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lunes, 5 de junio de 2017
jueves, 30 de mayo de 2013
Curso online: Arte paleolítico y divulgación científica: nuevas miradas a través de las nuevas tecnologías (UBU virtual)
En el presente curso abordaremos una introducción
con fines divulgativos de los conocimientos básicos del arte
producido por las sociedades de cazadores-recolectores durante el
Paleolítico superior. Se tratarán los temas tradicionales así como
los últimos avances puestos de manifiesto por las investigaciones.
Esta enfocado de manera divulgativa, utilizando las nuevas
tecnologías y haciéndolo accesible a todo tipo de público, desde
profesionales de la arqueología, a estudiantes de Historia,
Arqueología, Humanidades, Historia del Arte, Patrimonio o el público
aficionado en general. De esta manera el alumno alcanzará los
conocimientos básicos acerca de las técnicas, la distribución, las
temáticas y la autoría del arte paleolítico, abordando del mismo
modo temas poco tratados como el sexo, la música, las técnicas del
cine en el arte paleolítico, los retratos humanos, la discusión
sobre la participación neandertal en el arte o el origen de la
cerámica en el arte figurativo.
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| Autor: Ramessos. This file is licensed under the public domain. |
sábado, 19 de mayo de 2012
El origen de la guerra en la Prehistoria: un acercamiento arqueológico
Indagar el origen de los
enfrentamientos bélicos en el pasado, en el seno de las sociedades
prehistóricas, es una tarea ardua y espinosa, ya que a la habitual
precariedad de evidencias arqueológicas además hay que sumarle la
dificultad de diferenciar entre los episodios de violencia
individual, más o menos palpables en los fósiles del registro
arqueológico, de los primeros actos que pueden entenderse como actos
de guerra. Por ello hemos de comenzar acotando los términos con los
que podemos definir la guerra. Una cuestión sustancial en el
concepto de guerra es la discusión acerca de su carácter cultural,
es decir, que surge como un fenómeno social en un momento histórico
como consecuencia de un desarrollo económico, social y cultural
importante, o por el contrario, como defienden algunos autores, la
guerra está latente en nuestro bagaje biológico, y una primera
expresión de esa biología guerrera se formularía en la caza. Sin
embargo, las pruebas arqueológicas y etnográficas existentes
parecen desechar esta posibilidad, ya que existen sociedades que no
han conocido ni conocen la guerra en su seno, por lo que habría que
caracterizarla como un hecho social que responde a cuestiones
materiales.
Pero comencemos por
definir lo que hemos de entender por guerra. En primer lugar es un
enfrentamiento entre un grupo significativo de individuos, ya sean
individuos miembros de un misma etnia o grupo social o de otros
diferenciados. Esa violencia tiene que estar desasociada de los
brotes de violencia cuyos factores desencadenantes tienen raíces más
o menos personales. El origen de la guerra tiene un componente
político en su sentido más amplio, los primeros enfrentamientos
bélicos emergen por el control del territorio de los primeros grupos
humanos que desarrollan un proceso de patrimonialización de ese
territorio y que se veían amenazado ese territorio por la presión
demográfica. Asociado a este proceso o más bien como consecuencia
de esto se estable una lucha por el acceso a los recursos de esos
territorios, lo que provoca lo que se conoce como sobrepoblación
ecológica.
¿Origen paleolítico
o neolítico?
Existen dos posturas
encontradas a la hora de definir en qué momento de la Prehistoria se
producen los primeros comportamientos violentos asociados a la
guerra. Por un lado están aquellos investigadores que defienden un
origen paleolítico de la guerra como desarrollo último de la caza,
y por otro, los científicos, influenciados por el materialismo
marxista, que asocian la aparición de la guerra con las sociedades
complejas del Neolítico y las desigualdades.
Las primeras pruebas de
muertes violentas se remontan al Paleolítico Superior (45.000-12.000
BP), incluso existe alguna evidencia durante el Paleolítico Medio
aunque estas resultan más discutidas entre los especialistas. La
interpretación de las pruebas de ambos periodos como actos de guerra
son más que dudosas, aunque algunos autores han querido ver en ellas
el origen de la guerra y la evidencia de comportamientos bélicos en
las sociedades de cazadores-recolectores, atribuyendo a estos grupos
humanos un importante comportamiento bélico, incluso superior al
presente en las sociedades modernas. Estos argumentos son bastante
débiles y en realidad esconden los prejuicios ideológicos que
buscan la justificación de la violencia actual en el pasado, como
forma de justificar el orden establecido.
