulta muy interesante reparar el singular contexto en que fue localizado, concretamente el yacimiento es un taller de sílex, por la información que aporta. La pieza fue elaborada in situ e inmediatamente fue abandonado y desechado, de lo que se puede colegir que fue un arte de entretenimiento, para pasar el rato, una representación efímera que nos habla de un comportamiento que no había sido documentadas en períodos tan remotos como el Auriñaciense y desvinculado de las tradicionales interpretaciones del arte paleolítico con un fondo trascendente y destinado a la perduración.

martes, 26 de febrero de 2013

El ritual funerario del Paleolítico superior: el enterramiento de la cueva de El Mirón (Cantabria)




A finales del año pasado un grupo de investigación de la Universidad de Cantabria dirigidos por el catedrático de Prehistoria Manuel González Morales daba a conocer a los medios de comunicación los resultados obtenidos en la última campaña arqueológica en la cueva de “El Mirón” (Ramales de la Victoria-Cantabria) representaba la documentación del primer el enterramiento atribuible al período Magdaleniense inferior de la Península Ibérica, cuya datación por carbono 14 retrotraería el depósito funerario a hace 19.000 B.P. Si revisamos un poco más los detalles de esa datación hemos de observar que esa fecha se obtuvo a partir de la datación de restos óseos de animales recuperados en el mismo estrato arqueológico que los restos óseos humanos. La datación se completó con fechas obtenidas de restos carbonizados de madera de enebro procedentes del estrato de tierra que recubría el enterramiento y que arrojaron una fecha coherente: 18.300 B.P.

El enterramiento

En el enterramiento de El Mirón estamos ante un depósito de un individuo juvenil de aspecto grácil, parece bastante plausible que se corresponda con un sujeto femenino, en el que está en representado gran parte del esqueleto postcraneal pero aún así faltan algunas piezas, que quizás se documenten en posteriores intervenciones. Se trata de un enterramiento secundario, esto significa que los restos óseos fueron recogidos y depositados en el lugar que se han localizado un tiempo después de la muerte. Esta hipótesis se establece a partir de las marcas de posibles mordeduras observadas en una de las tibias. El estudio tafonómico detallado de las mismas permitirá determinar si fueron producto de la acción de depredadores o bien se deben a descarnados internacionales por parte de sus congéneres como parte del ritual de inhumación. Una vez depositados los huesos se recubrieron con ocre, ritual frecuente durante el Paleolítico superior, además en el mismo estrato y asociado a lo huesos aparecieron una serie de pequeñas hogueras que pudieran formar parte del enterramiento. Este es un aspecto singular de la cueva cántabra, ya que no se había documentado en ningún otro enterramiento conocido. Además, el depósito tenía una losa de unos 40 cm con grabados paleolíticos, cuya relación con la inhumación no es posible afirmar con rotundidad. El hallazgo se produjo de forma fortuita al intentar datar los grabados que se observan en las paredes de la cueva de El Mirón y que en parte estaban cubiertos por los estratos de tierra en los cuales se localizó en depósito funerario.

Restos humanos de "El Mirón"

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Más datos

El estudio de los isótopos resulta de gran interés ya que proporciona datos de los posibles movimientos migratorios realizados en su periplo vital por la mujer enterrada. Los trabajos sobre el ADN de los huesos recuperados están en manos del prestigioso Instituto Max Planck (Alemania) de antropología evolutiva. Sus análisis permitirán en un futuro la obtención de interesantes datos acerca de la población cantábrica durante el Pleistoceno final, conocer sus características físicas, el tipo de dieta ingerida, las patologías sufridas y una datación directa de los huesos...

