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lunes, 5 de junio de 2017

jueves, 30 de mayo de 2013

Curso online: Arte paleolítico y divulgación científica: nuevas miradas a través de las nuevas tecnologías (UBU virtual)


En el presente curso abordaremos una introducción con fines divulgativos de los conocimientos básicos del arte producido por las sociedades de cazadores-recolectores durante el Paleolítico superior. Se tratarán los temas tradicionales así como los últimos avances puestos de manifiesto por las investigaciones. Esta enfocado de manera divulgativa, utilizando las nuevas tecnologías y haciéndolo accesible a todo tipo de público, desde profesionales de la arqueología, a estudiantes de Historia, Arqueología, Humanidades, Historia del Arte, Patrimonio o el público aficionado en general. De esta manera el alumno alcanzará los conocimientos básicos acerca de las técnicas, la distribución, las temáticas y la autoría del arte paleolítico, abordando del mismo modo temas poco tratados como el sexo, la música, las técnicas del cine en el arte paleolítico, los retratos humanos, la discusión sobre la participación neandertal en el arte o el origen de la cerámica en el arte figurativo.


Autor: Ramessos. This file is licensed under the public domain.

sábado, 19 de mayo de 2012

El origen de la guerra en la Prehistoria: un acercamiento arqueológico



Indagar el origen de los enfrentamientos bélicos en el pasado, en el seno de las sociedades prehistóricas, es una tarea ardua y espinosa, ya que a la habitual precariedad de evidencias arqueológicas además hay que sumarle la dificultad de diferenciar entre los episodios de violencia individual, más o menos palpables en los fósiles del registro arqueológico, de los primeros actos que pueden entenderse como actos de guerra. Por ello hemos de comenzar acotando los términos con los que podemos definir la guerra. Una cuestión sustancial en el concepto de guerra es la discusión acerca de su carácter cultural, es decir, que surge como un fenómeno social en un momento histórico como consecuencia de un desarrollo económico, social y cultural importante, o por el contrario, como defienden algunos autores, la guerra está latente en nuestro bagaje biológico, y una primera expresión de esa biología guerrera se formularía en la caza. Sin embargo, las pruebas arqueológicas y etnográficas existentes parecen desechar esta posibilidad, ya que existen sociedades que no han conocido ni conocen la guerra en su seno, por lo que habría que caracterizarla como un hecho social que responde a cuestiones materiales.

Pero comencemos por definir lo que hemos de entender por guerra. En primer lugar es un enfrentamiento entre un grupo significativo de individuos, ya sean individuos miembros de un misma etnia o grupo social o de otros diferenciados. Esa violencia tiene que estar desasociada de los brotes de violencia cuyos factores desencadenantes tienen raíces más o menos personales. El origen de la guerra tiene un componente político en su sentido más amplio, los primeros enfrentamientos bélicos emergen por el control del territorio de los primeros grupos humanos que desarrollan un proceso de patrimonialización de ese territorio y que se veían amenazado ese territorio por la presión demográfica. Asociado a este proceso o más bien como consecuencia de esto se estable una lucha por el acceso a los recursos de esos territorios, lo que provoca lo que se conoce como sobrepoblación ecológica.

¿Origen paleolítico o neolítico?

Existen dos posturas encontradas a la hora de definir en qué momento de la Prehistoria se producen los primeros comportamientos violentos asociados a la guerra. Por un lado están aquellos investigadores que defienden un origen paleolítico de la guerra como desarrollo último de la caza, y por otro, los científicos, influenciados por el materialismo marxista, que asocian la aparición de la guerra con las sociedades complejas del Neolítico y las desigualdades.
Las primeras pruebas de muertes violentas se remontan al Paleolítico Superior (45.000-12.000 BP), incluso existe alguna evidencia durante el Paleolítico Medio aunque estas resultan más discutidas entre los especialistas. La interpretación de las pruebas de ambos periodos como actos de guerra son más que dudosas, aunque algunos autores han querido ver en ellas el origen de la guerra y la evidencia de comportamientos bélicos en las sociedades de cazadores-recolectores, atribuyendo a estos grupos humanos un importante comportamiento bélico, incluso superior al presente en las sociedades modernas. Estos argumentos son bastante débiles y en realidad esconden los prejuicios ideológicos que buscan la justificación de la violencia actual en el pasado, como forma de justificar el orden establecido.

Calco del hombre con arco del abrigo de Olivanas
Veamos algunos de los argumentos esgrimidos. En la frontera italo-francesa se localizan la Cueva de Grimaldi (Liguaria), cuya ocupación más antigua se remonta a hace unos 35.000 años B.P., en ella se documentaron los restos fósiles de un individuo infantil que murió a consecuencia de las heridas provocadas por la punta de un proyectil que se alojó en una de sus vertebras. Ejemplos similares de muertes violentas en que se han recuperado armas incrustadas en fósiles óseos los tenemos en la Cueva de San Teodoro (Sicilia) y en Montfort-su-Lizier (Francia), así como en algunas otras. Por otro lado algunas de las representaciones parietales de las cuevas paleolíticas con figuras antropomorfas han sido interpretadas como individuos heridos por flechas, se citan como argumentación entre otras las cuevas de Combel (Francia), Pech-Merle o Plagicci (Italia).

Abrigo de Olivanas-Arte levantino





Por último arguyen los avances tecnológicos relacionados con la eficacia de las armas que se produce en el Paleolítico, como el propulsor, el arco, las boleadoras o las mazas, las cuales multiplican la fuerza humana. Sin duda, de todos estos avances el más significativo es el del arco, que fue inventado probablemente durante el Magdaleniense (último periodo del Paleolítico Superior). Resulta discutible que todos estos desarrollos técnicos respondiesen a necesidades guerreras durante este periodo, estando sin duda relacionados con las actividades cinegéticas.

El Neolítico

Será en este periodo cuando se puede hablar de un origen indiscutible de las guerras a la luz de las primeras evidencias arqueológicas de enfrentamientos bélicos dignos de recibir ese nombre. En el Neolítico como consecuencia del nuevo sistema productivo se van produciendo una serie de cambios que larvan las condiciones necesarias para el surgimiento de las primeras guerras. Los grupos humanos abandonan el nomadismo o seminomadismo definitorio de las etapas precedentes, creando los primeros poblados y aldeas estables que llevan consigo una territorialización latente de las tierras circundantes, la acumulación de excedentes a partir de la ganadería y la agricultura, así como otros bienes como por ejemplo objetos de adorno a los que se asocia cierto prestigio social, la creación de la religión con dioses que idealizan al ser humano y de las ideologías, son todos factores determinantes para el estallido de las primeras guerras. A este conjunto de factores interrelacionados hay que sumar la explosión demográfica sin precedentes que el mundo experimentó al amparo de la multiplicación de recursos que significó la domesticación de los animales y especies vegetales salvajes. Este crecimiento poblacional incrementó la competencia territorial.

Torre de la muralla neolítica de Jericó


Las circunstancias antes descritas permiten observar un progresivo proceso de militarización sociado a las protociudades neolíticas. De este modo en el registro arqueológico se comienzan a documentar los primeros sistemas defensivos en torno a las ciudades. En el neolítico palestino, desde momentos iniciales aún sin el uso de la cerámica (10.350 a. C. a 9370 B.P.), en la ciudad de Jericó, un asentamiento superior a los 38.000 m², el desarrollo del urbanismo va incorporando la implementación de una gran muralla de piedra y de torreones de carácter defensivo como medida preventiva de los ataques de grupos en busca de las riquezas acumuladas por los agricultores, ganadores y comerciantes de la ciudad. Pero más allá de los ejemplos más espectaculares, en el Neolítico se generalizó el uso de fosos concéntricos en torno a los poblados, probablemente reforzados con empalizadas de madera, signo inequívoco del incremento de la violencia política.

