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sábado, 14 de marzo de 2026

Los orígenes de la navegación

Nuestra percepción moderna del progreso tiende a mentir(nos). Pensamos la evolución tecnológica como una línea recta y ascendente, donde la sofisticación es el escalón más alto, un privilegio exclusivo de nuestra era. Visualizamos a nuestros ancestros más remotos como seres confinados a las orillas, observando con temor un horizonte marino que solo lograrían conquistar siglos después. Pero la arqueología nos está enseñando una realidad histórica mucho más audaz: la humanidad nació con el salitre corriendo por las venas.

La navegación de alta mar fue una innovación tecnológica prehistórica nacida de la curiosidad propia del ser humano y un ingenio técnico asombroso. Analizaremos los descubrimientos que sitúan a nuestros antepasados desafiando corrientes oceánicas y diseñando naves complejas miles de años antes de lo que enseñaban los libros de texto.  

Consulta en nuestro vídeopodcast el capítulo correspondiente a este artículo. Accesible a personas con diversidad funcional visual.

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La Canoa de Dufuna: Un fantasma en el desierto del Sahel

En 1987, mientras cavaba un pozo para su ganado en la región de Yobe, en Nigeria, un pastor fulani llamado Ya'u se topó con un obstáculo de madera a 4,5 metros de profundidad. Lo que parecía un tronco enterrado resultó ser la Canoa de Dufuna, una embarcación de unos 8,000 años que hoy es el barco más antiguo de África y el tercero del mundo.

Dufuna es un hallazgo que sacude los cimientos del orgullo tecnológico europeo. Durante décadas, se pensó que la maestría naval era una herencia exclusiva del Viejo Continente. Sin embargo, al comparar la canoa nigeriana con sus contemporáneas de Pesse (Países Bajos) o Noyen-sur-Seine (Francia), el contraste es asombroso: mientras las canoas europeas de la época parecen diseños "crudos", con extremos romos y costados gruesos, la de Dufuna exhibe un acabado "elegante" y una maestría en el tallado de caoba africana que sugiere una ingeniería naval ya madura.

Este hallazgo es un eco de un mundo perdido. Hace 55,000 años, el "Mega-Chad" (un lago Chad gigantesco) cubría gran parte de lo que hoy es desierto, y la canoa de Dufuna es el recordatorio de que estas tierras hoy áridas fueron una vez centros de intensa actividad acuática. Es probable que la canoa de Dufuna no represente el inicio de una tradición, sino que ya hubiera pasado por un largo desarrollo previo, y que los orígenes del transporte acuático en África se sitúen aún más atrás en el tiempo.

Imagen generada por IA. Crédito: Iván Díaz  San Millán.

Navegación hace 30,000 años

Poblar las islas Ryukyu en Japón hace 30,000 años no fue una casualidad, sino una hazaña de navegación de élite. Los humanos del Paleolítico debieron vencer la corriente de Kuroshio, una de las corrientes oceánicas más fuertes y peligrosas. El experimento "Holistic Reenactment Project of Voyages 30,000 years ago" decidió poner a prueba esta proeza.

Tras el fracaso de balsas de juncos y bambú, que resultaron demasiado lentas para la fuerza del Kuroshio, la clave del éxito fue la canoa monóxila (dugout). El proyecto construyó la "Sugime", una nave de madera que demostró una eficacia técnica sorprendente. Pero más allá de la madera, el factor crítico fue el "factor humano": la navegación hacia Yonaguni requería una valentía y coordinación extraordinarias, pues durante la primera mitad del viaje, la isla se encuentra por debajo del horizonte, invisible a los ojos de los remeros. Navegaban hacia lo desconocido basándose en un plan preciso y una voluntad inquebrantable.

Los datos de rendimiento de la canoa Sugime durante este viaje experimental son fascinantes:

  • Velocidad de crucero: 1.08 m/s (aproximadamente 3.9 km/h).

  • Duración del viaje: 45 horas y 10 minutos.

  • Distancia total recorrida: 225 kilómetros.

El Neolítico: El "amalgama" de Kuwait

En el yacimiento arqueológico H3 en As-Sabiyah, Kuwait, se descubrió que hace 7,000 años nuestros ancestros no solo eran constructores, sino también ingenieros químicos. Los arqueólogos hallaron fragmentos de betún (bitumen) con una particularidad reveladora: impresiones de cañas en un lado y percebes maduros en el otro. Al ser especímenes maduros, confirman que estas naves de juncos estuvieron en el agua durante varios meses seguidos, lo que implica un comercio marítimo organizado y de larga distancia entre Mesopotamia y el Golfo. Pero la verdadera maravilla reside en la receta del sellador: el betún no se usaba puro, sino que era un amalgama procesado con materiales vegetales picados y aceites de pescado para otorgarle flexibilidad, adhesión y resistencia al agua.

Imagen generada por IA. Crédito: Iván Díaz  San Millán.

Este nivel de sofisticación se ve confirmado por el hallazgo de un modelo de barco de arcilla, fuertemente impregnado de sal, que servía como representación fiel de las estructuras de juncos que cruzaban el Golfo en busca de perlas, obsidiana y mercancías preciosas.

La Canoa de Pesse (Países Bajos)

El título de la embarcación más antigua conocida pertenece a la Canoa de Pesse. Descubierta accidentalmente en 1955 durante la construcción de una autopista en los Países Bajos, esta joya del Mesolítico ha sido datada alrededor del 8040 a.C. Tallada a partir de un solo tronco de pino silvestre (Scots pine) utilizando herramientas de piedra, sus 3 metros de largo nos cuentan una historia de movilidad y adaptabilidad. Para los humanos de hace 10,000 años, los ríos y lagos no eran barreras que detenían su avance, sino infraestructuras naturales. Este objeto nos demuestra que la economía del Mesolítico no estaba anclada a la tierra; el agua era su autopista para la pesca y el transporte, demostrando que la necesidad de moverse por el agua es una de las habilidades más antiguas y definitorias de nuestra especie.