Rituales paleolíticos

El mundo de los rituales funerarios durante el Paleolítico superior es un fenómeno complejo a la vez que desconocido en gran parte. La dificultad de comprender toda su complejidad se entiende por la escasa muestra del registro arqueológico. Esconde un mundo ideológico que probablemente nunca lleguemos a desentrañar en sus últimas consecuencias. La localización de la inhumación no corresponde a un patrón definido. Conocemos enterramientos documentados en abrigos rocosos, en las entradas de las cuevas, en zonas escondidas y remontas de la grutas, al aire libre e incluso en el suelo de las cabañas. Las inhumaciones pueden ser tanto colectivas como individuales, aunque se conoce un mayor número de estas últimas, no deja de haber ejemplos como sepulcros con dos o tres individuos. Estos enterramientos paleolíticos pueden ser tanto de adultos como de individuos infantiles, aunque en su mayoría corresponden a adultos masculinos.

Durante el Paleolítico el ritual funerario es, a pesar de las divergencias, un fenómeno bastante uniforme, con los lógicos matices en cada yacimiento. Frecuentemente la inhumación es practicada en fosas, aunque existen ejemplos de enterramientos en pequeñas cistas de piedra. Un rasgo recurrente en casi la totalidad de los casos documentados es el recubrimiento de los restos con capas de polvo de ocre, o bien en su defecto el depósito de los restos óseos sobre una cama de ocre. Una lista completa de los yacimientos con rituales funerarios conocidos excede a este artículo, sin embargo conviene citar algunos a modo de ejemplo como Kostienki (Rusia), La Madaleine (Francia), el abrigo de Grimaldi o Acquedolci (Italia). Las fosas están rodeadas de hileras de piedras o cantos y sobre el individuo de forma recurrente se colocaba una losa. Existen ejemplos que presenta variaciones como en el caso de El Mirón, en que la inhumación se rodea de pequeñas hogueras o el yacimiento de Dolni Vestonice donde se utilizaron los omóplatos de mamut decorados con pinturas y grabados de forma similar a la colocación de los cantos. De hecho, esa clara asociación de representaciones paleolíticas y ritual funerario, permite pensar en la posibilidad de que los grabados del enterramiento de El Mirón estén relacionados con las prácticas funerarias documentadas.

Otro de los rasgos comunes a una parte de estos enterramientos de época paleolítica es la presencia de ajuares junto a los restos óseos humanos, aunque en una mayoría no presentan ajuar. La composición del ajuar es variada, no se define un criterio claro, pudiendo incluir objetos personales como adornos o collares, útiles de piedra, armas u otros objetos decorados con grabados. Entre los objetos de adorno personal están las conchas perforadas, seguramente utilizadas como colgantes, dientes de animales, anillos de hueso o figuras talladas de animales. Algunos autores mantienen la hipótesis de que esos ajuares supondrían el reflejo de una diferenciación económica. Sin embargo, en una economía de cazadores-recolectores no parece que las diferencias económicas sean importantes por la ausencia de propiedad privada y de acumulación, por lo que los ajuares indicarían más bien diferenciadas en el estatus social derivado de las diferentes funciones ejercidas dentro del grupo, también indicarían diferencias tribales.

Por último, parece también significativo que en muchos de los rituales documentados se haya encontrado rodeando a la tumba o encima de los cadáveres propiamente huesos de animales, frecuentemente grandes mamíferos, el más recurrente es el mamut. Como ejemplo describiremos una tumba datada en el Magdaleniense de una mujer de unos 25 años, sita en el yacimiento Saint Germain-La Revière (Francia) que consistía en una especie de cista formada por piedras hincadas, junto a ella apareció un cráneo de “Bos primigenius”. Al esqueleto lo rodeaban diferentes cráneos de caballo y bisonte.