Las pinturas de guerra

Además, para fundamentar el origen neolítico de la guerra tenemos un testigo de excepción de la época: las representaciones parietales macroesquemáticas. Las sociedades de agricultores y ganaderos, al igual que en el Paleolítico, fueron creadores de un arte que usando las paredes de las cuevas reflejó su cosmovisión. En la Península Ibérica ese arte se concentra en yacimientos de la zona de Levante (se conoce como arte levantino). En ocasiones estas sociedades neolíticas reflejaron escenas bélicas que constituyen un documento excepcional para rastrear el origen de la guerra.

En la Cova de Roures (Castellón) en uno de sus paneles observamos un enfrentamiento bélico desigual entre dos grupos de guerreros armados con arcos y actitud de ataque, sin que ninguno de los grupos dispare ni se observen heridos, posiblemente representando los momentos preliminares de la batalla. El grupo de la izquierda los forman 5 individuos y dos el de la derecha.

En otra cueva castellonense, el Barranc de les Dogues, el enfrentamiento bélico se hace patente. El campo de batalla presenta 27 guerreros divididos también en dos grupos desiguales, se observa munición de reserva y a uno de los guerreros huyendo herido con una flecha clavada en su muslo.

El Molino de las Fuentes (Albacete) ofrece una batalla masiva de hasta 37 individuos, con una composición más compleja que nos muestra algunos detalles de la estrategia. Una parte de los guerreros disparan como si desde una posición ventajosa dispararan desde un alto, mientras otros permanecen de pie y un grupo de retarguardia aguarda parapetado tras un muro.

Un aspecto diferente de la guerra lo tenemos plasmado en Cova Remigia (Castellón) o en Cueva de la Vieja de Alpera (Albacete) en que los dibujos simbolizan escenas de ejecuciones de prisioneros. Un pelotón de arqueros o bien disparan sobre los prisioneros o bien muestran su júbilo al caer abatidos por las flechas.

lunes, 2 de abril de 2012

Arqueoastronomia: calendarios en el Paleolítico


La  astronomía en el Paleolítico
            
En el registro arqueológico del Paleolítico superior se documentan objetos muebles con diversas representaciones que han sido interpretadas como la prueba arqueológica de los primeros calendarios utilizados por la humanidad. La creación de estos primeros recuentos de los días y las noches se basó en la observación sistemática del cielo y del comportamiento tanto del sol como de la luna. Los movimientos de ambos determinan la duración de los días y de las noches, los cambios de las estaciones, los solsticios y los equinoccios. Pero estas piezas arqueológicas no sólo demuestran los importantes conocimientos de astronomía desde momentos muy antiguos, también son pruebas del desarrollo y el uso habitual de las notaciones numéricas y el inicio del pensamiento matemático, desvirtuando esa imagen popular del ser humano del Paleolítico como hombres y mujeres salvajes.
            
Las pruebas más antiguas se documentan hace 30.000 años, es posible que el pensamiento astronómico y numérico estuviese también presente incluso entre los neandertales. Para analizar estos objetos y probar su interpretación como calendarios y notaciones numéricas los investigadores se basan en rigurosos análisis de las marcas, concluyendo que estas unidades gráficas pueden ser aisladas por grupos en función de sus características técnicas, ya sea por la dirección y profundidad del trazo o por el análisis microscópico de las huellas que deja el instrumento al realizarlas, a partir de ellas se puede determinar el útil empleado. Las marcas en estos objetos fueron realizadas de forma secuencial, es decir, en los diferentes momentos en que el objeto fue reutilizado. Estos hechos son pruebas palpables de las actividades de cálculo y observación de fenómenos astronómicos se realizaban ya en épocas remotas.
           
Primeros calendarios de la Prehistoria
            
Mal´ta (Irkutsk, Siberia) es un yacimiento siberiano sito en las cercanías del lago Baikal, en el cual se ha documentado una importante colección de representaciones paleolíticas muebles (18.000-15.000 B.P.). Además, el registro arqueológico ha aportado una placa de marfil que el arqueólogo soviético Boris Frolov interpretó como un calendario lunar. Se trata de una placa rectangular en marfil de mamut en la que mediante la incisión de orificios se ha dibujado una espiral central con siete espiras crecientes. El conjunto se cierra con dos grupos de espirales menores en los laterales de la placa. En la espiral central se observan 243 orificios, mientras la suma del resto de las espirales denota otros 122 orificios. Un fácil cálculo de los orificios totales nos da la suma de 365, exactamente la duración de un año. Por otro lado en la zona siberiana de Mal´ta la duración del invierno se prolonga justamente durante 243 días, por 122 del verano. Un aspecto importante a considerar y que refuerza la consistencia de la interpretación calendárica de la placa de Mal´ta es el ciclo de gestación del reno, básico en la dieta de la zona por su importante aportación calórica que ayuda a combatir las bajas temperaturas, siendo 243 días.  
            
En la antigua Checoslovaquia se localiza el excepcional yacimiento de Dolni-Vêstonice (Brno), famoso por el grupo de Venus documentadas en sus estratos. Con una cronología de 28.000 B.P. se documentaron dos fragmentos de una misma piedra que se puede asimilar a un calendario lunar. En ellas se aprecian una serie de incisiones que representarían cada uno de los días que componen el mes lunar. Las incisiones de la piedra representan a la luna tanto en el ciclo creciente como decreciente. Muy significativo para la interpretación de la piedra como calendario lunar es el hecho de que la marca que hace el número 30 tiene la mitad de longitud que el resto, remarcando así su importancia: el fin de ciclo.
            
En Hungría, en el yacimiento de Bodrogkeresztur se produjo el hallazgo de un artefacto arqueológico de piedra caliza cuyos excavadores proponen la interpretación como un calendario lunar. La datación por el contexto arqueológico en que se documentó va más allá de 20.000 años (solutrense). El objeto presenta una forma redonda con muescas en los bordes, el lado que no presenta marcas es achatado. En la parte superior tiene grabadas dos líneas verticales, flanqueadas en la izquierda por doce marcas y en la derecha por otras once. El conjunto se cierra en la parte inferior con un trazo horizontal grabado. La línea vertical de la izquierda junto con las otras doce muescas hay que interpretarlas como los primeros trece días del ciclo lunar, el cuarto creciente, los días 14, 15, 16 estarían representados por la línea inferior horizontal, las once muescas de la derecha representarían la parte final de ciclo, el cuarto menguante. Finalmente la línea vertical de la derecha representaría el último día del mes.
            

En la Dordoña francesa, en el abrigo Blanchard, se encontró un omóplato con 69 marcas de tendencia circular que según el antropólogo norteamericano A. Marschack hay que interpretarlas como las diferentes fases lunares. Estaríamos ante la representación de dos meses lunares y un medio. De hecho, las marcas parecen ser dibujos en miniatura de la luna, algunas grabadas de forma totalmente redonda, y que representarían la luna llena, las restantes no acaban de tomar forma totalmente redondeada, por lo que cabe una clara interpretación de cuartos crecientes y decrecientes, los cuartos están dibujados hacia la derecha o hacia la izquierda. La representación da comienzo por el centro de la superficie de la placa, siguiendo una línea serpenteante con marcas acumulativas y secuenciales que los primeros astrónomos de la humanidad asimilarían a la continuidad de los cambios lunares observada en el cielo. Los niveles arqueológicos en que se recuperó este calendario lunar se corresponden con el auriñaciense, en los inicios del Paleolítico superior, por lo que la datación de la placa se remonta a 30.000 años.
           
El cielo y la tierra
            
Poco después del inicio del Paleolítico superior, en torno al 30.000 B.P., se produce un recrudecimiento del clima, bajando las temperaturas mínimas que provocan un retroceso en la expansión de los bosques, los cuales sólo se mantienen en pequeños reductos en el sur del continente europeo: Francia y en la Península Ibérica, así como Italia. La expansión de la masa glaciar alcanza su extensión máxima hace unos 18.000 años, lo que provoca una importante regresión del nivel de las aguas marinas. A partir de ese momento el clima va recuperándose hasta alcanzar valores similares a los actuales en el inicio del Holoceno (10.000 B.P).
            