Imagen generada por IA. Crédito: Iván Díaz  San Millán.


Barcos de piel en Escandinavia: Supervivencia y arte en el Báltico

Mientras el resto de Europa giraba hacia la agricultura, la Cultura de la Cerámica Perforada (PWC) en Escandinavia (3500–2300 a.C.) perfeccionó un sistema de vida marítimo. Aunque la fragilidad de los materiales orgánicos nos impide encontrar naves completas, la evidencia indirecta construye un cuadro de los barcos de piel.

En yacimientos arqueológicos se han recuperado armazones de astas de reno y huesos, junto con cantidades masivas de aceite de foca. Este aceite no era solo alimento; era un recurso indispensable para la impermeabilización constante de los cueros que formaban el casco de sus naves. Esta tecnología permitía la caza de focas en mar abierto, algo imposible para las pesadas canoas de madera en las gélidas aguas del Báltico.

La conexión más hermosa de este hallazgo está en el arte rupestre. Las pinturas muestran barcos "semitranslúcidos", una característica visual propia de la piel tensada cuando la luz del sol la atraviesa. Además, los grabados muestran proas con formas de "cabezas de animales" que, según los expertos, no eran meros adornos, sino soportes para arpones, una herramienta funcional que integraba el arte con la caza de ballenas y focas en una simbiosis perfecta entre hombre, nave y presa.

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miércoles, 9 de marzo de 2016

Datación de más de 400.000 años de la #mandíbula de #Balanica: un #Homo arcaico indeterminado

El Pleistoceno se refiere o denomina a una de las divisiones internas dentro de la escala temporal geológica, actualmente se considera que da comienzo hace unos 2,59 millones de años y finaliza aproximadamente en el 12.000 BP. Representa un período de importancia significativamente vital en la aparición del género Homo (hace unos 3 m.a.) y en la evolución humana, especialmente el pleistoceno medio, marcado por la encefalización y la reducción dental, y el aumento de la diversificación de los linajes de homínidos que se pueden observar en África, Asia y Europa.

La documentación de nuevos restos óseos fósiles en el transcurso de las excavaciones y por tanto de nuevos ejemplares del género Homo, especialmente en los periodos con los que contamos con una peor representación en el registro fósil, sin duda nos aportará una información impagable en el precario debate sobre los cambios morfológicos que se observan en el esqueleto y los dientes humanos y el curso filogenético de la evolución humana durante este período del Pleistoceno medio.

La mandíbula de la cueva de Mala Balaniaca (Serbia) es un fósil que cuando se documentó fue llamado técnicamente BH-1, lo que ocurrió en el año 2006 por un equipo internacional de investigación de la Universidad de Winnipeg (Canadá) y la Facultad de Filosofía de Belgrado, en la garganta de Sićevo (Serbia).



Un estudio desarrollado recientemente ha arrojado una fechación mínima de 400 ka. Entre 400000 y 525000 años. La anterior datación ofrecía un rango temporal mucho menor de 113000 años, que coincidía con un momento de presencia de homínidos con rasgos neandertales clásicos, a diferencia de los rasgos más arcaicos que presenta la mandíbula “serbia”.

Por fortuna su dentadura presenta un excelente grado de conservación abriendo oportunidades de estudio para caracterizar de forma segura la morfología de la corona molar durante el Pleistoceno medio y ahondar en las circunstancias explicativas de la falta de las afinidades de neandertales en la muestra fósil de Mala Balanica.



Para llevar a cabo el estudio el equipo de paleoantropólogos se valieron de las técnicas de microtomografía aplicadas a la estructura interna de los molares inferiores de la muestra BH-1 y se sometió a una valoración comparativa con muestras de individuos de  Homo erectus,  Homo neanderthalensis, Homo sapiens del Pleistoceno, y Homo sapiens actuales. .

Los resultados afianzan la fiabilidad de la superficie dental para clasificar los taxones de homínidos. Del mismo modo muestran una morfología dental de carácter arcaizante, primitivo para los molares muestreados en Mala Balanica, y confirman la falta general de las características derivadas en los neandertales. El carácter plesiomórfico de BH-1 es compatible con varios modelos de la competencia de la evolución de homínidos del Pleistoceno medio y ofrece un importante ejemplo regional y temporal para la reconstrucción de los cambios morfológicos en la mandíbula y los dientes durante este período de tiempo.

Los autores no plantean una clasificación concreta de los fósiles dentro de un grupo Homo, abriendo el abanico entre Homo erectus, Homo Heidelbergensis o una tercera especie a determinar, pero por sus caracteres arcaizantes parecen situar a los fósiles en un grupo antecesor de Homo heidelbergensis y Homo neandertalensis.

domingo, 3 de marzo de 2013

El fósil humano más antiguo de Europa (Orce, 1,4 m.a.) y las rutas migratorias desde África


La revista cientifica Journal of Human Evolution publicará mañana en su último número la evidencia del fósil del género Homo más antigua de Europa occidental en uno de los yacimientos de Orce (Granada), concretamente en Barranco León. El hallazgo corresponde a la corona completa de un diente molar deucido perteneciente a un homínido infantil de unos 10 años aproximadamente, que apareció en un contexto arqueológico datado en 1,4 m.a. El fósil fue documentado en la campaña de excavaciones arqueológicas de 2002 y no fue clasificado como humano hasta 2007.

