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martes, 3 de marzo de 2015

Consumo del cereal de trigo entre los cazadores-recolectores del Reino Unidos 2000 años antes de la agricultura



Curso de la Universidad de Burgos: La documentación gráfica en arqueología (2ª edición)

Una reciente investigación científica ha documentado la primera evidencia de una variedad de trigo en un yacimiento arqueológico bajo el mar de la costa sur de Inglaterra, su datación nos retrotrae a sociedades de cazadores-recolectores, 2000 años antes de la introducción de la agricultura en el Reino Unido. 

El trabajo ha sido publicado en la revista científica Science. Las investigaciones han contado con la dirección del Dr. Robin Allaby de la Universidad de Warwick, en colaboración con el profesor Vicente Gaffney de la Universidad de Bradford y el profesor Mark Pallen de Warwick Medical School. Los firmantes del trabajo proponen como la hipótesis de trabajo más plausible que el trigo documentado en sus trabajos fuese "el testigo actual" de las redes sociales y comerciales que las sociedades mesolíticas del territorio de Inglaterra mantenían con una parte de la Europa continental. Las hipotéticas redes comerciales se establecerían  a partir del aprovechamiento de los puentes de tierra que unían la costa sureste de Gran Bretaña con el continente europeo en los momentos finales de la expansión glaciar. Estos propiciarían los intercambios económicos de los grupos humanos que cohabitaban Europa, los cazadores-recolectores post-paleolíticos en las islas y los incipientes agricultores continentales del sur.

einkorn


Algunas variedades del cereal del trigo eran comunes en el sur de Europa durante la época (Mesolítico) en que se ha documentado en el yacimiento británico. Las muestras de trigo se tomaron del sedimento terrestre original que a partir del deshielo postglaciar quedó sumergido en las aguas del mar de Inglaterra. Para desarrollar el estudio se extrajo de los sedimentos el ADN y se procedió a su secuenciación.

La consecuencia más interesante extraída de la investigación para el conocimiento de las sociedades prehistóricas es que las poblaciones de hace 8000 años en la actual Inglaterra no eran insulares y a pesar de representar modos productivos diferentes con las poblaciones neolíticas continentales, mantenían con estas importantes contactos económicos, sociales y culturales. Hace 8.000 años las poblaciones humanas que ocupaban las islas británicas vivían bajo un sistema productivo propio de las sociedades de cazadores-recolectores, mientras que de forma contemporánea se iba desarrollando el proceso de neolitización en el sur de Europa introduciendo una economía productiva basada en la extensión de los cultivos y de la agricultura y el consiguiente proceso de asentamiento sedentario en pequeños poblados. Para la llegada de la escanda a las Islas Británicas fue indispensable el contacto entre mesolíticos británicos y los agricultores neolíticos incipientes del resto Europa.

viernes, 18 de abril de 2014

Influencia ambiental en la capacidad craneal de los amerindios cherokee: impacto de la colonización


Después de un periodo sin escribir ningún post en el blog retomamos la actividad con un artículo sobre un tema un poco alejado de nuestra temática más habitual, el Paleolítico superior, pero que ya hemos tratado alguna vez ya que es uno de los temas que nos apasionan. Concretamente el de las tribus amerindias, en esta ocasión la tribu cherokee.

Un nuevo estudio publicado recientemente en “Annal of human biology” ha abordado el impacto que tuvieron diferentes factores ambientales como la Guerra Civil norteamericana en la morfología craneal de la tribu cherokee. De las múltiples tribus y grupos sociales que ocupaban el territorio del subcontinente norteamericano durante la colonización y el genocidio por parte del hombre blanco en época moderna, una de las más conocidas por su resistencia a la agresión blanca es la tribu cherokee, inmortalizada por el cine clásico norteamericano en su justificación de dicho periodo histórico, lo que conllevó la demonización de los habitantes nativos de esas tierras. Los cherokee fueron protagonistas de numerosos western que distorsionaron su imagen hacia grupos salvajes e incivilizados, presos de una pulsión asesina que exaltaba la figura del guerrero. Lejos estaba la realidad de estas víctimas culpabilizadas.

El estudio llevado a cabo por dos universidades norteamericanas, la universidad de Tenesee y la universidad de Carolina del norte, ha puesto de manifiesto la importancia de los actores ambientales en la evolución de los caracteres físicos en el ser humano, tomando como muestra a parte de esta tribu..