En unas condiciones medioambientales como éstas desde los inicios  del Paleolítico superior el conocimiento de los recursos de la naturaleza y de los ciclos de la misma por parte del Homo sapiens era cuestión fundamental para su subsistencia, ya que esta dependía de la caza de los animales salvajes y de la recolección de frutos silvestres, claramente marcados por los ritmos anuales. Y para medir el paso del tiempo el mejor recurso con el que contaba el hombre del Paleolítico era conocer los movimientos del sol y los ciclos de la luna. La paciente observación de las diferentes fases del crecimiento lunar permitió al hombre paleolítico la acumulación de un conocimiento colectivo que le capacitó para predecir las épocas de maduración de los frutos y las épocas de nacimiento de las crías. En definitiva, el control del paso del tiempo significó planificar así sus migraciones siguiendo las grandes manadas de animales en sus desplazamientos estacionales, el aprovechamiento de los frutos de la naturaleza en su época de maduración y planificar la conservación de recursos alimenticios para las épocas de carestía. Por ejemplo, las notaciones calendáricas permite conocer de forma precisa en que época del año los salmones vuelven para remontar las aguas de los ríos y desovar.
           
Arqueoastronomía
           
La arqueoastronomía es la disciplina que estudia el conocimiento de los astros y el cielo, así como las creencias y las prácticas relacionadas con esto y su influencia en la vida cotidiana del pasado a través de los restos arqueológicos. Este estudio nació al calor de la disputa científica que se produjo en los años 70 del siglo XX sobre si los restos arqueológicos de los grandes monumentos de la prehistoria reciente en Gran Bretaña como es el caso de Stonehege estaban alineados de forma consciente en relación al sol, la luna y las estrellas.

Diario Alerta

lunes, 19 de marzo de 2012

Benjamina: La discapacidad en los seres humanos de la Sierra de Atapuerca

El yacimiento de la ‘Sima de los Huesos` de la sierra de Atapuerca es uno de los yacimientos más singulares del mundo, con una acumulación de un número mínimo de 32 individuos, pertenecientes a la especie Homo heidelbergensis. La cronología de los fósiles obtenida mediante técnicas isotópicas y el estudio de las especies paleontológicas del yacimiento se remonta a hace unos 530.000 años. La Sima forma parte de un complejo cárstico junto con la Sima del Elefante, Cueva Mayor y la Cueva del Silo y su acceso resulta muy complicado al tener que descender unos 14 metros de profundidad por un pozo hasta el depósito. A lo largo de más de 25 años de historia arqueológica los diferentes hallazgos de fósiles han ido constituyendo el lugar como el mayor yacimiento del planeta con fósiles humanos de más de 250.000 años. Para describir la excepcionalidad del yacimiento burgalés sólo es necesario aportar un dato: más del 90% de los restos fósiles humanos datados en el Pleistoceno medio (720.000-120.000 años) se encontraron entre las tierras arcillosas de la Sima de los Huesos. Su importancia reside en la ingente cantidad de información que aporta, lo que conlleva que Homo heidelbergensis sea la especie humana mejor conocida.

¿Qué revela una acumulación de fósiles tan fabulosa?.
               
Son varios miles los huesos humanos fosilizados en los estratos de la Sima de los Huesos con una conservación excepcional, y entre ellos están representados todas las partes del esqueleto. El recuento de las mandíbulas, un hueso único en cada individuo, permitió a los investigadores establecer el número mínimo de individuos representados. En la Sima la representación de ambos sexos es paritaria, por edades el grupo de población más representado es el de los adultos de entre 17 y 45 años, de los que se ha podido determinar a 14 individuos, los individuos juveniles de entre 10 a 16 años son 13 y sólo un individuo infantil.
            
Un aspecto relevante para la correcta interpretación de esta acumulación de fósiles es que se trata de un depósito primario, los restos se encuentran en el lugar donde se depositaron, aunque con un matiz: los cadáveres se depositaron en la rampa de acceso y fueron arrastrados mínimamente por corrimientos de aguas y barro unos metros hasta su ubicación definitiva. Que el depósito de los fósiles sea el original es el factor determinante para que se hayan podido localizar incluso las partes óseas más frágiles y difíciles de conservar.

Excalibur
La hipótesis de trabajo más razonable parece indicar que tal acumulación es intencionada y responde a la acción de mentes con una capacidad simbólica importante. Estamos pues, ante el enterramiento más antiguo documentado en el registro arqueológico según la opinión de sus excavadores, aportándonos valiosos datos acerca de las creencias de heidelbergensis. Además del análisis contextual, los investigadores argumentan que la clave para comprender el significado del yacimiento no se encuentra en los restos óseos sino en el único útil documentado en el yacimiento: una herramienta de piedra, un bifaz o hacha de mano, al que dieron el nombre de Excalibur, tallada en cuarcita roja con una cuidada técnica, una materia prima que no se encuentra en el entorno de Atapuerca, lo que confirma su excepcionalidad y el valor simbólico de la pieza, depositado a modo de ofrenda.
                 
Por sus dientes les conocerás: homínidos diestros.
                
Un estudio de los dientes anteriores (caninos e incisivos) que recoge 163 fósiles pertenecientes a 20 individuos permite inferir que en Homo heidelbergensis ya estaba presente una característica muy humana, la laterización del cerebro, es decir, eran mayoritariamente diestros. Esto está relacionado con la división del cerebro en dos hemisferios especializados cada uno en determinadas funciones. Los dientes presentaban unas marcas oblicuas fortuitas producto de cómo heidelbergensis cortaba los diversos materiales como las fibras vegetales, las pieles o la carne, sujetándolos con los dientes y con una mano, mientras la mano libre la emplearía en cortar.
            
Para llegar a esta conclusión se llevó a cabo un ensayo de arqueología experimental, en él se emplearon piezas dentarias procedentes de intervenciones odontológicas, estas fueron encajadas en un protector bucal que se asimilaba al prognatismo presente en las poblaciones de heidelbergensis. Sobre este ensamblaje dos personas, una zurda y otra diestra, se dispusieron a realizar diferentes cortes. Los resultados fueron elocuentes, en ambos casos las marcas eran oblicuas pero variaban en su dirección, hacia la izquierda en la persona zurda y la derecha en la persona diestra.
            
El estudio comparativo de las marcas presentes en los dientes de la Sima con las marcas producidas en los dientes modernos concluye que del total de 20 individuos muestreados de los fósiles de Atapuerca, al menos 15 eran predominante diestros. La laterización del cerebro ya estaba presente en esta especie humana.
                
Discapacidad en la Sierra de Atapuerca
            
La buena representación de todos los huesos humanos en los fósiles de la Sima nos permite tener un conocimiento de aspectos de la vida de estas poblaciones que muchas veces no están al alcance  de las investigaciones. Uno de ellos es la discapacidad y la forma en que esta era asumida durante el Paleolítico medio. Dos son los fósiles cuyos análisis detallados han aportado datos acerca de las discapacidades que arrastraban estos Homo heidelbergensis, uno es la famosa pelvis conocida como Elvis y el otro es un cráneo bastante completo conocido como Benjamina.
            