De las características de la pieza cabe destacar el fuerte desgaste de su cara oclusal, es decir, de la zona con la que se mastica. Apareció asociado junto a otros restos óseos de herbívoros (bisontes, gamos, ciervos gigantes, conejos, tejones...) y carnívoros (lobos, chacales, osos, hienas de cara corta...), además de a una industria lítica muy rudimentaria, muy primitiva conocida como modo 1 u olduvayense. Se ha podido obtener algunos datos sobre la fabricación y uso de estas herramientas. El material se obtuvo a unos 2 o 3 km de distancia, el remontado de las piezas permite saber que fueron talladas in situ y abandonadas después de descarnar a los animales. Los restos óseos de fauna presentan claras marcas de descarnado.

Canino de hiena e industria lítica de Barranco León

Es importante señalar que al hablar de Orce se hace referencia a un conjunto de localidades arqueológicas sitas en la depresión de Guadix-Baza que han aportado restos tanto arqueológicos como paleontológicos de una importancia excelsa. Estos yacimientos pertenecen al Pleistoceno inferior, cuando al contrario del paisaje desértico actual existía un lago que atraería a abundante fauna a sus cercanías, entre ellas al ser humano.

La evidencia fósil no permite establecer con certeza su clasificación como especie dentro del género Homo pero su datación cronológica sitúa a los restos de Orce entre Homo georgicus (Dmanisi 1,8 m.a.) y la indeterminación de la especie Ñ de los yacimientos de Atapuerca (1,2 m.a.), los rasgos morfológicos parecen relacionarlo con esta última, el Homo sp de Atapuerca.

La polémica

Orce saltó al campo de la paleoantropología de la mano de la polémica cuando en 1982 el paleoantropólogo Josep Gibert presentó a la comunidad científica y al público en general los restos de una calota de un homínido datado en 1,3 m.a. Inmediatamente después surgió la polémica ya que para una parte importante de la comunidad científica era difícil de aceptar unas fechas tan antiguas para el poblamiento de Europa. Por aquel entonces el resto más antiguo de presencia humana en Europa se correspondía con la mandíbula de Mauier (Alemania) con una cronología de 500.000 años. El salto cualitativo y cuantitativo era enorme, algo que la siempre conservadora comunidad científica ha discutido con vehemencia. La teoría dominante era denominada “cronología corta”, planteaba la imposible ocupación de Europa dada sus duras características climáticas y geográficas, las cuales habrían imposibilitado la llegada de homínidos con capacidades técnicas y cognitivas limitadas.

Años después llegaron los descubrimientos de Dmanisi (Georgia), Atapuerca (España) y algunos otros yacimientos (Boxgrove-Inglaterra y Ceprano-Italia) que evidenciaron la ocupación de Europa por homínidos en fechas muy antiguas. Primero se estableció con Homo antecessor en 0,8 m.a., después las dataciones de Dmanisi remontaron la ocupación de los límites de Europa y Asia a 1,8 m.a. por parte de un grupo de homínidos muy primitivos con bastantes similitudes a los Homo habilis, el Homo georgicus. Por último, Atapuerca no hace demasiado se volvió a confirmar como un increíble yacimiento aportando la documentación de una mandíbula de homínido procedente de la Sima del Elefante con una datación de 1,2 millones de años.

Con la perspectiva que nos permite el avance del tiempo y de las investigaciones, la polémica sobre el resto oseo de Orce parece desfasada y carente de valor en la actualidad. Poco importa ya si esa calota corresponde a un homínido o bien a un herbívoro, la presencia humana en la Península Ibérica por encima de 1,2. m.a. es un hecho incontestable que se apoya ya no sólo en el registro arqueológico de los fósiles humanos, sino también en numerosos yacimientos arqueológicos donde está bien documentada la actividad humana por medio de la presencia de industria lítica clasificada como modo 1 u olduvayense y modo 2 o achelense (más información en Prehistoria al día). Y más allá de la polémica concreta lastrada por dogmatismos, es de justicia reconocer al profesor Gibert el mérito y lo acertado de sus planteamientos: Europa fue poblada por homínidos arcaicos en fechas muy antiguas. Si bien no me resisto a opinar sobre la clasificación de la calota de Venta Micena. A mi parecer se debe clasificar como humana por la presencia de suturas craneales, aunque admito las serias dudas que deja. La documentación de este nuevo fósil en un yacimiento próximo a Venta Micena con una datación muy similar creo que se constituye como una prueba indirecta a favor de su interpretación como resto humano. Existen además, análisis moleculares de un tipo de inmunoglobulinas sólo presentes en el género Homo que parecen confirmar que el resto óseo pertenece al género Homo.

Hacia a dónde apunta las investigaciones y los nuevos datos

Dejando atrás polémicas absurdas, el nuevo resto fósil humano por su localización espacial y temporal pone sobre la mesa el debate de las primeras salidas de África y de las rutas colonizadoras de Europa, además de cuál fue la especie o especies protagonistas de esas primeras salidas. Hemos de recordar que el género Homo tiene su origen en África hace unos 2,5 millones de años y que el primer representante de este género es Homo habilis (sin entrar en la discusión de su clasificación). Sabemos que de forma incontestable una de las rutas de salida de África se produjo por Oriente Próximo, colonizando Asia y Europa. Esta ruta se remonta al menos a hace 1,87 millones de años y estuvo protagonizada por Homo georgicus, desechando de esta forma la teoría tradicional de que fue Homo erectus el primer humano en pisar tierras no africanas.

Diente de Barranco León


Ahora bien, los nuevos restos publicados con 1,4 millones de años plantean de forma aún más sólida la posibilidad de que hubiese existido una segunda ruta colonizadora de Europa desde África a través del estrecho de Gibraltar. No tenemos la seguridad de que ambas rutas fuesen simultáneas aunque de momento parece anterior la ruta tradicional por Oriente Próximo dadas las fechas manejadas. Esta ruta por el estrecho de Gibraltar se apoya en la presencia de fauna de tipo africano en niveles arqueológicos datados en 1,6 millones de años. Ejemplos de esta fauna africana serían el tigre de diente de sable (Megantereon withei), una especie de hiena carroñera (Pachycrocuta brevirostris) y un équido de una sola pezuña relacionado genéticamente con los caballos actuales. El problema de esta teoría es la ausencia de pruebas que evidencien las tecnologías necesarias para atravesar el estrecho, si bien esta ausencia no es prueba de que no existiese.