En el desarrollo del trabajo tuvieron una vital importancia los datos recogidos por uno de los Padres de la etnografía moderna, Franz Boas, durante la segunda mitad del siglo XIX. En su trabajo dejó recogidas las capacidades craneales de centenares de individuos indígenas pertenecientes a la tribu cherokee, al igual que hizo con otras. La calidad del trabajo ha permitido en la actualidad contar con datos imprescindibles, como la fecha de nacimiento. Esto permite asociar a estos individuos estudiados con los sucesos traumáticos que hubieron de soportar las tribus amerindias como “El camino de las lágrimas”, brotes epidémicos de diversas enfermedades, la guerra civil que enfrentó al norte con el sur por la unión de los Estados Unidos (1861-1865) o la guerra entre tribus. 

El resultado del estudio pone de manifiesto una evidente reducción de la capacidad craneal en individuos de ambos sexos que coincide con episodios de estrés traumático y con mayores dificultades en la localización de recursos.

Los cherokee: una tribu de aldeas agrícolas pacíficas

Los cherokee fueron y son una nación amerindia cuya la lengua materna está entroncada con las lenguas iroquesas, aunque su lengua presenta notables diferencias que sugieren una separación temprana. Según la tradición oral recogida por los colonos europeos en el siglo XIX y transmitida por los jefes ancianos, el origen de su pueblo se localiza en la zona de los Grandes Lagos y se asentaron en el oeste y sur norteamericanos poco antes de la llegada de los europeos a partir de una gran emigración, posiblemente en el siglo XV. Algunos arqueólogos sostienen que la presencia cherokee en el sur es mucho más antigua, remontándose a períodos remotos de la prehistoria norteamericanas. Después de esa gran migración, la nación cherokee se estableció al sur de los montes Apalaches, en los territorios montañosos de Tennessee, Carolina del norte, Alabama, Georgia... 




En contra de la imagen de salvajes y nómadas transmitida por la cinematografía clásica, los cherokee dividían su organización en pequeñas aldeas en donde vivían entre 300 y 600 personas, organizadas en torno a la plaza central que albergaba un edificio público levantado con madera y barro que se constituía como la sede del consejo de ancianos y en el cual tenían lugar las asambleas religiosas y políticas. En este consejo estaban representados los siete grandes clanes de la tribu. Esas plazas se rodeaban de casas de madera y barro recubiertas de corteza de árbol.

Sin dejar de ser cierta la importancia económica de la caza en las sociedades cherokee a menudo se ha omitido que su base económica se fundamentaba en la actividad agrícola, cultivando principalmente el frijol, el maíz y la calabaza por medio de un sistema intensivo de quema y roza. Aparte de la evidente provisión del aporte proteico, la caza proporcionaba a estas sociedades materias primas para la fabricación de herramientas de trabajo como las agujas de coser implementadas en la elaboración de sus ropas y calzados como los famosos mocasines. Además eran poseedores de una rica y elaborada técnica cerámica para la fabricación de vasos y demás recipientes decorados.

Formaban sociedades matriarcales con tres valores que fundamentaban su vida social: el amor la justicia y un desarrollado sentido del perdón. Estos valores tenían un fuerte arraigo en su vida espiritual, en la cual jugará un papel fundamental la Madre Tierra. Cabe destacar dentro de ese imaginario espiritual su conexión con la naturaleza a través de ceremonias como la del maíz verde.

Expresión de su rico nivel cultural y de su capacidad de innovación es su sistema de escritura, desarrollado a partir del contacto con los primeros colonos, y en torno a 1800. El creador fue creado por un cherokee llamado Shequoyah en base a un sistema silabario. 

Estamos pues, ante sociedades desarrolladas, asimiladas a las sociedades neolíticas o protohistóricas de la prehistoria europea más que a sociedades de cazadores-recolectores del Paleolítico superior.

El camino de las lágrimas cherokee

El episodio conocido como "El camino de las lágrimas" es una de las infamias del genocidio indio en el continente americano. Afectó sobre todo a la nación cherokee cuando el gobierno norteamericano, a expensas de los intereses de los colonos expulsó y desplazó a 120000 indios desde sus territorios tradicionales al este del río Mississippi hacia la parte oeste. La desidia del gobierno norteamericano en la planificación del viaje, la ausencia de provisión de víveres y el racismo de las tropas condujo a la muerte de más de 4000 indígenas en 1840.

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sábado, 19 de mayo de 2012

El origen de la guerra en la Prehistoria: un acercamiento arqueológico



Indagar el origen de los enfrentamientos bélicos en el pasado, en el seno de las sociedades prehistóricas, es una tarea ardua y espinosa, ya que a la habitual precariedad de evidencias arqueológicas además hay que sumarle la dificultad de diferenciar entre los episodios de violencia individual, más o menos palpables en los fósiles del registro arqueológico, de los primeros actos que pueden entenderse como actos de guerra. Por ello hemos de comenzar acotando los términos con los que podemos definir la guerra. Una cuestión sustancial en el concepto de guerra es la discusión acerca de su carácter cultural, es decir, que surge como un fenómeno social en un momento histórico como consecuencia de un desarrollo económico, social y cultural importante, o por el contrario, como defienden algunos autores, la guerra está latente en nuestro bagaje biológico, y una primera expresión de esa biología guerrera se formularía en la caza. Sin embargo, las pruebas arqueológicas y etnográficas existentes parecen desechar esta posibilidad, ya que existen sociedades que no han conocido ni conocen la guerra en su seno, por lo que habría que caracterizarla como un hecho social que responde a cuestiones materiales.