Pelvis de Homo heidelbergensis
La pelvis corresponde a un ejemplar de homo adulto, que probablemente superaba los 45 años en el momento de su fallecimiento. Sería pues, un anciano ya que el ritmo de envejecimiento durante el Paleolítico inferior era superior al actual, y padecía una discapacidad locomotriz que le obligaba a utilizar un báculo en sus desplazamientos. Esta es la conclusión que ha aportado el estudio de la pelvis y la columna lumbar. El estudio revela que este individuo padecía enfermedades degenerativas importantes que le provocaron fuertes dolores y adoptar posiciones encorvadas. En las condiciones hostiles del Pleistoceno medio las posibilidades de supervivencia con una movilidad reducida serían muy limitadas al no contar con la capacidad de proveerse de alimentos por medio de la caza. El haber sobrevivido durante un periodo prolongado conviviendo con esta discapacidad es una prueba inequívoca según los autores del estudio de la solidaridad social de estos grupos tanto para individuos discapacitados como para con los ancianos.
            
Puede aducirse que la supervivencia del individuo no prueba de forma concluyente que la solidaridad jugase un papel importante en las estrategias de supervivencia de estos grupos humanos. Resulta verosímil que este individuo discapacitado desempeñase otros roles importantes dentro del grupo como la recolección de frutos silvestres, el cuidado de los individuos infantiles o la transmisión de conocimientos en la talla de útiles de piedra, hueso y madera, o los conocimientos de las propiedades medicinales de las plantas. Las respuestas a estas dudas razonables están en otro de los fósiles de la Sima de los Huesos, el cráneo  conocido como Benjamina.
            
Corresponde este ejemplar al cráneo nº14 de los recuperados en la Sima, es un individuo infantil de sexo femenino que murió al final de la etapa infantil, con unos diez años. El estudio de los restos craneales permite conocer la importante patología que padecía esta niña y que lastro sus capacidades, una extraña enfermedad congénita llamada craneosinostosis lambdoidea, con una escasísima incidencia en las poblaciones actuales. Con la craneosinostosis las suturas del cráneo se cierran prematuramente impidiendo un desarrollo normal del cerebro y se producen formaciones asimétricas del cráneo y el rostro, como consecuencia de ello aparecen discapacidades psicomotoras. Benjamina, afectada por una discapacidad cognitiva importante, sobrevivió hasta los diez años, hecho imposible de no contar con la solidaridad social de los miembros de su grupo, lo que prueba que no recibió ninguna discriminación respeto a otros niños del grupo. Los restos fósiles de la pelvis y el cráneo de Benjamina suponen la primera prueba científica de uno de los rasgos que nos definen como seres humanos, la solidaridad social, el altruismo y el cuidado social con los que se protege a los mayores y discapacidados del grupo.

            
Cráneo de Benjamina
La arqueología es una ciencia que mira al presente con los ojos del pasado. Los datos que exponemos en este artículo acerca de la solidaridad social y la colaboración resultan coherentes con la realidad material de 500.000 años atrás, cuando existía un sistema productivo de cazadores-recolectores con un acceso a los recursos únicamente limitado por las características propias de la naturaleza, sin propiedad privada, entonces la solidaridad social surgía de forma natural, inherente al propio sistema social. Resulta paradójico que estos primeros datos los vayamos conociendo en el momento que asistimos al intento por parte de las clases dominantes de instalar el pensamiento único, que nos hace ver al mercado y la competitividad como intrínsecos a la naturaleza humana, una especie de “destino divino” inevitable, mientras desmontan el Estado del bienestar en pos de una mayor acumulación de beneficios en pocas manos. Esto siempre se llamó lucha de clases. Los datos del pasado les desmienten. ¿Será que no todos los miembros de Homo sapiens de todos los rasgos evolutivos?.

jueves, 15 de marzo de 2012

Arqueología: Artículo crítico: Los hombres del Ciervo Rojo…una dudosa nueva especie humana


La noticia de un nuevo estudio sobre restos óseos humanos procedentes de dos cuevas del sudeste asiático ha sido recogida con excesiva rapidez por la prensa como la documentación de una nueva especie humana en el ya complejo panorama de la evolución humana. En realidad, el estudio presentado en la revista científica “PLoS ONE” no permite la aseveración de tal posibilidad con rotundidad, siendo los propios autores los que afirman que es tan sólo una de las hipótesis de trabajo. Por lo tanto, la afirmación del descubrimiento de una nueva especie dentro de la Evolución Humana  sólo se puede enmarcar en la frenética carrera por ser el primero en publicar una rama más en la poblada familia de homínidos que conocemos como seres humanos. 

Recreación

Los restos óseos          

Los dos conjuntos de fósiles objeto de estudio fueron recuperados en sendas cuevas chinas durante los años 1979 y 1989 y pertenecen a individuos con características anatómicas similares. Ambas cuevas son la cueva de Longlin y la cueva de Maludong, que significa cueva del Ciervo Rojo, y que ha dado el nombre a esta nueva población “los hombres del Ciervo Rojo”. Durante el 2008 se retomó el estudio de los tres individuos fósiles de Maludong por parte de un equipo de investigación internacional formado por científicos chinos y australianos, mientras que para el individuo de la cueva de Longlin hubo que esperar a 2009, año en que fue extraído del bloque de piedra donde estaban incrustados los restos fósiles, los cuales se mantenían en la propia cueva. 

Los fósiles presentados corresponden fundamentalmente al esqueleto craneal, siendo escasas las partes del esqueleto postcraneal recuperadas (algún fémur, sacro…). El trabajo de los científicos se centró en el análisis de los fragmentos de cráneos, las mandíbulas y los dientes, los cuales muestran rasgos presentes en poblaciones de Homo erectus, de Homo neanderthalensis y de Homo sapiens, así como otros totalmente propios y originales.

La capacidad craneal del “hombre de los Ciervos Rojos” fue determinada a partir de endomoldes generados por tomografías computarizadas y se estimó en 1327 cm³, ligeramente por debajo de la media tanto de las poblaciones neandertales como del hombre anatómicamente moderno, pero dentro del rango de variabilidad de dichas poblaciones.

Cráneo del Hombre de los Ciervos Rojos
La descripción de estas poblaciones asiáticas nos habla de cavidades cerebrales redondeadas con  arcos supraorbitales algo marcados. Además presentan un grosor en las paredes de sus cráneos importante, con un desarrollo de cara corto y de perfil plano, así como índice de grosor nasal próximo a las poblaciones neandertales. Sus mandíbulas apuntaban hacia fuera pero carecían de la clásica barbilla presente en los humanos modernos. Los escáneres a los que fue sometida la calota cerebral muestran que denotan semejanza con lóbulos frontales del hombre anatómicamente moderno, así como una significativa divergencia en sus lóbulos parietales, los cuales son arcaicos.

Dataciones

El estudio publica el análisis de los restos óseos de un número mínimo de cuatro individuos datados por radiocarbono de forma bastante sólida a partir de carbón vegetal recogido dentro de la cavidad endocraneal (LL1)  y por series de uranio  en una horquilla temporal entre  14.310 ± 340 cal. BP a 11.590 ± 160 cal. años BP. No fue posible la datación directa de los huesos por medio del radiocarbono por la pérdida del colágeno de los mismos. La estratigrafía del depósito reveló la consistencia de las fechas aportadas por el radiocarbono en relación a la secuencia estratigráfica. Además, la composición del depósito sedimentario revela un alto contenido de granos finos ferrimagnéticos propios de períodos cálidos y húmedos como es el interestadial Bolling-Allerod (en la transición del Pleistoceno al Holoceno). Un momento en que en China estaba en marcha los inicios de la neolitización con los primeros desarrollos de la agricultura.

Hipótesis de trabajo

Aunque los medios de comunicación se han hecho reflejo de la aparición de una especie nueva de humanos, lo cierto es que los autores presentan dos hipótesis explicativas de los restos fósiles en el propio estudio. La primera, es cierto, sugiere la presencia de una nueva especie humana en los restos de las cuevas chinas, en la cual se observan rasgos anatómicos modernos, presentes en Homo sapiens, junto con rasgos arcaicos de poblaciones neandertales y de Homo erectus. La segunda hipótesis planteada por los autores es que los fósiles representen algún linaje de una población de Homo sapiens arcaica, emigrada desde África en un momento anterior a 100.000 años y que en condiciones de aislamiento genético conservó parte de esos rasgos arcaicos en el sudeste asiático. Una tercera posibilidad (no planteada en el estudio) sería que a la llegada de Homo sapiens a la zona intercambiarán genes con las poblaciones arcaicas asiáticas de Homo erectus, o alguna otra desconocida, siendo estos cuatro especímenes un ejemplo de estos híbridos.