Otro inconveniente para esta propuesta es la primera filiación genética propuesta para el diente de Orce, la cual relaciona el fósil con los restos de la Sima del Elefante (sierra de Atapuerca), la especie denominada Homo sp o ñ. De ser correcta esta relación y teniendo en cuenta el origen asiático de Homo sp y su relación morfológica con Homo georgicus, la documentación de este nuevo fósil nada aportaría a las tesis que defienden una ruta migratoria por el sur de Europa.

Una tercera vía es apuntada de forma minoritaria por algunos investigadores italianos, los cuales apunta a una ruta migratoria por el estrecho de Túnez llegando hasta Sicilia.

Todos estos datos en su mayoría sesgados son un puzzle difícil de encajar, en el cual hay que tener en cuenta  todos los aspectos, yacimientos con restos óseos humanos y sus dataciones, del mismo modo son importantes aquellos yacimientos con industria lítica no asociada a restos óseos pero con dataciones importantes. En Europa existen algunos yacimientos con dataciones muy antiguas, en estos se han localizado restos de industria lítica facturada por homínidos pero sin asociación a restos óseos. En Italia tenemos industrias líticas en Pirro Norte datadas en un espacio temporal que abarca 1,7 y 1,3 m.a. Por otro lado en Francia el yacimiento Leziganden-Cebe ofrece también fechas muy antiguas en torno a 1,57 m.a.


domingo, 10 de febrero de 2013

Las lanzas de Schoningen: Las lanzas de caza más antiguas del mundo (400.000 años).


El yacimiento de Schoningen en Alemania se encuentra en unas explotaciones mineras de lignito (carbón vegetal) al aire libre, el cual proporcionó ocho lanzas que son, por el momento, los artefactos de madera más antiguos conservados, datados en una cronología aproximada de unos 400.000 años (Paleolítico inferior), su estado de conservación es espectacularmente bueno. Fueron documentadas en la asociación con los restos óseos de grandes herbívoros entre ellos numerosos caballos. El estudio microscópico de los restos óseos permitió comprobar marcas de descarnado, lo que constituye la prueba irrefutable de que los grupos humanos preneandertales que fabricaron las armas eran activos cazadores con un importante dominio del medioambiente que habitaban. Aunque la madera es una materia prima perecedera bastante difícil de documentar en los yacimientos del Paleolítico inferior y medio las especiales condiciones del yacimiento alemán en que se preservaron las lanzas, enterradas en una turbera con altas condiciones de humedad, ha permitido que llegaran casi intactas hasta el momento de su exhumación.

Descripción de los restos

Homo heidelbergensis es la especie humana que está detrás de la fabricación de estos útiles de caza. El proceso mental que conlleva su fabricación es complejo, por lo que exige un desarrollo cerebral importante debido a la problemática planificación y el diseño sofisticado necesario para tallar en madera estas lanzas. El hallazgo de las lanzas de Schoningen puso fin a la polémica de si especies humanas anteriores al Homo sapiens había sido capaces de practicar la caza mayor. Homo heidelbergensis debía poseer además un importante conocimiento de las materias primas de las que disponía en su nicho ecológico ya que empleó madera de pícea (abeto), talaron los troncos y los fueron desbastando hasta llegar al interior del árbol cuyas características de dureza son las más propicias para fabricar herramientas destinadas a actividades cinegéticas.

Las lanzas tienen un diámetro de 47 mm y tres de ellas fueron localizadas completas con una longitud de 1,82, 2,25 y 2,30 metros. Un cuarto ejemplar superaba los 2 m pero se rescató de las tierras de la turbera ya en cuatro fragmentos. Las otras cuatro no se pudieron recuperar completas. Estas jabalinas del Pleistoceno medio presenta un peso variable de alrededor de dos kilos, se distingue las puntas muy afiladas y hacia la mitad de su longitud se produce una pequeña angulación. Del análisis de sus características se colige un pensamiento complejo que va más allá de una simple talla de un palo aguzado, sino que hay un estudiado diseño, con un reparto de los pesos que permiten ser lanzadas a larga distancia, una sofisticada tecnología que las asimila a las modernas jabalinas de la competición atlética. El mayor peso se repartía hacia la punta, lo que desplazaba el centro de gravedad y permitía una vez alcanzada la máxima altura un descenso más o menos vertical en el cual se adquiría la velocidad necesaria para clavarse sin dificultad en la diversas presas. Otro aspecto tecnológico que permite estudiar las lanzas es el control del fuego, que además de proporcionar luz y calor, daba seguridad ante los depredadores y permitiría procesar los alimentos. Homo heidelbergensis emplea el fuego para endurecer las puntas de las danzas, mejorando su resistencia y facilitando así su penetración en la piel animal.

Los hallazgos de materiales arqueológicos se complementaron con una estaca de 78 cm y un diámetro de 3 cm para los que los investigadores no ha aportado una explicación convincente: armas arrojadizas para adormecer a las presas al golpearlas. Además aparecieron tres hogares bien conservados relacionados con el procesamiento de las piezas de la caza.

Arqueología experimental

Un estudio del antropólogo Bruce Hardy (Kenyon College, Ohio) se propuso comprobar de que modo se emplearon estas lanzas durante la caza, si fueron usadas como proyectiles o bien se clavaban a corta distancia. Para ello se realizaron réplicas exactas de las mismas que con la ayuda de una ballesta se dispararon contra pieles de vaca y de oveja rellenas de gel de balística. Los resultados no fueron nada concluyentes, en los lanzamientos desde 29 m la danza sobre animales de piel fina (oveja) rebotaban. El propio Hardy admitía que era indudable que Homo heidelbergensis había dado muerte con esas lanzas a animales de gran tamaño por lo que los resultados se veían lastrados por algún factor no detectado.