Crítica

Me resulta chocante muchas veces leer en libros especializados hipótesis explicativas de los rituales funerarios paleolíticos que no tienen mucha base científica, argumentando sin ninguna prueba arqueológica que fundamente sus explicaciones. En muchos casos reflejan más los prejuicios y la propia cultura de los investigadores que alguna realidad palpable en el registro arqueológico. En mi opinión una explicación incompleta o incluso descriptiva es mucho más apropiada que una explicación fundamentada en los prejuicios y la ideología del ser humano moderno y eurocéntrico. Frecuentemente vemos explicaciones de este fenómeno que nos hablan de la creencia del hombre paleolítico en la vida después de la muerte. Sin negar de forma rotunda esa posibilidad, estos razonamientos no pasan de ser meras especulaciones imposibles de demostrar con las pruebas arqueológicas, y eso no es ciencia. Otro ejemplo claro de esto es la utilización de ocre en la mayor parte de los yacimientos. Algunos investigadores han asociado el ocre con la sangre en base a color rojo y su empleo en los enterramientos ha sido interpretado como una forma de volver a la vida al individuo después de la muerte. Hay otros investigadores, a mi modo de ver en una línea más acertada, que buscan explicaciones más concretas, y partiendo del profundo conocimiento que el ser humano del Paleolítico tenía de las propiedades de los recursos de la naturaleza interpreta un uso aséptico del ocre en el tratamiento de los restos óseos.

En realidad, las únicas conclusiones científicas que podemos extraer de este fenómeno, es decir, lo único que nos permiten contrastar los enterramientos paleolíticos es la conciencia plena que en esta época el ser humano ya poseía acerca del significado de la muerte y del desarrollo pleno de vínculos emocionales entre los miembros del grupo que en lugar de dejar abandonados los cuerpos sin vida de sus congéneres más próximos les daban enterramientos como prueba de afecto. La ideología, el pensamiento motor de este tipo de comportamientos es irrecuperable y quedó sepultado para siempre con sus protagonistas.

Publicado el 6 de marzo de 2011 en el diario "Alerta" (Cantabria) y recuperado por el reciente estudio sobre enterramientos paleolíticos..

lunes, 4 de febrero de 2013

Una joya del arte mobiliar paleolítico: la cabra tallada en hueso de La Garma (Cantabria)


El Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria cuenta entre sus fondos con una pieza “escultórica” trabajada en el hueso hiodes de un bóvido que representa la cabeza de una cabra montés. Este tipo de adorno personal está relativamente extendido durante los tecnocomplejos finales del Paleolítico superior. La primera documentación de estos objetos de arte mueble conocidos como contornos recortados data del Solutrense, haciéndose algo más común “su moda” durante el Magdaleniense medio. La propia morfología del hueso hiodes es aprovechada dada su evidente semejanza con la forma craneal de los herbívoros.

El contorno recortado de la cueva cántabra (más información sobre La Garma aquí) se localizó en superficie en la Zona IV de la Galería inferior del citado yacimiento con una datación de 14.050 B.P, un depósito arqueológico sellado desde los momentos finales del Magdaleniense. Presenta unas dimensiones de 6,19 cm de longitud y 2,35 cm de altura. El análisis de sus características formales ha permitido determinar incluso el sexo y la especie representados a partir de uno de los detalles grabados, concretamente la barba debajo del hocico. El animal es un ejemplar macho de Capra pyrinaica.

En general, la pieza ha sido tallada o más bien grabada con un alto grado de detalle, representando todas las partes anatómicas de la testa del animal con trazos profundos. Se distinguen perfectamente la barba ya señalada, la boca, los orificios nasales. Merece la pena detenerse en la representación de los ojos, en la misma se ha incluido el lagrimal, perfectamente diferenciado de la representación circular de los ojos. Debajo se han marcado dos líneas incisas intentando reflejar las diferentes tonalidades del pelaje. La fractura del hueso no ha permitido que el cuello de la pieza se conservase completo, la misma razón explica la ausencia de las orejas. Por el contexto arqueológico en que se localizó, posada sobre una estalagmita de la cueva, es probable que la fractura se produjese durante la fabricación del objeto. Por último, para la representación de la cornamenta se aprovecha la forma del hueso grabando con líneas incisas circulares los nudos o anillos de crecimiento. A nivel formal cabe señalar que fue decorada con pigmento ocre en busca de un parecido más realista con los animales salvajes que los hombres del Paleolítico superior cazaban.

Su función ornamental se sobreentiende a partir de los restos de al menos dos perforaciones hechas por rotación que delatan su empleo como colgantes. La representación de Capra pyrinaica es bastante excepcional en el registro del arte mobiliar europeo, convirtiéndose el ejemplar de La Garma en el mejor conservado. Habitualmente se aprovechan los huesos hiodes de los caballos, aunque existen ejemplos de cérvidos y bovinos.