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| Calco del hombre con arco del abrigo de Olivanas |
Veamos algunos de los
argumentos esgrimidos. En la frontera italo-francesa se localizan la
Cueva de Grimaldi (Liguaria), cuya ocupación más antigua se remonta
a hace unos 35.000 años B.P., en ella se documentaron los restos
fósiles de un individuo infantil que murió a consecuencia de las
heridas provocadas por la punta de un proyectil que se alojó en una
de sus vertebras. Ejemplos similares de muertes violentas en que se
han recuperado armas incrustadas en fósiles óseos los tenemos en la
Cueva de San Teodoro (Sicilia) y en Montfort-su-Lizier (Francia), así
como en algunas otras. Por otro lado algunas de las representaciones
parietales de las cuevas paleolíticas con figuras antropomorfas han
sido interpretadas como individuos heridos por flechas, se citan como
argumentación entre otras las cuevas de Combel (Francia), Pech-Merle
o Plagicci (Italia).
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| Abrigo de Olivanas-Arte levantino |
Por último arguyen los
avances tecnológicos relacionados con la eficacia de las armas que
se produce en el Paleolítico, como el propulsor, el arco, las
boleadoras o las mazas, las cuales multiplican la fuerza humana. Sin
duda, de todos estos avances el más significativo es el del arco,
que fue inventado probablemente durante el Magdaleniense (último
periodo del Paleolítico Superior). Resulta discutible que todos
estos desarrollos técnicos respondiesen a necesidades guerreras
durante este periodo, estando sin duda relacionados con las
actividades cinegéticas.
El Neolítico
Será en este periodo
cuando se puede hablar de un origen indiscutible de las guerras a la
luz de las primeras evidencias arqueológicas de enfrentamientos
bélicos dignos de recibir ese nombre. En el Neolítico como
consecuencia del nuevo sistema productivo se van produciendo una
serie de cambios que larvan las condiciones necesarias para el
surgimiento de las primeras guerras. Los grupos humanos abandonan el
nomadismo o seminomadismo definitorio de las etapas precedentes,
creando los primeros poblados y aldeas estables que llevan consigo
una territorialización latente de las tierras circundantes, la
acumulación de excedentes a partir de la ganadería y la
agricultura, así como otros bienes como por ejemplo objetos de
adorno a los que se asocia cierto prestigio social, la creación de
la religión con dioses que idealizan al ser humano y de las
ideologías, son todos factores determinantes para el estallido de
las primeras guerras. A este conjunto de factores interrelacionados
hay que sumar la explosión demográfica sin precedentes que el mundo
experimentó al amparo de la multiplicación de recursos que
significó la domesticación de los animales y especies vegetales
salvajes. Este crecimiento poblacional incrementó la competencia
territorial.
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| Torre de la muralla neolítica de Jericó |
Las circunstancias antes
descritas permiten observar un progresivo proceso de militarización
sociado a las protociudades neolíticas. De este modo en el registro
arqueológico se comienzan a documentar los primeros sistemas
defensivos en torno a las ciudades. En el neolítico palestino, desde
momentos iniciales aún sin el uso de la cerámica (10.350 a. C.
a 9370 B.P.), en la ciudad de Jericó, un asentamiento superior
a los 38.000 m², el desarrollo del urbanismo va incorporando la
implementación de una gran muralla de piedra y de torreones de
carácter defensivo como medida preventiva de los ataques de grupos
en busca de las riquezas acumuladas por los agricultores, ganadores y
comerciantes de la ciudad. Pero más allá de los ejemplos más
espectaculares, en el Neolítico se generalizó el uso de fosos
concéntricos en torno a los poblados, probablemente reforzados con
empalizadas de madera, signo inequívoco del incremento de la
violencia política.
Las pinturas de guerra
Además, para fundamentar
el origen neolítico de la guerra tenemos un testigo de excepción de
la época: las representaciones parietales macroesquemáticas. Las
sociedades de agricultores y ganaderos, al igual que en el
Paleolítico, fueron creadores de un arte que usando las paredes de
las cuevas reflejó su cosmovisión. En la Península Ibérica ese
arte se concentra en yacimientos de la zona de Levante (se conoce
como arte levantino). En ocasiones estas sociedades neolíticas
reflejaron escenas bélicas que constituyen un documento excepcional
para rastrear el origen de la guerra.