Schoningen

Homo heidelbergensis es un linaje propiamente europeo que evolucionó en condiciones de aislamiento genético desde las poblaciones de Homo antecessor (Sierra de Atapuerca cierra) hasta la formación de los rasgos fundamentales que dieron lugar a las poblaciones neandertales clásicos como adaptación a las condiciones medioambientales en Europa. Es probablemente la humanidad físicamente más potente que haya existido, con una altura de 1, 80 m y una masa corporal de 105 kg.

Sin embargo, esa potencia física ya va acompañada de una importante expansión cerebral y de sus capacidades cognitivas. Además de los aspectos ya referidos de dominio tecnológico desprendidos del análisis de las lanzas existen otras pruebas que ahondan que las capacidades intelectuales de esta especie. El dominio del fuego está perfectamente documentado para esta especie (500.000-200.000 años). La reunión en torno al hogar hace evolucionar hacia formas más complejas las relaciones interpersonales con las lógicas consecuencias en la vida social. Una de ellas es la caza colectiva o en grupo. El yacimiento de Schoningen se encuentra a orillas de un antiguo lago donde los herbívoros se acercaban a beber durante el Pleistoceno y allí los grupos humanos que fabricaron las lanzas los daban caza por medio de emboscadas grupales. Sin duda, al calor del fuego, Homo heidelbergensis comenzó a preguntarse por el significado de la muerte y en consecuencia se desarrollaron las primeras formas de enterramiento, al menos esto es lo que sostiene el equipo de investigación de los yacimientos de Atapuerca. Como prueba de ello se han esgrimido los restos óseos de la Sima de los Huesos, una acumulación intencionada de cadáveres de al menos 32 individuos cuyos investigadores han atribuido una simbología ritual por la asociación con un bifaz de magnífica calidad.

El pleistoceno medio

Las lanzas de Schoningen permiten hacer estudios de los anillos de crecimiento de la madera en la que están fabricadas y los resultados arrojan unos ritmos de crecimiento lento relacionados como un clima frío y más bien seco. Es una época marcada por las glaciaciones en Europa con temperaturas bastante más frías que las actuales, esas condiciones provocan una expansión de las zonas glaciares y la regresión del mar, con especies de fauna adaptadas a las zonas de estepas, tundras, taigas y ambientes árticos.

Lanza de Schoningen


La supervivencia de las poblaciones de Homo heidelbergensis en un clima tan adverso sólo fue posible gracias a las ventajas que reportó el control del fuego y el uso de pieles animales como abrigo contra el frío. Aunque no se han encontrado restos arqueológicos que documenten el uso de ropas, éste se puede inferirse del estudio de las huellas de uso en el utillaje lítico, las cuales demuestran que estas poblaciones dominaban las técnicas del curtido de pieles.

Como zonas de hábitat se tiene la imagen de la ocupación de abrigos y las entradas de las curvas pero también fueron habituales en la Europa del Pleistoceno medio la ocupación de campamentos al aire libre. Así, se han documentado cabañas en algunos yacimientos como los de Terra Amata (Francia) con una organización espacial compleja y una división definida por actividades. Sobre la arena de una antigua playa se levantó una cabaña de forma oval con ramas entrelazadas en el techo y rodeada de cantos grandes, en el centro de la cabaña se localizaba hogar. Pero las cabañas no sólo se construían en campamentos en el exterior, sino que dentro de las cuevas también se dotaban de un espacio más acondicionado. Un ejemplo de cabaña en el interior de cueva se documenta en el yacimiento francés de Lazaret (Niza), con unas dimensiones de 11 × 3,5 m y de forma rectangular. La técnica constructiva consistía en un armazón de tablones de madera hincados en el suelo y recubiertos de piel ajustadas mediante piedras perimetrales. La cabaña contaba con dos entradas situadas hacia el interior de la cueva y un muro protector de vientos en la entrada de la cueva. El interior se dividía en dos estancias cuyos suelos se cubría con dramas y pieles para dormir.

Recupero este artículo del 13/02/2011 en el diario "Alerta" (Cantabria)
Con posterioridad a este articulo se publicaron unas puntas en Sudáfrica datadas en 500.000 años como bien me ha recordado el compa David del blog Prehistoria al día. Os pongo aquí el articulo que publicó en su blog http://prehistorialdia.blogspot.com.es/2012/11/lanzas-con-puntas-de-piedra-hace-500000.html

miércoles, 23 de enero de 2013

Se confirma que el Hobbit era una especie humana


Nuevas evidencias arqueológicas de Homo floresiensis publicadas en el último número de la revista científica Journal of Human Evolution parecen despejar las no muy consistentes dudas que parte de la comunidad científica mantenía acerca de la clasificación dentro del árbol genealógico del género Homo de los especímenes descubiertos en la Isla de Flores (Indonesia), dudando algunos científicos de que tuviesen entidad propia como especie humana.

Un equipo de investigación de la Universidad de Nueva Inglaterra (Australia), encabezado por los arquéologos Peter Brown y Mike Morwood, documentó en el año 2003 los restos fósiles de lo que sin duda se convirtió en la mayor sorpresa de la paleoantropología de todos los tiempos, una especie humana enana, cuya estatura no sobrepasaba el metro, asociada a evidencias del uso del fuego y herramientas líticas relativamente avanzadas (usadas para la caza y descuartizamiento del stegedoon), y con una capacidad craneal similar a los primeros homínidos (equivalente al tamaño del cerebro de Töumai, el primer posible ancestro del ser humano) que millones de años antes en las protectoras tierras africanas habían evolucionado en diferentes ramas, entre ellas la que desembocó en el género Homo.