Otros contornos recortados de la Cornisa Cantábrico son el ave de Ekain (Euskadi), la cierva de la cueva de El Juyo (Cantabria), la cabeza de cabra de Tito Bustillo (Asturias) o los contornos de Las Caldas (Asturias), por poner sólo algunos ejemplos. En Francia es importante la colección de 19 contornos de Labastide que incluye la representación de un bisonte.

La elaboración de los contornos recortados supondrían los modelos de colgantes más elaborados del Paleolítico superior, un poco una especie de artículo de lujo que superaría el bajorelieve e insinuaría casi técnicas escultóricas. Son especialmente representativos del Magdaleniense de la Cornisa Cantábrica con claros paralelos en el Pirineo, lo que demuestra contactos a larga distancia y una gran movilidad durante el Magdaleniense.  



miércoles, 9 de enero de 2013

Arte paleolítico: El bastón perforado con ciervo grabado (El Castillo)



El arte mobiliar paleolítico utiliza para plasmar el imaginario colectivo diversos soportes como plaquetas, conchas, restos óseos o astas de los animales cazados que además proporcionaban un vital aporte de proteínas y pieles para protegerse del frío. Es posible que ese mismo universo se reflejará también en materiales perecederos como madera o pieles que desgraciadamente no han llegado hasta nosotros por motivos de conservación.

Bastón perforado de El Castillo


Una de esas piezas talladas en asta de cérvido es El bastón perforado de la Cueva de El Castillo (Cantabria), localizado en el nivel 6 de su potente estratigrafia datado durante el Magdaleniense Superior Final (12121 BP). Se puede contemplar en el Museo de Bellas Artes de Cantabria.

El grabado fue recuperado durante las excavaciones de principios del siglo XX por el gran arqueólogo Hugo Obermeier cuando se iban acumulando los primeros conocimientos acerca de la vida del hombre prehistóricos. En el mismo se representa un ejemplar de ciervo macho con especial atención en los detalles como el espectacular astado. Para el perfilado del contorno han empleado la técnica de grabado profundo, bastante grosero, mientras que para los demás detalles de la anatomía el trazo es mucho más sutil, menos profundo y fino.

El minucioso trabajo del ser humano del Paleolítico puede observarse en primer lugar en la adaptación de la figura al soporte curvo del asta, así como en la plasmación de detalles como los ojos, la boca, la papada, las orejas, los cuartos traseros...

Calco del bastón

miércoles, 23 de mayo de 2012

La cueva de La Garma (Cantabria), Patrimonio de la Humanidad


Caballo magdaleniense


Una de las cuevas con representaciones gráficas rupestres de Cantabria más espectaculares y a la vez menos conocida por el gran público es la Cueva de La Garma, que junto a otras ocho cuevas cántabras en julio de 2008 fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Dos factores son determinantes en dicha circunstancia, la constatación de la existencia de las representaciones parietales es relativamente reciente, fueron descubiertas en 1995 en el transcurso de los trabajos de investigación arqueológica de oquedades próximas y por otro lado el hecho de que es una de las cuevas cántabras cuyos tesoros paleolíticos no son visitables por el público ya que el acceso en la actualidad es bastante dificultoso, es preciso entrar a través de otra cueva, La Garma A, requiriendo equipos de espeolología para salvar varias simas. El conjunto ha sido declarado zona arqueológica y BIC, por lo que goza de una importante protección actualmente. 

Localización

La estación rupestre es un yacimiento costero que se localiza en un pequeño montículo a orillas del mar Cantábrico en el municipio de Ribamontán al Mar. La cueva forma parte de un conjunto kárstico de múltiples galerías, en ocasiones interconectadas entre ellas, con tres niveles diferenciados. Las representaciones rupestres se hallan en la Galería inferior.

Ciervo rojo


¿Qué esconde este pequeño gran montículo?