En la Cova de Roures
(Castellón) en uno de sus paneles observamos un enfrentamiento
bélico desigual entre dos grupos de guerreros armados con arcos y
actitud de ataque, sin que ninguno de los grupos dispare ni se
observen heridos, posiblemente representando los momentos
preliminares de la batalla. El grupo de la izquierda los forman 5
individuos y dos el de la derecha.
En otra cueva
castellonense, el Barranc de les Dogues, el enfrentamiento bélico se
hace patente. El campo de batalla presenta 27 guerreros divididos
también en dos grupos desiguales, se observa munición de reserva y
a uno de los guerreros huyendo herido con una flecha clavada en su
muslo.
El Molino de las Fuentes
(Albacete) ofrece una batalla masiva de hasta 37 individuos, con una
composición más compleja que nos muestra algunos detalles de la
estrategia. Una parte de los guerreros disparan como si desde una
posición ventajosa dispararan desde un alto, mientras otros
permanecen de pie y un grupo de retarguardia aguarda parapetado tras
un muro.
Un aspecto diferente de
la guerra lo tenemos plasmado en Cova Remigia (Castellón) o en Cueva
de la Vieja de Alpera (Albacete) en que los dibujos simbolizan
escenas de ejecuciones de prisioneros. Un pelotón de arqueros o bien
disparan sobre los prisioneros o bien muestran su júbilo al caer
abatidos por las flechas.
lunes, 2 de abril de 2012
Arqueoastronomia: calendarios en el Paleolítico
La astronomía en el Paleolítico
En el registro arqueológico del Paleolítico superior se
documentan objetos muebles con diversas representaciones que han sido
interpretadas como la prueba arqueológica de los primeros calendarios
utilizados por la humanidad. La creación de estos primeros recuentos de los
días y las noches se basó en la observación sistemática del cielo y del
comportamiento tanto del sol como de la luna. Los movimientos de ambos
determinan la duración de los días y de las noches, los cambios de las
estaciones, los solsticios y los equinoccios. Pero estas piezas arqueológicas
no sólo demuestran los importantes conocimientos de astronomía desde momentos
muy antiguos, también son pruebas del desarrollo y el uso habitual de las notaciones
numéricas y el inicio del pensamiento matemático, desvirtuando esa imagen
popular del ser humano del Paleolítico como hombres y mujeres salvajes.
Las pruebas más antiguas se documentan hace 30.000 años,
es posible que el pensamiento astronómico y numérico estuviese también presente
incluso entre los neandertales. Para analizar estos objetos y probar su
interpretación como calendarios y notaciones numéricas los investigadores se
basan en rigurosos análisis de las marcas, concluyendo que estas unidades
gráficas pueden ser aisladas por grupos en función de sus características
técnicas, ya sea por la dirección y profundidad del trazo o por el análisis microscópico de las huellas que deja el instrumento al realizarlas, a partir de ellas se
puede determinar el útil empleado. Las marcas en estos objetos fueron
realizadas de forma secuencial, es decir, en los diferentes momentos en que el
objeto fue reutilizado. Estos hechos son pruebas palpables de las actividades
de cálculo y observación de fenómenos astronómicos se realizaban ya en épocas
remotas.
Primeros calendarios de la Prehistoria
Mal´ta (Irkutsk, Siberia) es un
yacimiento siberiano sito en las cercanías del lago Baikal, en el cual se ha
documentado una importante colección de representaciones paleolíticas muebles
(18.000-15.000 B.P.). Además, el registro arqueológico ha aportado una placa de
marfil que el arqueólogo soviético Boris Frolov interpretó como un calendario
lunar. Se trata de una placa rectangular en marfil de mamut en la que mediante
la incisión de orificios se ha dibujado una espiral central con siete espiras
crecientes. El conjunto se cierra con dos grupos de espirales menores en los
laterales de la placa. En la espiral central se observan 243 orificios,
mientras la suma del resto de las espirales denota otros 122 orificios. Un
fácil cálculo de los orificios totales nos da la suma de 365, exactamente la
duración de un año. Por otro lado en la zona siberiana de Mal´ta la duración
del invierno se prolonga justamente durante 243 días, por 122 del verano. Un
aspecto importante a considerar y que refuerza la consistencia de la
interpretación calendárica de la placa de Mal´ta es el ciclo de gestación del
reno, básico en la dieta de la zona por su importante aportación calórica que
ayuda a combatir las bajas temperaturas, siendo 243 días.