Reproducción del Hombre de Flores

La semejanza de la descripción física de estos nuevos Homos con los seres mitológicos protagonistas de las obras de ficción del escritor J.R.R. Tolkien, “El Hobbit” y “El señor de los anillos” ha hecho que popularmente se les conozca como el “hobbit humano”.

El hallazgo es todavía más sorprendente si se tiene en cuenta que esta pequeña familia humana nos acompañó en el Planeta Tierra hasta hace unos 12.000 años, poco antes de finalizar el Pleistoceno y comenzar el Holoceno (etapas paleoclimáticas), momento en que se empezaron a desarrollar la agricultura y la ganadería. Milenios antes otras dos poblaciones humanas, neandertales y denisovanos, habían puesto fin a su historia evolutiva. Mientras Homo sapiens pintaba y grababa auténticas maravillas en la cuevas de Altamira, Lascaux o La Pasiega en una isla de Indonesia Homo floresiensis veía como se apagaba su paso por la tierra como especie.

Nuevas evidencias

El nuevo estudio publicado en la revista estadounidense presenta los restos fósiles de la muñeca (carpo) de un individuo (es posible que de dos) del Hombre de Flores. Fue documentado en la misma cueva (de nombre Liang Bua) que los anteriores ejemplares que dieron nombre a la especie. La importancia de los nuevos estudios no recae tanto en la obtención de nuevos datos sino en la reafirmación de los ya conocidos. La coherencia de las características con los individuos ya estudiados permite refutar las teorías que sostenían que los Hombres de Flores eran seres humanos modernos con algún tipo de patología. La tesis de su clasificación como especie nueva dentro del género Homo sale reforzada y debe ser admitida sin ningún género de dudas.

El análisis morfológico del carpo de los dos nuevos individuos de Hobbit y su estudio comparativo con los carpos modernos de Homo sapiens y Homo neanderalensis destaca un claro arcaismo respecto a estos, por lo que hace inviable la hipótesis patológica que los incluiría dentro de humanos modernos e inevitablemente remonta el origen de Homo floresiensis a un momento evolutivo anterior al evento cladogenético que propició la deriva evolutiva de neandertales y sapiens. Comparativamente muestra rasgos plesiomorfos, bastante similares a los Autrolopithecus.

Buscando su origen evolutivo

Los restos fósiles de Homo floresiensis que hasta el momento se han podido documentar cuentan con unas dataciones fiables entre 90.000 y 12.000 años, una horquilla temporal demasiado escasa si nos atenemos a las características morfológicas tan arcaicas que presentan los fósiles. El estudio comparativo de las herramientas líticas asociadas a los restos óseos con la lítica hallada en otra cueva de la isla conocida como Wolo Sege ha permitido comprobar las claras semejanzas entre ambos conjuntos. Este hecho ha conducido a los arqueólogos a relacionar el segundo grupo de herramientas con el Hobbit de Flores y en consecuencia ampliar el arco temporal hasta la datación obtenida para estas: unos 0,8-1 m.a.

El equipo de trabajo responsable de los nuevos hallazgos mantiene la tesis de que su ancestro dírecto es Homo erectus, presente en Asia en esas fechas. Esta tesis se apoya en un estudio (2009) comparativo de las morfologías de diversas especies de hominido (sapiens, erectus, habilis y australopitheco). Mantienen que Homo erectus habría llegado a la Isla de Flores hace un millón de años y allí en condiciones de aislamiento combinadas con la ausencia de depredadores que pudiesen amenazarlos redujo su tamaño.

A pesar de contar con argumentos sólidos, el problema de esta tesis es el espectacular salto evolutivo que se tiene que producir entre ambas especies. El hombre erecto mostraba ya un incipiente desarrollo moderno con un tamaño cerebral considerable (1200 cm³), además de otros rasgos mucho más modernos ausentes en Homo Floresiensis. Otra alternativa que se contempló fue su relación con Australpithecus, con los cuales se asemeja en numerosos rasgos anatómicos. El problema es que además de que el salto temporal es mayor, no se conoce su presencia en Asia.

Homo georgicus en el camino

Homo georgicus


Homo georgicus es un homínido nominado como especie humana a partir de los restos de Dmanisi (Georgia), con una datación de 1,8 m.a Es por tanto, el primer miembro de la evolución humana que salió de África y se adentro en tierras euroasiáticas. Básicamente es muy similar a Homo habilis aunque algo más evolucinado. Su capacidad craneal aún es muy reducida (680 cm³) con un indice un poco mayor que habilis. El registro arqueológico del yacimiento de Dmanisi permite saber que ya era un cazador y no un carroñero como habilis. Todos estos datos y los muchos caracteres compartidos de ambas especies hace de georgicus un candidato bien posicionado para convertirse en ancestro de Homo floresiensis. No es descabellado pensar que en los 800.000 años de diferencia entre el yacimiento georgiano y la primera presencia Homo en la Isla de Flores (aún por determinar la especie) Homo georgicus (o bien una especie desconocida evolucionada a partir de estos especímenes) se hubiese expandido por el sudeste asiático hasta dar el salto a las islas más cercanas y en las mismas comenzar el proceso de reducción de tamaño someramente explicado antes.


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lunes, 3 de diciembre de 2012

Biografía de un Homo erectus y su llegada a Siberia


Homo erectus, el hombre ergido, es probablemente el primer espécimen dentro del género Homo al que se puede calificar como ser humano sin temor a la controversia. Bien es cierto que el género Homo llevaba milenios evolucionando por las cálidas tierras del continente africano, con varias especies como Homo habilis y Homo rudolfensis, incluso Homo georgicus (estos ya habían alcanzado la frontera de Asia con Europa), que mostraban ya evidentes rasgos anatómicos y tecnológicos de una humanidad incipiente. Sin embargo, el precario registro arqueológico de estas especies denota una ausencia de comportamientos contextuales que nos construyen como animales racionales, como seres humanos.