Crítica

La explicación más convincente para estos nuevos fósiles humanos no parece que sea su clasificación como una nueva especie dentro del árbol genealógico del ser humano, aunque no es descartable que nuevos hallazgos en el futuro lo confirmen. Pero por el momento parece una posibilidad más que arriesgada ante lo exiguo de la muestra estudiada. Tan sólo se conocen datos de su cráneo a partir de unos pocos fósiles. Se desconoce por completo su esqueleto postcraneal y se echa en falta el estudio genético de su ADN que apoye su clasificación como especie, ya que los esfuerzos de los científicos por recuperarlo han sido infructuosos por el momento. La experiencia nos enseña como la clasificación de las especies de homínidos a partir únicamente de datos anatómicos extraídos de la Paleoantropología es cuando menos dudosa y arriesgada. Un ejemplo claro es la cuestión neandertal. Anatómicamente es indudable que sapiens y neandertal se han de clasificar como especies diferentes, sin embargo la decodificación del genoma neandertal demostró la interacción genética entre ambas poblaciones humanas con la presencia de descendencia fértil, lo que ha hecho a los investigadores cuestionar su clasificación como especies diferentes. Desde mi punto de vista, la clasificación de especies requiere además de un estudio anatómico, datos sobre su comportamiento social, su producción tecnológica y sus formas de vida, y de la corroboración a través de su ADN.

Quizás lo más sensato sea trabajar por el momento con la hipótesis de que los nuevos fósiles respondan a un linaje arcaico de Homo sapiens, sometido a condiciones de aislamiento genético, y que se configurasen como los antepasados de las actuales etnias mongoloides, propias de esta zona asiática. Las diferencias físicas con los Homo sapiens parecen esconder una variabilidad lógica entre diferentes etnias y si además lo comparamos con Homo sapiens arcaico esas diferencias se ven atenuadas. De hecho, el rastreo de otros fósiles nos conduce a encontrar las poblaciones más parecidas  en los restos humanos  encontrados en África (Nigeria o Sudáfrica), datados en torna a hace mas de 100.000 años. Esta tesis se ve reforzada con el análisis de los aborígenes australianos, los cuales presentan importantes diferencias con los sapiens ortodoxos sin dejar de serlo.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Arqueología: La música en el Paleolitico (II). Instrumentos de la Prehistoria


El artículo de la semana pasada supuso un primer acercamiento al sugestivo y controvertido tema de los pasos iniciales de la música durante el Paleolítico superior a través de los instrumentos de hueso documentados en el registro arqueológico que han sido interpretados de forma sólida como flautas, en este nuevo artículo cerraremos el tema con un somero repaso a otro tipo de pruebas, alguna de ellas bastante más discutibles, que de igual modo nos permiten conocer como la música formaba parte de la vida de las sociedades predadoras ya en épocas remotas. No sólo podemos rastrear la música en el Paleolítico por el análisis de los instrumentos que en mejor o peor estado se han conservado en los niveles arqueológicos de los yacimientos, sino que algunas representaciones paleolíticas (aunque ciertamente muy escasas) nos permiten observar instrumentos musicales o al menos plantear la posibilidad de su representación precaria en las paredes de las cuevas y abrigos prehistóricos.

La batería de Mèzine

Cabaña de Mêzine (Ucrania)
En el yacimiento al aire libre  de Mèzine (15.100 ± 200 BP) en Ucrania se documentó una cabaña epigravetiense de 20 m², con una estructura de tendencia circular y cuyo perímetro estaba marcado con huesos de la pelvis y cráneos de mamuts hincados en la tierra, asimismo de estos mismos huesos se sirvieron para hacer el armazón de la cabaña, para posteriormente ser cubiertos con pieles curtidas para aislar el interior de los vientos y la lluvia. Dentro de la cabaña de huesos el equipo de arqueólogos exhumó los restos de un xilófono o batería consistente en un conjunto de huesos de mamut en los cuales habían sido pintados varios motivos geométricos del tipo zigzag, trazos rectos que se unían para formar espirales o rombos con ocre rojo. El análisis pormenorizado con microscopio de las huellas de uso reveló  marcas de haber sido percutido con reiteración. Para ello se aprovecharon las astas de los renos cazados, las cuales fueron recuperadas en los mismos niveles arqueológicos que el xilófono. Los análisis demostraron  que habían sido empleadas por el hombre del Paleolítico a modo de modernas baquetas musicales para producir los primeros ritmos de la humanidad. Es el xilófono de Mézine un instrumento perfecto para crear ritmos tribales repetitivos y pesados que amenizasen la sociabilidad y las reuniones del grupo, independientemente del carácter que estas pudieran tener, ya fuese este ritual o festivo.

Las bramaderas
                
Bramaderas paleolíticas
Otro instrumento bien documentado durante el Paleolítico superior son las bramaderas o zumbadoras. Las bramaderas prehistóricas son objetos tallados en hueso (generalmente costillas de animales grandes como bóvidos) a los que se ata una cuerda por medio de una pequeña perforación en uno de sus extremos y de los cuales se consigue el sonido al girar la cuerda a modo de lazo, es pues un instrumento de viento. Aunque por motivos de conservación sólo han llegado hasta nosotros las bramaderas óseas paleolíticas no es aventurado pensar que también fueron talladas en materiales más perecederos y difíciles  de conservar como la madera. En la Península Ibérica son numerosos los contextos arqueológicos que han aportado bramaderas, en Cantabria en dos cuevas emblemáticas como son Altamira y El Pendo, Aitzbitarte en Euskadi o la Cueva de las Palomas (Valencia). Suelen ir decoradas con motivos lineales y en algunos casos con representaciones naturalistas de animales, la citada bramadera de El Pendo se decora con grabados de renos. Actualmente las bramaderas son usadas por las comunidades aborígenes australianas como instrumento musical, aunque es posible que durante el Paleolítico fuesen empleadas también como medio de comunicación.
                 
La Venus del cuerno
                
Más conocida como la Venus de Laussel, la Venus del Cuerno es una figura femenina asombrosamente tallada en bajorelieve dentro de un bloque de caliza dura. Su tamaño es de 46 cm y se pueden apreciar los atributos femeninos como senos, caderas o vulva, los cuales están muy marcados, además el brazo y la mano izquierda descansan sobre un vientre abultado que aprovecha el propio relieve de la roca mientras que con la mano diestra sostiene un cuerno de bóvido. Esta figura fue descubierta en la cueva de Laussel, uno de los más importantes yacimientos de la Dordoña francesa, a principios del siglo XX por lo que su datación cronológica resulta al menos problemática y dudosa, se puede hacer una aproximación a su cronología por medio de análisis comparativos con otras Venus de rasgos similares, por lo que parece factible contextualizarla entre el gravetiense y el solutrense (25.000 BP).
                