Este monte no sólo guarda en sus entrañas las representaciones rupestres, La Garma es un extraordinario mosaico arqueológico de varios yacimientos que son testigos de numerosas fases de ocupación antrópica. La ocupación (repartida en diversas cuevas) mínima del lugar comenzó hace al menos 80.000 años, durante el Paleolítico medio con la presencia neandertal, luego dejaron huella de su presencia los hombres anatómicamente modernos, con un magnífico yacimiento paleolítico (especialmente la ocupación magdaleniense, 16.500 BP), también hay niveles arqueológicos del Mesolítico, el Neolítico, el Calcolítico, y ocupaciones de época de la Edad del Bronce y de la Edad del Hierro con un castro cántabro en la cima, así como un sepulcro en cueva de época visigoda (altomedieval). Además, debido a la espectacularidad de la ocupación magadaleniense hay que señalar que se conserva in situ el suelo paleolítico, con los restos visibles a nivel superficial gracias a que un derrumbe selló la entrada hasta el momento de su descubrimiento a finales del s. XX. En el registro arqueológico se cuentan por miles los objetos de industria lítica, adornos y una extraordinaria colección de representaciones mobiliares. La mayoría de estos objetos pertenecientes a la Galeria Inferior han sido estudiados sin excavar, usando técnicas de fotometría, conservando de este modo el yacimiento casi intacto.

Las representaciones parietales

La Garma es un extraordinario conjunto de más de 500 grabados y pinturas en el que se documenta la temática habitual paleolítica: fauna con grandes animales, manos en negativo, máscaras (con paralelos en Cantabria fundamentalmente, El Castillo y Altamira) y signos abstractos. Las representaciones de animales superan el centenar: caballos, bisontes, ciervas, cabras, un carnivoro, un uro, un megacero y algunos otros animales de difícil determinación.

Los estudios de las representaciones parietales hablaban de tres momentos creativos, durante el auriñaciense, el solutrense y el magdaleniense en función de los métodos comparativos. Atribuían al gravetiense las manos en negativo y los signos no figurativos, las pinturas rojas al solutrense y las pinturas negras y grabados al magdaleniense. Sin embargo, las dataciones obtenidas por series de uranio nos retraen a hace 30.000-25.000 años (auriñaciense-gravetiense), en concreto se dató con este método un panel formado por figuraciones rojas, un uro y dos cabras, a partir de una concreción estalagmítica que se había formado encima del contorno de una de las figuras. Esto viene a apuntar en la misma línea que los datos obtenidos en otras cuevas como Chauvet (Francia) de que la clasificación por criterios estilísticos está más que obsoleta.

Panel de uro y cabras

Los hombres del Paleolítico usaron una gran variedad de técnicas en la cueva de La Garma, desde macarroni (grabados sobre la arcilla de las paredes que se obtienen deslizando los dedos) a grabados con buril, raspados, pintura soplada, líneas punteadas, trazo lineal, tamponado, tintas planas, rojas , negras y amarillas, llegando en algún caso a la bicromía.

Las representaciones se esparcen a lo largo de la Galería Inferior por las diferentes partes que componen la cueva, aprovechando incluso los divertículos existentes, concentrándose en las zonas cercanas a la entrada paleolítica actualmente sellada por un derrumbe.

Grabado cierva


Zonas de habitación y ocupación

Que el depósito arqueológico fuese sellado durante la ocupación magdaleniense ha permitido un estudio global de los contextos de ocupación, documentándose incluso la existencia de cabañas interiores, alguna de las cuales ocupaba zonas interiores de la cueva sin iluminación. Una de esas cabañas, interpretada a partir de los restos de piedras alineados de forma circular, estaría hecha con pieles o bien fibras vegetales con madera. Es de reseñar la importante decoración existente en esta zona, desvirtuando así la concepción de las estaciones rupestres como “santuarios”. Otra de las zonas, en este caso más al interior, ha sido propuesta por el equipo de investigación como un taller de objetos de “arte” mobiliar y objetos de adorno debido a la gran acumulación de ellos documentada a partir del análisis contextual. También está decorada.



Contorno recortado en forma de cabra