En la antigua Checoslovaquia se localiza el excepcional yacimiento
de Dolni-Vêstonice (Brno), famoso por el grupo de Venus documentadas en sus
estratos. Con una cronología de 28.000 B.P. se documentaron dos fragmentos de una
misma piedra que se puede asimilar a un calendario lunar. En ellas se aprecian
una serie de incisiones que representarían cada uno de los días que componen el
mes lunar. Las incisiones de la piedra representan a la luna tanto en el ciclo
creciente como decreciente. Muy significativo para la interpretación de la
piedra como calendario lunar es el hecho de que la marca que hace el número 30
tiene la mitad de longitud que el resto, remarcando así su importancia: el fin
de ciclo.
En Hungría, en el yacimiento de Bodrogkeresztur se
produjo el hallazgo de un artefacto arqueológico de piedra caliza cuyos
excavadores proponen la interpretación como un calendario lunar. La datación
por el contexto arqueológico en que se documentó va más allá de 20.000 años
(solutrense). El objeto presenta una forma redonda con muescas en los bordes,
el lado que no presenta marcas es achatado. En la parte superior tiene grabadas
dos líneas verticales, flanqueadas en la izquierda por doce marcas y en la
derecha por otras once. El conjunto se cierra en la parte inferior con un trazo
horizontal grabado. La línea vertical de la izquierda junto con las otras doce
muescas hay que interpretarlas como los primeros trece días del ciclo lunar, el
cuarto creciente, los días 14, 15, 16 estarían representados por la línea
inferior horizontal, las once muescas de la derecha representarían la parte
final de ciclo, el cuarto menguante. Finalmente la línea vertical de la derecha
representaría el último día del mes.
En la Dordoña francesa, en el abrigo Blanchard, se encontró un omóplato con 69 marcas de tendencia circular que según el antropólogo norteamericano A. Marschack hay que interpretarlas como las diferentes fases lunares. Estaríamos ante la representación de dos meses lunares y un medio. De hecho, las marcas parecen ser dibujos en miniatura de la luna, algunas grabadas de forma totalmente redonda, y que representarían la luna llena, las restantes no acaban de tomar forma totalmente redondeada, por lo que cabe una clara interpretación de cuartos crecientes y decrecientes, los cuartos están dibujados hacia la derecha o hacia la izquierda. La representación da comienzo por el centro de la superficie de la placa, siguiendo una línea serpenteante con marcas acumulativas y secuenciales que los primeros astrónomos de la humanidad asimilarían a la continuidad de los cambios lunares observada en el cielo. Los niveles arqueológicos en que se recuperó este calendario lunar se corresponden con el auriñaciense, en los inicios del Paleolítico superior, por lo que la datación de la placa se remonta a 30.000 años.
El cielo y la tierra
Poco después del inicio del Paleolítico superior, en
torno al 30.000 B.P., se produce un recrudecimiento del clima, bajando las
temperaturas mínimas que provocan un retroceso en la expansión de los bosques,
los cuales sólo se mantienen en pequeños reductos en el sur del continente
europeo: Francia y en la Península Ibérica, así como Italia. La expansión de la
masa glaciar alcanza su extensión máxima hace unos 18.000 años, lo que provoca
una importante regresión del nivel de las aguas marinas. A partir de ese
momento el clima va recuperándose hasta alcanzar valores similares a los
actuales en el inicio del Holoceno (10.000 B.P).
En unas condiciones medioambientales como éstas desde los
inicios del Paleolítico superior el
conocimiento de los recursos de la naturaleza y de los ciclos de la misma por
parte del Homo sapiens era cuestión fundamental para su subsistencia, ya que
esta dependía de la caza de los animales salvajes y de la recolección de frutos
silvestres, claramente marcados por los ritmos anuales. Y para medir el paso
del tiempo el mejor recurso con el que contaba el hombre del Paleolítico era
conocer los movimientos del sol y los ciclos de la luna. La paciente
observación de las diferentes fases del crecimiento lunar permitió al hombre
paleolítico la acumulación de un conocimiento colectivo que le capacitó para
predecir las épocas de maduración de los frutos y las épocas de nacimiento de
las crías. En definitiva, el control del paso del tiempo significó planificar
así sus migraciones siguiendo las grandes manadas de animales en sus
desplazamientos estacionales, el aprovechamiento de los frutos de la naturaleza
en su época de maduración y planificar la conservación de recursos alimenticios
para las épocas de carestía. Por ejemplo, las notaciones calendáricas permite
conocer de forma precisa en que época del año los salmones vuelven para
remontar las aguas de los ríos y desovar.