La interpretación de la figura femenina sosteniendo un cuerno está abierta a diversas posibilidades. Las interpretaciones tradicionales nos hablan de la representación simbólica de opuestos complementarios, lo masculino representado por el cuerno y lo femenino representado por los atributos femeninos exagerados (Leroi-Gourhan), o como una diosa de la fertilidad que sostiene con su mano derecha la abundancia representada por la cornucopia.  Sin embargo, cabría interpretar el cuerno como la representación de un instrumento musical de raspado (guiro) bien documentado por la etnografía, ya que cuenta con una serie de incisiones que por fricción con un material produciría sonidos. En cualquier caso, toda interpretación caerá siempre en la subjetividad pues no hay pruebas contundentes para decantarse por ninguna y excluir las demás.
Venus de Laussel

                 
El brujo de Trois-Frères
                 
En la cueva francesa de Trois-Fréres (Ariège) cerca de la frontera con España podemos observar dos de las imágenes más singulares de la iconografía del Paleolítico superior, la representación de dos antropomorfos. Uno de ellos ha sido interpretado por parte de algunos de los investigadores como portador de un instrumento musical. Es conocido popularmente como el `hombre-bisonte` y se trata de una representación rupestre de un hombre animalizado ya que por una parte presenta rasgos humanos (extremidades inferiores) y por otro se le representa con caracteres de bisonte (cabeza, cuernos y patas delanteras). Próximo a la boca aparecen grabados varios signos lineales, como sostenidos entre las patas delanteras del animal-hombre, que han sido interpretados no sin muchísima polémica como la representación más antigua de un arco musical o una flauta. El brujo a la vez que toca el instrumento estaría danzando dentro de una escena en la que aparecen varios animales más.  La datación de la representación rupestre se remonta a 17.000 BP.
                
Ritmos festivos paleolíticos
                
Más allá de las intensas discusiones más o menos académicas acerca de la solidez de las posibles pruebas arqueológicas de instrumentos musicales, parece fuera de toda discusión que la producción de sonidos formó parte de la vida cotidiana de los clanes y tribus que durante el Paleolítico superior poblaron las frías y en gran parte heladas tierras de Europa, desde la Península Ibérica hasta Ucrania y Rusia. La función social de esos instrumentos musicales pudo ser múltiple y en algunos casos complementaria, desde reclamos para facilitar la caza cuando los cazadores saliesen a buscar presas con las que alimentar al clan, a sistemas de comunicación a distancia, o como elementos dentro de rituales de todo tipo. No resulta difícil deja volar el pensamiento a la Edad de Hielo e imaginar que la unión entre una mujer y un hombre de distintos clanes fuese motivo celebración y que esta se acompañase con ritmos creados con algunos de los instrumentos que hoy son a la vez recuerdos brumosos y testigos lejanos de aquella época. Mientras la pareja se unía sin duda el resto del clan se repartiría funciones: algunos asando el banquete en los hogares y preparando los frutos silvestres recogidos, los más ancianos contando viejas historias míticas de caza o del origen del mundo y los iniciados en el espíritu del sonido creando un ambiente festivo y envolvente al son de las flautas, ocarinas o tambores que arrastrarían a los demás hasta caer agotados ebrios de placer por las danzas y el consumo de plantas alucinógenas que estimularían la imaginación.

Flautas en el paleolítico

http://lacienciadivulgativa.blogspot.com.es/2012/03/arqueologia-la-flauta-de-torak-el.html

jueves, 8 de marzo de 2012

Arqueología: .La música en el Paleolítico. La flauta de Torak el neanderthal (I)

Igual que resulta difícilmente aceptable la utilización del término arte para referirse a las representaciones parietales y muebles del Paleolítico superior, aunque sea un término extremadamente difundido incluso entre la literatura científica, también me resulta discutible que el término música se pueda aplicar con rigor a las primeros sonidos rítmicos obtenidos por el ser humano. A pesar de esto emplearemos el término música de forma utilitaria para acercarnos a un fenómeno del cual apenas existen datos en el registro arqueológico y del que poco sabemos de cual pudo ser su verdadera función dentro del entramado social de los grupos humanos primitivos. Sin duda los primeros instrumentos musicales formaban parte del propio cuerpo del ser humano, utilizando las cuerdas vocales y las palmas de manos y pies a modo de percutores corporales para producir sonidos rítmicos y tribales, quién sabe si también armónicos. Poco a poco fueron desarrollándose instrumentos utilizando como base material pieles, conchas, huesos, piedras o madera.
Es evidente que si el registro arqueológico nos da pruebas indiscutibles de instrumentos de la familia de viento y percusión para producir sonidos armónicos en momentos remotos, hace unos 40.000 años en los albores del Paleolítico superior, la `música` debió formar parte del ser humano muchos años antes. Entre los instrumentos prehistóricos de viento tenemos las flautas, las bramaderas, las zumbadoras, las ocarinas y los silbatos. De los instrumentos de percusión podemos señalar sonajas de conchas, xilófonos o baterías.

La flauta de Divje Babe
   
Divje Babe es una cueva sita al noroeste de Eslovenia con depósitos musterienses, ocupada por grupos humanos de Homo neanderthalensis, donde en 1995 el arqueólogo Iván Turk desenterró la primera flauta conocida, fabricada a partir del hueso fémur de un osezno joven, de apenas dos años, con una datación por C14 de 43.100 ± 700 B.P. (Paleolítico medio), aunque la datación de los niveles arqueológicos en los que se documentó se datan en una edad geológica entre 42.000 y 80.000 años. La flauta, con una longitud original de 37 cm, presenta 5 perforaciones en forma de orificios, cuatro a un lado y un quinto en la parte posterior, justo para ser tapado con el dedo pulgar. Los dos orificios centrales se conservan completos mientras los dos agujeros de los extremo sólo se conservan en parte ya que el hueso ha sido fracturado por procesos postdeposicionales.

Flauta neandertal
La publicación de ese hueso como un instrumento musical desató una polémica importante, siendo negado el carácter intencional por gran parte de la comunidad científica. Detrás de este rechazo se esconden los muchos prejuicios hacia las capacidades cognitivas y simbólica del Homo neanderthalensis, ya que instrumentos similares aparecidos en niveles arqueológicos auriñacienses y gravetienses asociados al Homo sapiens han sido aceptados sin muchos reparos como instrumentos con finalidad musical. Sus detractores argumentan que los orificios son fruto o bien de la casualidad en la que intervienen procesos naturales o bien de la acción de carnívoros que muerden los huesos para acceder a la médula ósea. Resulta demasiado frecuente entre algunos científicos recurrir a la casualidad como explicación cuando aparecen pruebas de un comportamiento complejo entre los grupos neandertales, hecho este que se cae por su propio peso ante la cada vez mayor acumulación de pruebas. Esta discusión transciende la mera interpretación correcta de un artefacto arqueológico, tiene consecuencias e implicaciones importantes que van más allá, pues su aceptación supondría admitir que a tenor de las pruebas que los primeros pasos de los sonidos armónicos musicales corresponderían a Homo neanderthalensis y no a Homo sapiens, aspecto difícil de aceptar por algunos investigadores conservadores ya que colocaría las capacidades cognitivas y simbólicas de los neandertales a la altura del hombre anatómicamente moderno.

¿Qué pruebas existen para sostener el origen antrópico de los agujeros realizados en el fémur de cueva Dijve Babe y por lo tanto de su interpretación como un instrumento musical de viento?. En primer lugar, tres de los agujeros están colocados a una distancia equidistante y un cuarto un poco menos, por otro lado sería realmente asombroso que el único agujero presente en la parte trasera del hueso hubiese sido también resultado de la mordedura de un carnívoro. La proporcionalidad entre los orificios es importante ya que esto es lo que permite establecer las relaciones diatónicas entre los sonidos. Además, los análisis hechos a otros huesos con perforaciones claramente atribuibles a carnívoros presentan una forma de tendencia ovalada y diferentes tamaños mientras que las perforaciones de la flauta de Divje Babi son perfectamente circulares y cada agujero tiene un diámetro similar al resto. Es destacable que en la flauta eslovena no quedan restos de médula ósea ya que ha sido vaciada intencionalmente, hecho que no se detecta cuando los agujeros de los huesos responden a mordeduras de carnívoros. A estos datos hay que añadir que en el propio yacimiento y en los niveles en que se documentó el hueso perforado se hallaron herramientas líticas puntiagudas perfectamente preparadas para realizar perforaciones en materiales más o menos blandos como huesos o madera.