Pero comencemos por definir lo que hemos de entender por guerra. En primer lugar es un enfrentamiento entre un grupo significativo de individuos, ya sean individuos miembros de un misma etnia o grupo social o de otros diferenciados. Esa violencia tiene que estar desasociada de los brotes de violencia cuyos factores desencadenantes tienen raíces más o menos personales. El origen de la guerra tiene un componente político en su sentido más amplio, los primeros enfrentamientos bélicos emergen por el control del territorio de los primeros grupos humanos que desarrollan un proceso de patrimonialización de ese territorio y que se veían amenazado ese territorio por la presión demográfica. Asociado a este proceso o más bien como consecuencia de esto se estable una lucha por el acceso a los recursos de esos territorios, lo que provoca lo que se conoce como sobrepoblación ecológica.

¿Origen paleolítico o neolítico?

Existen dos posturas encontradas a la hora de definir en qué momento de la Prehistoria se producen los primeros comportamientos violentos asociados a la guerra. Por un lado están aquellos investigadores que defienden un origen paleolítico de la guerra como desarrollo último de la caza, y por otro, los científicos, influenciados por el materialismo marxista, que asocian la aparición de la guerra con las sociedades complejas del Neolítico y las desigualdades.
Las primeras pruebas de muertes violentas se remontan al Paleolítico Superior (45.000-12.000 BP), incluso existe alguna evidencia durante el Paleolítico Medio aunque estas resultan más discutidas entre los especialistas. La interpretación de las pruebas de ambos periodos como actos de guerra son más que dudosas, aunque algunos autores han querido ver en ellas el origen de la guerra y la evidencia de comportamientos bélicos en las sociedades de cazadores-recolectores, atribuyendo a estos grupos humanos un importante comportamiento bélico, incluso superior al presente en las sociedades modernas. Estos argumentos son bastante débiles y en realidad esconden los prejuicios ideológicos que buscan la justificación de la violencia actual en el pasado, como forma de justificar el orden establecido.

Calco del hombre con arco del abrigo de Olivanas
Veamos algunos de los argumentos esgrimidos. En la frontera italo-francesa se localizan la Cueva de Grimaldi (Liguaria), cuya ocupación más antigua se remonta a hace unos 35.000 años B.P., en ella se documentaron los restos fósiles de un individuo infantil que murió a consecuencia de las heridas provocadas por la punta de un proyectil que se alojó en una de sus vertebras. Ejemplos similares de muertes violentas en que se han recuperado armas incrustadas en fósiles óseos los tenemos en la Cueva de San Teodoro (Sicilia) y en Montfort-su-Lizier (Francia), así como en algunas otras. Por otro lado algunas de las representaciones parietales de las cuevas paleolíticas con figuras antropomorfas han sido interpretadas como individuos heridos por flechas, se citan como argumentación entre otras las cuevas de Combel (Francia), Pech-Merle o Plagicci (Italia).

Abrigo de Olivanas-Arte levantino





Por último arguyen los avances tecnológicos relacionados con la eficacia de las armas que se produce en el Paleolítico, como el propulsor, el arco, las boleadoras o las mazas, las cuales multiplican la fuerza humana. Sin duda, de todos estos avances el más significativo es el del arco, que fue inventado probablemente durante el Magdaleniense (último periodo del Paleolítico Superior). Resulta discutible que todos estos desarrollos técnicos respondiesen a necesidades guerreras durante este periodo, estando sin duda relacionados con las actividades cinegéticas.

El Neolítico

Será en este periodo cuando se puede hablar de un origen indiscutible de las guerras a la luz de las primeras evidencias arqueológicas de enfrentamientos bélicos dignos de recibir ese nombre. En el Neolítico como consecuencia del nuevo sistema productivo se van produciendo una serie de cambios que larvan las condiciones necesarias para el surgimiento de las primeras guerras. Los grupos humanos abandonan el nomadismo o seminomadismo definitorio de las etapas precedentes, creando los primeros poblados y aldeas estables que llevan consigo una territorialización latente de las tierras circundantes, la acumulación de excedentes a partir de la ganadería y la agricultura, así como otros bienes como por ejemplo objetos de adorno a los que se asocia cierto prestigio social, la creación de la religión con dioses que idealizan al ser humano y de las ideologías, son todos factores determinantes para el estallido de las primeras guerras. A este conjunto de factores interrelacionados hay que sumar la explosión demográfica sin precedentes que el mundo experimentó al amparo de la multiplicación de recursos que significó la domesticación de los animales y especies vegetales salvajes. Este crecimiento poblacional incrementó la competencia territorial.