Arqueoastronomía
La arqueoastronomía es la disciplina que estudia el
conocimiento de los astros y el cielo, así como las creencias y las prácticas
relacionadas con esto y su influencia en la vida cotidiana del pasado a través
de los restos arqueológicos. Este estudio nació al calor de la disputa
científica que se produjo en los años 70 del siglo XX sobre si los restos arqueológicos
de los grandes monumentos de la prehistoria reciente en Gran Bretaña como es el
caso de Stonehege estaban alineados de forma consciente en relación al sol, la
luna y las estrellas.
Diario Alerta
Diario Alerta
lunes, 19 de marzo de 2012
Benjamina: La discapacidad en los seres humanos de la Sierra de Atapuerca
El
yacimiento de la ‘Sima de los Huesos` de la sierra de Atapuerca es uno de los
yacimientos más singulares del mundo, con una acumulación de un número mínimo de
32 individuos, pertenecientes a la especie Homo
heidelbergensis. La cronología de los fósiles obtenida mediante técnicas
isotópicas y el estudio de las especies paleontológicas del yacimiento se
remonta a hace unos 530.000 años. La Sima forma parte de un complejo cárstico
junto con la Sima del Elefante, Cueva Mayor y la Cueva del Silo y su acceso
resulta muy complicado al tener que descender unos 14 metros de profundidad por
un pozo hasta el depósito. A lo largo de más de 25 años de historia
arqueológica los diferentes hallazgos de fósiles han ido constituyendo el lugar
como el mayor yacimiento del planeta con fósiles humanos de más de 250.000
años. Para describir la excepcionalidad del yacimiento burgalés sólo es
necesario aportar un dato: más del 90% de los restos fósiles humanos datados en
el Pleistoceno medio (720.000-120.000 años) se encontraron entre las tierras
arcillosas de la Sima de los Huesos. Su importancia reside en la ingente
cantidad de información que aporta, lo que conlleva que Homo heidelbergensis sea la especie humana mejor conocida.
¿Qué
revela una acumulación de fósiles tan fabulosa?.
Son varios miles los huesos humanos fosilizados en los estratos de la Sima de los Huesos con una conservación excepcional, y entre ellos están representados todas las partes del esqueleto. El recuento de las mandíbulas, un hueso único en cada individuo, permitió a los investigadores establecer el número mínimo de individuos representados. En la Sima la representación de ambos sexos es paritaria, por edades el grupo de población más representado es el de los adultos de entre 17 y 45 años, de los que se ha podido determinar a 14 individuos, los individuos juveniles de entre 10 a 16 años son 13 y sólo un individuo infantil.
Un aspecto relevante para la correcta interpretación de esta acumulación de fósiles es que se trata de un depósito primario, los restos se encuentran en el lugar donde se depositaron, aunque con un matiz: los cadáveres se depositaron en la rampa de acceso y fueron arrastrados mínimamente por corrimientos de aguas y barro unos metros hasta su ubicación definitiva. Que el depósito de los fósiles sea el original es el factor determinante para que se hayan podido localizar incluso las partes óseas más frágiles y difíciles de conservar.
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| Excalibur |
Por
sus dientes les conocerás: homínidos diestros.
Un estudio de los dientes anteriores (caninos e incisivos) que recoge 163 fósiles pertenecientes a 20 individuos permite inferir que en Homo heidelbergensis ya estaba presente una característica muy humana, la laterización del cerebro, es decir, eran mayoritariamente diestros. Esto está relacionado con la división del cerebro en dos hemisferios especializados cada uno en determinadas funciones. Los dientes presentaban unas marcas oblicuas fortuitas producto de cómo heidelbergensis cortaba los diversos materiales como las fibras vegetales, las pieles o la carne, sujetándolos con los dientes y con una mano, mientras la mano libre la emplearía en cortar.
Para llegar a esta conclusión se llevó a cabo un ensayo de arqueología experimental, en él se emplearon piezas dentarias procedentes de intervenciones odontológicas, estas fueron encajadas en un protector bucal que se asimilaba al prognatismo presente en las poblaciones de heidelbergensis. Sobre este ensamblaje dos personas, una zurda y otra diestra, se dispusieron a realizar diferentes cortes. Los resultados fueron elocuentes, en ambos casos las marcas eran oblicuas pero variaban en su dirección, hacia la izquierda en la persona zurda y la derecha en la persona diestra.