Arqueología experimental

Ante las fuertes críticas recibidas el arqueólogo Iván Turk y el musicólogo Bobi Fink se preguntaron si un instrumento de esas características podía reproducir notas musicales, o incluso si se podrían interpretar piezas de música contemporánea. Para comprobar la verisimilitud de su hipótesis recurrieron a la arqueología experimental reproduciendo todo el proceso de fabricación del instrumento, creando una réplica exacta de la flauta en fémur de oso. El equipo de investigación utilizó en el experimento las mismas herramientas puntiagudas localizadas en los estratos musterienses del yacimiento. El resultado superó lasexpectativas, ya que Bobi Fink (músico profesional) pudo incluso interpretar elfamoso `Himno de la alegría` con una sonoridad casi perfecta.

La flauta de Hohle Fels

Flauta de Hohle Fels
En el registro arqueológico del Paleolítico superior existen numerosos instrumentos musicales interpretados como tales sin estar cuestionados como en el caso anterior. En el yacimiento alemán de Hohle Fels (Valle de Ach) en 2008 se encontró un grupo de ocho flautas de época auriñaciense asociadas a Homo sapiens, trabajadas cuatro de ellas en marfil y otras cuatros en los huesos largos de diferentes animales. La flauta mejor conservada se recuperó fragmentada en una docena de partes y se restauró en el laboratorio de forma casi completa. Estaba tallada en el radio de un buitre leonado (Gyps Fulvus),  de 21,8 cm de longitud y 0,8 cm de diámetro con cinco agujeros repartidos a lo largo de la flauta. Para la datación de estas piezas se han usado dos métodos diferentes,  el radiocarbono y la termoluminicescia, que aportan fechas que van desde los 37.000 a los 40.000 años B.P.

Otras flautas
 
A lo largo del Paleolítico superior se han documentado varias flautas con diferentes cronologías como Dolci Vestonic (Paleolítico superior inicial), Isturitz (gravatiense) o las flautas de La Guelga, la Paloma o Le Placard (Magdaleniense) pero cerraremos este pequeño repaso con dos ejemplares cántabros procedentes de la Cueva del Castillo (Puente Viesgo)  cuya cronología se remonta al magdaleniense.
             
Música y Paleolítico superior
            
Parece evidente que desde principios del Paleolítico superior, y quizás desde finales del Paleolítico medio, los grupos humanos de cazadores-recolectores empleaban diferentes instrumentos para producir sonidos de forma cotidiana. La cuestión más difícil de determinar es que función jugaban esos instrumentos musicales dentro del entramado social prehistórico, cual es el significado que esconden estos instrumentos que han llegado hasta nosotros en forma de objetos arqueológicos. Algunos de los silbatos documentados han sido interpretados como instrumentos de ayuda para la caza, sirviendo como reclamo para la captura de aves. Pero sin duda, la música debió jugar un papel cohesionador dentro de la sociabilidad de los grupos humanos prehistóricos donde los aspectos lúdicos de la música y la danza debieron llenar las largas tardes y noches invernales y otoñales en torno al calor de los hogares en las cuevas en espera de las épocas del año más propicias para la caza y la recolección y servirían también como elemento dinamizador en las celebraciones festivas o rituales.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Arqueología experimental: Música con una flauta neandertal

Video de adelanto de un próximo artículo sobre la flauta neandertal de Divje Babe (Eslovenia), en el que un músico interpreta con la flauta el "Himno de la Alegría". 

http://www.youtube.com/watch?v=nnLsK2f2IzM

miércoles, 29 de febrero de 2012

domingo, 26 de febrero de 2012

Estudio genético de caballos salvajes representados en las cuevas de la prehistoria


Los caballos de Pech-Merle fueron representados con realismo

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Los avances en el campo de la genética están abriendo nuevas vías de investigación en casi todos los campos de la ciencia, incluido el estudio de las representaciones de las sociedades paleolíticas de cazadores-recolectores durante el Pleistoceno. En noviembre de 2011 la revista científica PNAS publicaba un estudio de paleogénetica sobre genotipos de caballos salvajes de la Prehistoria, realizado por un equipo internacional de trabajo dirigido por Melanie Pruvost entre los que participaban investigadores españoles (UAM).

Las llamativas representaciones de caballos con puntos negros de la cueva de Pech-Merle (Francia) provocaban entre los arqueólogos y prehistoriadores uno de los debates más interesantes y recurrentes. Los investigadores dividían sus posiciones entre los que defendían que las representaciones del Pleistoceno reflejaban la variabilidad existente y los que entendían que en realidad respondían a representaciones simbólicas. Ambos planteamientos acaban en discusiones interminables en el marco teórico, difícilmente resolubles. Las conclusiones del estudio han despejado en parte el panorama confirmando que este tipo de caballos trotaban por las praderas del Paleolítico superior en Europa y que responden a retratos realistas más que a interpretaciones simbólicas del ser humano prehistórico, lo cual resta bastante valor simbólico a estas primeras manifestaciones rupestres del Homo sapiens.

Para el estudio se analizó el ADN procedente de restos fósiles (dientes y huesos) de caballos rescatados en niveles arqueológicos de entre 35.000 y 5.000 B.P. de quince yacimientos de la Península Ibérica, Siberia, Francia y Europa del este. De una muestra de treinta y un ejemplares, cuatro de ellos aportaron el gen ligado al tipo de “caballo leopardo”, dieciocho son de color marrón y siete negros. En otros dos ejemplares muestreados también apareció el gen moteado, en este caso pertenecían a fósiles de la Edad del Bronce. El equipo de investigación trabajó sobre nueve locus de ADN nuclear relacionados con la pigmentación del pelaje. Hasta ahora las hipótesis manejaban la posibilidad de que el pelaje moteado de algunos de los caballos domesticados actuales (raza Knabstrupper…) fuese fruto precisamente de la domesticación y la selección de ejemplares.

Las  representaciones de caballos moteados de Pech-Merle están datados en 25.000 B.P.Otros casos de representaciones paleolíticas de caballos moteados es el caballo blanco con manchas negras de la cueva de la Pileta (Málaga), el caballo negro con manchas blancas de la cueva de Lascaux (Francia) o los ejemplares de Mostespan y Mayenne-Sciences (Francia).


viernes, 24 de febrero de 2012

Nerja: el dudoso arte neandetal en el Paleolítico superior

Las polémicas dataciones del arte en la cueva de Nerja.

La primera vez que la arqueología como ciencia tuvo noticias de la especie de ser humano que posteriormente reconoceríamos como Homo neanderthalensis corría el año 1829. El hallazgo tuvo lugar en la región belga de Ingis y a este le sucedería un nuevo cráneo de neandertal adulto, que se localizó en 1848 en la Península Ibérica, en una de las cuevas emplazadas en el peñón de Gibraltar conocida como Forbes. Sin embargo, esos primeros restos del “nuevo hombre” no alcanzarían la trascendencia que para la ciencia escondían hasta que en el año 1856 nuevos hallazgos fósiles (una calota craneal y varios huesos del esqueleto postcraneal) en el valle alemán de Neander (Düsseldorf)  revelaron una forma diferente de ser humano, un nuevo homínido muy próximo al Homo sapiens. Los círculos científicos de la época hablaban de uno de los eslabones perdidos entre el ser humano y el mono. A partir de este momento se iban a suceder diferentes descubrimientos de neandertales a lo largo de casi toda Europa y Oriente Próximo a la vez que se iba reconstruyendo una imagen grotesca de los neandertales, fruto por igual de los prejuicios de los científicos, impregnados por el paradigma creacionista e incapaces de aceptar otra especie humana que estuviese a la altura de Homo sapiens debido a la visión casi omnipotente impuesta por la intolerancia de la Iglesia de una Tierra creada por Dios, y de la falta de datos junto con la escasa precisión de los estudios realizados. La publicación tres años después de los hallazgos de Neander de la obra de Charles Darwin acerca del origen de las especies supuso la primera quiebra de la visión cristiana del origen de la vida, de la cual ya no se recuperaría.