Torre de la muralla neolítica de Jericó


Las circunstancias antes descritas permiten observar un progresivo proceso de militarización sociado a las protociudades neolíticas. De este modo en el registro arqueológico se comienzan a documentar los primeros sistemas defensivos en torno a las ciudades. En el neolítico palestino, desde momentos iniciales aún sin el uso de la cerámica (10.350 a. C. a 9370 B.P.), en la ciudad de Jericó, un asentamiento superior a los 38.000 m², el desarrollo del urbanismo va incorporando la implementación de una gran muralla de piedra y de torreones de carácter defensivo como medida preventiva de los ataques de grupos en busca de las riquezas acumuladas por los agricultores, ganadores y comerciantes de la ciudad. Pero más allá de los ejemplos más espectaculares, en el Neolítico se generalizó el uso de fosos concéntricos en torno a los poblados, probablemente reforzados con empalizadas de madera, signo inequívoco del incremento de la violencia política.

Las pinturas de guerra

Además, para fundamentar el origen neolítico de la guerra tenemos un testigo de excepción de la época: las representaciones parietales macroesquemáticas. Las sociedades de agricultores y ganaderos, al igual que en el Paleolítico, fueron creadores de un arte que usando las paredes de las cuevas reflejó su cosmovisión. En la Península Ibérica ese arte se concentra en yacimientos de la zona de Levante (se conoce como arte levantino). En ocasiones estas sociedades neolíticas reflejaron escenas bélicas que constituyen un documento excepcional para rastrear el origen de la guerra.

En la Cova de Roures (Castellón) en uno de sus paneles observamos un enfrentamiento bélico desigual entre dos grupos de guerreros armados con arcos y actitud de ataque, sin que ninguno de los grupos dispare ni se observen heridos, posiblemente representando los momentos preliminares de la batalla. El grupo de la izquierda los forman 5 individuos y dos el de la derecha.

En otra cueva castellonense, el Barranc de les Dogues, el enfrentamiento bélico se hace patente. El campo de batalla presenta 27 guerreros divididos también en dos grupos desiguales, se observa munición de reserva y a uno de los guerreros huyendo herido con una flecha clavada en su muslo.

El Molino de las Fuentes (Albacete) ofrece una batalla masiva de hasta 37 individuos, con una composición más compleja que nos muestra algunos detalles de la estrategia. Una parte de los guerreros disparan como si desde una posición ventajosa dispararan desde un alto, mientras otros permanecen de pie y un grupo de retarguardia aguarda parapetado tras un muro.

Un aspecto diferente de la guerra lo tenemos plasmado en Cova Remigia (Castellón) o en Cueva de la Vieja de Alpera (Albacete) en que los dibujos simbolizan escenas de ejecuciones de prisioneros. Un pelotón de arqueros o bien disparan sobre los prisioneros o bien muestran su júbilo al caer abatidos por las flechas.

jueves, 17 de mayo de 2012

La hoz neolítica de Costamar (Les Cabanes)


No es mi intención extenderme en un artículo sobre el Neolítico (ya habrá otra ocasión) pero tampoco me resisto a publicar la foto de la hoz neolítica que ayer saltó a los medios de comunicación a partir de la publicación de su estudio científico en la revista Antiquy porque es una auténtica joya. La hoz se recuperó durante los trabajos arqueológicos en el yacimiento de Costamar en Les Cabenes (Castelló) dirigido por el arqueólogo Enric Flors.

Fue fabricada aprovechando un asta de ciervo y mantiene un magnífico estado de conservación, aún se puede observar el extremo apuntado que servía para segar y recoger las espigas vegetales y en el cual iría insertada la hoja o las hojas líticas llamadas dientes a modo de cuchillas, frecuentemente pequeñas láminas de sílex que forman un largo filo.

Está datada en el Neolítico, y es en la zona del Levante donde se pueden observar los primeros yacimientos que evidencian la sedentización y la aparición de la agricultura y ganadería en la Península Ibérica hace unos 7.200 años. Un proceso que parece tener su origen en diversos lugares y momento pero que revolucionó la vida de las poblaciones postpaleolíticas y permitió el aumentó demográfico y la aparición de las diferencias sociales a partir de la acumulación de excedentes.