El estudio comparativo de las marcas presentes en los dientes de la Sima con las marcas producidas en los dientes modernos concluye que del total de 20 individuos muestreados de los fósiles de Atapuerca, al menos 15 eran predominante diestros. La laterización del cerebro ya estaba presente en esta especie humana.
Discapacidad en la Sierra de Atapuerca
La buena representación de todos los huesos humanos en los fósiles de la Sima nos permite tener un conocimiento de aspectos de la vida de estas poblaciones que muchas veces no están al alcance de las investigaciones. Uno de ellos es la discapacidad y la forma en que esta era asumida durante el Paleolítico medio. Dos son los fósiles cuyos análisis detallados han aportado datos acerca de las discapacidades que arrastraban estos Homo heidelbergensis, uno es la famosa pelvis conocida como Elvis y el otro es un cráneo bastante completo conocido como Benjamina.
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| Pelvis de Homo heidelbergensis |
Puede aducirse que la supervivencia del individuo no prueba de forma concluyente que la solidaridad jugase un papel importante en las estrategias de supervivencia de estos grupos humanos. Resulta verosímil que este individuo discapacitado desempeñase otros roles importantes dentro del grupo como la recolección de frutos silvestres, el cuidado de los individuos infantiles o la transmisión de conocimientos en la talla de útiles de piedra, hueso y madera, o los conocimientos de las propiedades medicinales de las plantas. Las respuestas a estas dudas razonables están en otro de los fósiles de la Sima de los Huesos, el cráneo conocido como Benjamina.
Corresponde este ejemplar al cráneo nº14 de los recuperados en la Sima, es un individuo infantil de sexo femenino que murió al final de la etapa infantil, con unos diez años. El estudio de los restos craneales permite conocer la importante patología que padecía esta niña y que lastro sus capacidades, una extraña enfermedad congénita llamada craneosinostosis lambdoidea, con una escasísima incidencia en las poblaciones actuales. Con la craneosinostosis las suturas del cráneo se cierran prematuramente impidiendo un desarrollo normal del cerebro y se producen formaciones asimétricas del cráneo y el rostro, como consecuencia de ello aparecen discapacidades psicomotoras. Benjamina, afectada por una discapacidad cognitiva importante, sobrevivió hasta los diez años, hecho imposible de no contar con la solidaridad social de los miembros de su grupo, lo que prueba que no recibió ninguna discriminación respeto a otros niños del grupo. Los restos fósiles de la pelvis y el cráneo de Benjamina suponen la primera prueba científica de uno de los rasgos que nos definen como seres humanos, la solidaridad social, el altruismo y el cuidado social con los que se protege a los mayores y discapacidados del grupo.
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| Cráneo de Benjamina |
jueves, 15 de marzo de 2012
Arqueología: Artículo crítico: Los hombres del Ciervo Rojo…una dudosa nueva especie humana
La noticia de un nuevo estudio
sobre restos óseos humanos procedentes de dos cuevas del sudeste asiático ha
sido recogida con excesiva rapidez por la prensa como la documentación de una
nueva especie humana en el ya complejo panorama de la evolución humana. En
realidad, el estudio presentado en la revista científica “PLoS ONE” no permite
la aseveración de tal posibilidad con rotundidad, siendo los propios autores
los que afirman que es tan sólo una de las hipótesis de trabajo. Por lo tanto,
la afirmación del descubrimiento de una nueva especie dentro de la Evolución
Humana sólo se puede enmarcar en la
frenética carrera por ser el primero en publicar una rama más en la poblada
familia de homínidos que conocemos como seres humanos.
| Recreación |
Los restos óseos
Los dos conjuntos de fósiles objeto de estudio fueron
recuperados en sendas cuevas chinas durante los años 1979 y 1989 y pertenecen a
individuos con características anatómicas similares. Ambas cuevas son la cueva
de Longlin y la cueva de Maludong, que significa cueva del Ciervo Rojo, y que
ha dado el nombre a esta nueva población “los hombres del Ciervo Rojo”. Durante
el 2008 se retomó el estudio de los tres individuos fósiles de Maludong por
parte de un equipo de investigación internacional formado por científicos
chinos y australianos, mientras que para el individuo de la cueva de Longlin hubo que esperar a 2009, año en que fue extraído del bloque de piedra
donde estaban incrustados los restos fósiles, los cuales se mantenían en la
propia cueva.