Del hombre-mono a los estudios genéticos


Una vez aceptada la existencia de un ser humano anterior al Homo sapiens comenzó la caracterización de la nueva especie fósil. A principios del siglo XX la imagen de los neandertales proyectada por la comunidad científica era simiesca y brutal, con escasas capacidades intelectuales y emocionales, más cerca de los comportamientos animales que de los humanos, deforme y feo. Esa imagen tan grotesca como irreal prevaleció durante gran parte del siglo, y aún hoy es común entre las masas populares y el público no especializado. Sin embargo, la acumulación de nuevos descubrimientos arqueológicos y el desarrollo de nuevas técnicas de estudio han derrumbado esa imagen como las olas a un castillo de arena. Hoy conocemos las altas capacidades intelectuales y físicas de los neandertales, quienes enterraban a sus muertos con ofrendas, cuidaban de sus semejantes que sufrían la vejez o la discapacidad, empleaban adornos personajes como colgantes de hueso o conchas, cazaban en grupo, dividían los espacios de las cuevas de forma funcional como demuestran los hogares del Abric Romani (Cataluña) o la cama de productos vegetales documentada en la cueva lebaniega de L´Esquilleu (Cantabria), situada junto a un hogar.
               
Pero más allá de las pruebas arqueológicas los estudios de genética aplicados a los fósiles de neandertales han logrado descifrar gran parte de su genoma, aportándonos datos valiosísimos. La reconstrucción del ADN neandertal nos permite conocer que los descendientes de las poblaciones europeas y asiáticas compartimos hasta un 4% de genes neandertales, que el gen del lenguaje (FOXP2) está presente en estas poblaciones, lo cual deja pocas dudas de que empleaban un lenguaje complejo, que la presencia del gen MC1R les proporcionaba una piel pálida y poco velluda, propia de las tierras con escasa insolación o que habrían tenido el cabello rubio y algunos de ellos cobrizo, incluso conocemos la presencia del gen ABO relacionado con los grupos sanguineos.

La última frontera neandertal

Aunque estos y otros muchos datos arqueológicos nos proporcionan una imagen neandertal cercana, profundamente humana, convertida casi un espejo en el cual palparnos, todavía hay científicos que niegan cierto umbral de humanidad a los neandertales, anclados en los viejas teorías se muestran incapaces de aceptar ese golpe de humildad que supone para el Homo sapiens, la especie elegida…que el neandertal tuviese una capacidad cognitiva similar a HAM.
           
Y en la última frontera neandertal arguyen, cierto es que en base a una mezcla entre  prejuicios y la falta de pruebas concluyentes con las que se cuenta hasta ahora, que las representaciones rupestres (mal llamado arte paleolítico) son obra del Homo sapiens, y que Homo neanderthalensis carecería de sentido estético  y simbólico.
           
La evidencia de que los neandertales fueron capaces de plasmar sus ideas a través de representaciones rupestres es posible que sea una cuestión de tiempo o no, pero uno de los primeros en plantear abiertamente esa hipótesis en base a ciertas pero no concluyentes pruebas científicas (indirectas) ha sido el especialista en arte prehistórico y profesor de la Universidad de Córdoba José Luis Sanchidrian, quien recientemente ha aportado interesantes datos de sus estudios en la cueva de Nerja (Málaga), donde dirige los trabajos de conservación.

Sus planteamientos: seis focas pintadas por los neandertales

La cueva de Nerja es una de las más brillantes cuevas con representaciones rupestres de la Península Ibérica, descubierta en 1970. Entre sus figuras se encuentran 6 representaciones en rojo que inicialmente fueron interpretadas como pisciformes pero que en la actualidad existe el consenso de ver en ellas seis focas perfiladas con ocre rojo. Las seis focas se encuentran en un pequeño divertículo en las entrañas de la cueva, al que se llega después de recorrer un kilómetro, y para acceder a él es necesario el empleo de equipos de espeleología.
                
Durante los trabajos de excavación dirigidos por el profesor Sanchidrián se recogieron varias muestras de carbón a unos escasos diez centímetros de las representaciones cuyos análisis han proporcionado dataciones entre 43.500 y 42.300 años (Paleolítico medio), por lo que de ser cierta la relación entre carbones y representaciones, estas serían las más antiguas de la humanidad, un dato ya impresionante de por sí pero que palidece ante la hipótesis planteada por el equipo de investigación: la mano o las manos ejecutoras de dichas representaciones era neandertal. Una revolución científica que derrumbaría uno de los paradigmas más sólidos dentro de la arqueología, que el arte fue creado por el Homo sapiens durante el Paleolítico superior. Los carbones provendrían de las lámparas utilizadas como iluminación para alcanzar un lugar tan recóndito y llevar a cabo las representaciones o bien habrían sido llevados allí por visitantes posteriores por lo que deja abierta la posibilidad de incluso las pinturas sean más antiguas.

Argumentos de la hipótesis

El equipo de investigación basa su argumentación además de las fechas obtenidas por medio del C14 en varios datos. En primer lugar, los únicos restos fósiles conocidos en la zona para fechas tan antiguas pertenecen a neandertales, los cuales perviven en la provincia de Málaga, así como en toda la costa mediterránea murciana y andaluza hasta hace 30.000 años, asociados a la industria musteriense. Para fechas, en torno al 40.000 BP, las únicas evidencias conocidas de Homo sapiens para Europa son los fósiles de la cueva Oase 2 (Rumanía) y los restos arqueológicos indican que la colonización de Europa se produjo de norte a sur, documentándose por la progresiva presencia del complejo de industria lítica Auriñaciense, el cual no llega al sur de la Península hasta hace 30.000 años.  
           
Los restos recuperados en las diferentes excavaciones arqueológicas nos proporcionan información sobre la dieta de los neandertales de la costa andaluza durante finales del Paleolítico medio y principios del Paleolítico superior. Estos neandertales costeros tenían como recurso alimenticio el marisqueo y la caza de focas, hecho que proporciona toda la lógica a la representación de las figuras datadas.
           
Por otro lado, aunque no se ha recuperado ningún fósil neandertal, su presencia en la cueva de Nerja es segura ya que durante la campaña de excavación de 2007 quedó documentada la presencia de industria lítica musteriense, concretamente cuchillos y raederas, fabricada por neandertales. Los niveles estratigráficos donde se localizaron fueron datados en 40.000 BP.
           
La clave para confirmar la hipótesis es la datación de las concreciones de calcita que se han formado encima de las representaciones. Esto permitiría obtener una fecha de referencia a partir de la cual trabajar con una antigüedad mínima para las pinturas, y a la vez confirmar las fechas ya obtenidas por medio del radiocarbono.

Crítica y alternativa

El problema de la hipótesis es que aún no puede ser considerada ni como tal, ya que aún está por publicar junto con el pertinente estudio científico que la avale y permita la pertinente crítica científica. Es cierto que los autores aportan datos sugestivos, pero aún muy poco sólidos aunque razonables.

De hecho, caben otras hipótesis distintas, que la autoría correspondiese a Homo sapiens que hubiesen alcanzado Europa atravesando el Estrecho de Gibraltar y que hubiesen convivido con los neandertales en el sur de la Península entre 15.000 y 20.000 años. Esta tesis rompería con la idea de que la única vía de llegada a Europa se produjo desde Oriente Medio, si bien no hay ningún dato arqueológico ni siquiera que lo insinúe. O bien que los carbones datados nada tengan que ver con las pinturas y se correspondan con dos episodios distintos.