Reproducción de Homo erectus


¿Quién fue Homo erectus?

La nomenclatura para una nueva especie dentro de la familia humana fue propuesta por el médico Eugéne Dubois allá por el año 1892, quién en su enconada lucha por encontrar el eslabón perdido entre el mono y el hombre estaba convencido de que este habría de localizarse en algún lugar perdido de Asia. La búsqueda de una especie-puente entre lo animal y lo racional tuvo un papel esencial en la investigación paleoantropológica de su época. Su actividad investigadora le condujo a documentar fósiles de Homo eretus en la Isla de Java, los cuales fueron datados hace unos años en 1,6 m.a. gracias al desarrollo de las técnicas de datación. En un primer momento recibieron el nombre de Anthropopithecus erectus pero la documentación de una significativa capacidad craneal hizo rectificar su nombre a Pithecanthropus erectus, hasta que en 1940 queda adscrito al género Homo.

Este homínido vivió entre hace un 1,9 m.a y 100.000 años (algunas dataciones bastante discutidas lo retrasan hasta hace 50.000 años), un largo periodo evolutivo para una especie (hecho que deja patente su éxito adaptativo). Dicho lapso de tiempo abarca desde el Plioceno hasta el Pleistoceno superior, pasando por el medio e inferior. Homo erectus tuvo su origen evolutivo en África, expandiéndose desde esa primigenia cuna hacia el sureste asiático y China amparado en unas condiciones climáticas propicias. Recientemente ha sido publicado un estudio que documenta su llegada a Siberia, del que posteriormente hablaremos.

Los yacimientos más destacados que han proporcionado restos fósiles que permiten caracterizar a Erectus proceden en su mayor parte de Asia, son Zhoukoudian, Hexian, Lantian, Yunxian en China, Sangiran, Ndandong, Sambungmacan, Trinil (Isla de Java). En África existen yacimientos destacados pero presentan una problemática metodológica: la adscripción de sus fósiles, ya que parte de la comunidad científica entiende que pertenecen a Homo ergaster (el Homo erectus africano y europeo). En la actualidad una corriente mayoritaria tiende a considerar a Erectus una especie esencialmente asiática. Tradicionalmente se entendía la aparición de Erectus como poblaciones evolucionadas a partir de habilis, pero la documentación de nuevas especies puso en cuestión dicha tesis, cobrando fuerza su relación filogenética con georgicus, o incluso rudolfensis.
Respecto a la tecnología empleada por estos por estos grupos humanos no hay grandes novedades, las técnicas en la talla de útiles de piedra siguen siendo similares a las de poblaciones Homo anteriores, esencialmente modo 1 y modo 2 o achelense. Aunque un matiz importante es el dominio de la tecnología del fuego, que permitió a Erectus ser el primer humano que cocinaba sus alimentos y calentaba y daba luz a sus noches. El dominio del fuego puede remontarse a 1,5 m.a., sin embargo las evidencias más antiguas de alimentos cocinados se remontan a hace un millón de años en la cueva de Wonderwerk (Sudafrica). Este dominio del fuego es esencial porque impulsó el desarrollo de la inteligencia social y colectiva.

Caracteres anatómicos

Una primera aproximación a los rasgos físicos del Homo erectus deja percibir de forma inconfundible sus características plenamente humanas, con unas proporciones ya muy cercanas a la humanidad moderna. La capacidad craneal ha sufrido una importante expansión con respecto a las especies predecesoras (habilis, rudolfensis, georgicus), evolucionando desde los 900 cm³ de los primeros ejemplares africanos hasta los 1200 cm³ de los últimos ejemplares documentados en Asia hace 100.000 años. Presentan un neurocráneo evolucionado respecto a habilis y georgicus, siendo más alto y largo para dar cabida al crecimiento del cerebro. Aún es muy significativo el diformismo sexual, es decir, la diferencia de estatura y peso entre los machos y las hembras, alcanzando el 1,70-1,80 y 1,50 cm de estatura y los 80 y 60 kg de peso respectivamente. Otros rasgos son la ausencia de mentón, unos dientes reducidos, unos conjuntos óseos bastante robustos y unos arcos supraorbitales muy marcados. Y aún es evidente el prognatismo maxilar y mandibular respecto a poblaciones más modernas. Se debe resaltar un cambio hacia un mayor crecimiento general en todo el cuerpo menos en la dentadura, cuestión que viene explicada por el cambio de dieta respecto a los homínidos anteriores, con un mayor aporte de proteínas y grasas animales a partir de la caza y el carroñeo de presas.

Cráneo del Hombre de Pekín


El camino de Siberia no era el del frío

Recientemente se presentó a la opinión pública un estudio científico del Instituto de Arqueología y Etnografia de Rusia en el que se presentaban los interesantes resultados de las investigaciones efectuadas durante una década en la cueva siberiana de Karama, en los montes de Altai (sur de Siberia). En estos mismos montes se documentó hace un año una nueva especie relacionada genéticamente con los neandertales, los denisovanos. Los trabajos científicos han sido dirigidos por el arqueólogo Mijail Shunkov.

Los niveles arqueológicos más antiguos de Karama han sido datados en una horquilla temporal entre 800.000 y 1 m.a. Aa partir de lo cual los científicos han inferido que las poblaciones de Erectus llegaron a Siberia por la ruta migratoria del norte desde África, cruzando las actuales repúblicas centroasiáticas, auspiciados por unas condiciones mediambientales propicias. De cualquier modo, no debemos dejarnos arrastrar por las actuales condiciones climáticas de Siberia para concluir una gran capacidad cultural adaptativa de Erectus a condiciones muy adversas ya que los estudios paleoclimáticos ponen de manifiesto que durante la horquilla temporal en que se datan esos niveles arqueológicos en Siberia imperaba un clima benigno.