Los fósiles presentados corresponden fundamentalmente al esqueleto craneal, siendo escasas las
partes del esqueleto postcraneal recuperadas (algún fémur, sacro…). El trabajo
de los científicos se centró en el análisis de los fragmentos de cráneos, las
mandíbulas y los dientes, los cuales muestran rasgos presentes en poblaciones
de Homo erectus, de Homo neanderthalensis y de Homo sapiens, así como otros totalmente
propios y originales.
La capacidad craneal del “hombre
de los Ciervos Rojos” fue determinada a partir de endomoldes generados por
tomografías computarizadas y se estimó en 1327 cm³, ligeramente por debajo de la media
tanto de las poblaciones neandertales como del hombre anatómicamente moderno,
pero dentro del rango de variabilidad de dichas poblaciones.
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| Cráneo del Hombre de los Ciervos Rojos |
La descripción de estas poblaciones
asiáticas nos habla de cavidades cerebrales redondeadas con arcos
supraorbitales algo marcados. Además presentan un grosor en las
paredes de sus cráneos importante, con un desarrollo de cara corto y de perfil
plano, así como índice de grosor nasal próximo a las poblaciones neandertales.
Sus mandíbulas apuntaban hacia fuera pero carecían de la clásica barbilla presente
en los humanos modernos. Los escáneres a los que fue sometida la calota
cerebral muestran que denotan semejanza con lóbulos frontales del hombre
anatómicamente moderno, así como una significativa divergencia en sus lóbulos
parietales, los cuales son arcaicos.
Dataciones
El estudio publica el análisis de
los restos óseos de un número mínimo de cuatro individuos datados por
radiocarbono de forma bastante sólida a partir de carbón vegetal recogido
dentro de la cavidad endocraneal (LL1) y
por series de uranio en una horquilla
temporal entre 14.310 ± 340 cal. BP a 11.590
± 160 cal. años BP. No fue posible la datación directa de los huesos por medio
del radiocarbono por la pérdida del colágeno de los mismos. La
estratigrafía del depósito reveló la consistencia de las fechas aportadas por
el radiocarbono en relación a la secuencia estratigráfica. Además, la
composición del depósito sedimentario revela un alto contenido de granos finos
ferrimagnéticos propios de períodos cálidos y húmedos como es el interestadial
Bolling-Allerod (en la transición del Pleistoceno al Holoceno). Un momento en
que en China estaba en marcha los inicios de la neolitización con los primeros
desarrollos de la agricultura.
Hipótesis de trabajo
Aunque los medios de comunicación
se han hecho reflejo de la aparición de una especie nueva de humanos, lo cierto
es que los autores presentan dos hipótesis explicativas de los restos fósiles
en el propio estudio. La primera, es cierto, sugiere la presencia de una nueva
especie humana en los restos de las cuevas chinas, en la cual se observan
rasgos anatómicos modernos, presentes en Homo
sapiens, junto con rasgos arcaicos de poblaciones neandertales y de Homo erectus. La segunda hipótesis
planteada por los autores es que los fósiles representen algún linaje de una
población de Homo sapiens arcaica,
emigrada desde África en un momento anterior a 100.000 años y que en
condiciones de aislamiento genético conservó parte de esos rasgos arcaicos en
el sudeste asiático. Una tercera posibilidad (no planteada en el estudio) sería
que a la llegada de Homo sapiens a la zona intercambiarán genes con las
poblaciones arcaicas asiáticas de Homo
erectus, o alguna otra desconocida, siendo estos cuatro especímenes un
ejemplo de estos híbridos.
Crítica
La explicación más convincente
para estos nuevos fósiles humanos no parece que sea su clasificación como una
nueva especie dentro del árbol
genealógico del ser humano, aunque no es descartable que nuevos hallazgos en el
futuro lo confirmen. Pero por el momento parece una posibilidad más que
arriesgada ante lo exiguo de la muestra estudiada. Tan sólo se conocen datos de su cráneo a partir de unos pocos
fósiles. Se desconoce por completo su esqueleto postcraneal y se echa en falta
el estudio genético de su ADN que apoye su clasificación como especie, ya que
los esfuerzos de los científicos por recuperarlo han sido infructuosos por el
momento. La experiencia nos enseña como la clasificación de las especies de homínidos
a partir únicamente de datos anatómicos extraídos de la Paleoantropología es
cuando menos dudosa y arriesgada. Un ejemplo claro es la cuestión neandertal. Anatómicamente
es indudable que sapiens y neandertal se han de clasificar como especies
diferentes, sin embargo la decodificación del genoma neandertal demostró la
interacción genética entre ambas poblaciones humanas con la presencia de
descendencia fértil, lo que ha hecho a los investigadores cuestionar su
clasificación como especies diferentes. Desde mi punto de vista, la
clasificación de especies requiere además de un estudio anatómico, datos sobre
su comportamiento social, su producción tecnológica y sus formas de vida, y de
la corroboración a través de su ADN.