El problema, común a otros yacimientos y otros periodos, es que en los trabajos arqueológicos no se documentaron restos fósiles humanos sino restos de artefactos manufacturados por el ser humano, industria lítica correspondiente al modo 2 o tecno-complejo achelense y aunque la asociación de ese tipo de industria durante ese periodo con el tipo humano Erectus tiene su peso, siempre es arriesgado si no existe la asociación in situ de fósiles óseos y fósiles líticos. Lo que no deja lugar a la duda es el importante aumento en la fecha del primer poblamiento por parte del género Homo de Siberia, pasando de 250.000 años a un mínimo de 800.000 años.

Material lítico del yacimiento de Karama

jueves, 22 de marzo de 2012

¿Cómo determinan los científicos la edad física de los fósiles humanos?


Para mucho público aficionado a la arqueología y la historia el método que emplean los científicos para determinar la edad de los fósiles humanos en el momento de su fallecimiento es un misterio y se preguntan cómo lo hacen. En “Crónica de la ciencia” vamos a hacer un somero acercamiento a los métodos de estudio de la edad de los fósiles dentro de paleantropología física.

Cuando los arqueólogos aportan este tipo de datos trabajan con edades estimativas, en algunos casos tienen gran precisión y se basan principalmente en el estudio del crecimiento y desarrollo de los huesos.

Individuos inmaduros

El estudio de la edad de los fósiles de niños es relativamente sencillo ya que al estar en fase de desarrollo existen muchos marcadores indicativos. Para ello se abordan dos claves, por un lado la erupción de piezas dentales y por otro la sinostosis de la metáfisis de los huesos largos del individuo, esto quiere decir la unión o sutura de los huesos largos del cuerpo, que se va produciendo a lo largo del crecimiento del individuo hasta finalizar a los 20 años aproximadamente.

La erupción dental aporta datos aceptablemente precisos. Si se cuenta con una muestra completa del aparato masticador se puede analizar mediante una radiografía con rayos X. Según la edad del niño, la radiografía nos permitirá observar  los gérmenes de los dientes (en las edades más pequeñas), los gérmenes y los dientes deciduos (en las edades en las que el niño ya cuenta con cierta autonomía) y en los niños preadolescentes la mezcla de dientes deciduos y permanentes. Las arcadas dentales infantiles y adultas se diferencian por una mayor separación entre los dientes en el caso de los niños.

Hemos de señalar que en función de las piezas dentales permanentes que hayan hecho su erupción en el momento de la muerte se puede determinar sin margen de error la edad, así si el individuo fósil sólo cuenta con los premolares permanentes es bastante seguro que contase entre 9 y 11 años en el momento del fallecimiento. Si la muestra de fósiles dentales es escasa y sólo se cuenta con piezas sueltas se ha de analizar la raíz y la corona de los dientes.

En el caso de que tengamos que trabajar con otras partes del cuerpo fosilizadas la determinación de la edad ha de llevarse a cabo estudiando la sutura de la metáfisis de los huesos largos, y para ello un hueso muy útil es el fémur, aunque se pueden usar todos los huesos largos del cuerpo. Las medidas obtenidas se comparan con series ya conocidas que nos aportan la edad del individuo.

Individuos de edad adulta

Estimar la edad de muerte en los fósiles de individuos adultos es bastante más complejo ya que entran en juego factores como la variabilidad entre las poblaciones humanas y la remodelación ósea que se manifiesta a lo largo de toda la vida del individuo. Se emplean métodos macroscópicos, microscópico y radiológicos.No todos los huesos aportan información fiable para determinar la edad, los más aprovechables son las sínfisis púbica, las costillas y la superficie auricular. El estudio ha de abordar la mayor parte del esqueleto posible.

En el pasado se trabajaba sobre las suturas de los huesos craneales, aunque dicho método ha revelado ciertas insuficiencias por lo que en la actualidad sólo se emplea en los casos en que no se cuenta con otros huesos. A medida que el individuo avanza en su vida esas suturas craneales se van cerrando, la obtención de datos del grado de suturación y su comparación con una tabla preestablecida permite obtener una edad media del individuo.

La estimación de edad también se puede abordar a partir del análisis de la sínfisis púbica que es la zona de contacto entre los huesos coxales. La sínfisis tiene una superficie ondulada que se va erosionando y aplanando con la edad. En función del estadio de desgaste en que se encuentre se realizada una estimación de la edad. Por ejemplo una sínfisis en estadio 1 corresponde a un individuo cuya edad oscila entre los 15 y los 24 años en el caso femenino y entre los 15 y los 23 en el masculino. El método es bastante fiable pero carece de bastante precisión.

El análisis de la superficie auricular de la región sacrolíaca sigue parámetros similares a la sínfisis, abordando los ondulaciones y porosidades de la zona. A lo largo de la vida  vida del individuo esta va evolucionando y su estudio permite la obtención de una serie de datos que comparados con otra tabla de datos preestablecida  y en función de la fase en que se encuadren se les asigna un intervalo de edad. De este modo los individuos de la última fase, la 8, tendrían una edad superior a los 60 años.

Las costillas, concretamente el extremo de las mismas en contacto con el esternón, son también huesos que aportan información muy fiable de la edad de los fósiles. Su morfología varia a lo largo de la vida y a partir de una tabla de 9 estadios se va determinando la edad de los fósiles.

Otras partes del esqueleto analizadas para obtener datos de las fases de edades son las piezas dentarias, las cuales se desgastan al masticar los alimentos y los patrones de desgaste son bien conocidos por lo que nos permiten una aproximación a las edades de los fósiles. También la clavícula, el omóplato o el tiroides.

Métodos Histomorfométricos

Son métodos destructivos por lo que su aplicación es bastante limitada, unido a su alto coste. Se aplica a los huesos largos, húmeros, fémures, tibias y peronés.