Quizás lo más sensato sea
trabajar por el momento con la hipótesis de que los nuevos fósiles respondan a
un linaje arcaico de Homo sapiens, sometido a condiciones de aislamiento
genético, y que se configurasen como los antepasados de las actuales etnias
mongoloides, propias de esta zona asiática. Las diferencias físicas con los
Homo sapiens parecen esconder una variabilidad lógica entre diferentes etnias y
si además lo comparamos con Homo sapiens arcaico esas diferencias se ven
atenuadas. De hecho, el rastreo de otros fósiles nos conduce a encontrar las
poblaciones más parecidas en los restos humanos
encontrados en África (Nigeria o
Sudáfrica), datados en torna a hace mas de 100.000 años. Esta tesis se ve
reforzada con el análisis de los aborígenes australianos, los cuales presentan
importantes diferencias con los sapiens ortodoxos sin dejar de serlo.
miércoles, 14 de marzo de 2012
Arqueología: La música en el Paleolitico (II). Instrumentos de la Prehistoria
El
artículo de la semana pasada supuso un primer acercamiento al sugestivo y
controvertido tema de los pasos iniciales de la música durante el Paleolítico
superior a través de los instrumentos de hueso documentados en el registro
arqueológico que han sido interpretados de forma sólida como flautas, en este
nuevo artículo cerraremos el tema con un somero repaso a otro tipo de pruebas,
alguna de ellas bastante más discutibles, que de igual modo nos permiten conocer
como la música formaba parte de la vida de las sociedades predadoras ya en
épocas remotas. No sólo podemos rastrear la música en el Paleolítico por el
análisis de los instrumentos que en mejor o peor estado se han conservado en
los niveles arqueológicos de los yacimientos, sino que algunas representaciones
paleolíticas (aunque ciertamente muy escasas) nos permiten observar
instrumentos musicales o al menos plantear la posibilidad de su representación
precaria en las paredes de las cuevas y abrigos prehistóricos.
La batería de Mèzine
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| Cabaña de Mêzine (Ucrania) |
En
el yacimiento al aire libre de Mèzine
(15.100 ±
200 BP) en Ucrania se documentó una cabaña epigravetiense de 20 m², con una
estructura de tendencia circular y cuyo perímetro estaba marcado con huesos de
la pelvis y cráneos de mamuts hincados en la tierra, asimismo de estos mismos
huesos se sirvieron para hacer el armazón de la cabaña, para posteriormente ser
cubiertos con pieles curtidas para aislar el interior de los vientos y la
lluvia. Dentro de la cabaña de huesos el equipo de arqueólogos exhumó los
restos de un xilófono o batería consistente en un conjunto de huesos de mamut
en los cuales habían sido pintados varios motivos geométricos del tipo zigzag,
trazos rectos que se unían para formar espirales o rombos con ocre rojo. El
análisis pormenorizado con microscopio de las huellas de uso reveló marcas de haber sido percutido con
reiteración. Para ello se aprovecharon las astas de los renos cazados, las cuales
fueron recuperadas en los mismos niveles arqueológicos que el xilófono. Los análisis demostraron que habían sido empleadas por el hombre del Paleolítico a modo de modernas
baquetas musicales para producir los primeros ritmos de la humanidad. Es
el xilófono de Mézine un instrumento perfecto para crear ritmos tribales
repetitivos y pesados que amenizasen la sociabilidad y las reuniones del grupo,
independientemente del carácter que estas pudieran tener, ya fuese este ritual
o festivo.
Las bramaderas
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| Bramaderas paleolíticas |
Otro instrumento
bien documentado durante el Paleolítico superior son las bramaderas o
zumbadoras. Las bramaderas prehistóricas son objetos tallados en hueso
(generalmente costillas de animales grandes como bóvidos) a los que se ata una
cuerda por medio de una pequeña perforación en uno de sus extremos y de los
cuales se consigue el sonido al girar la cuerda a modo de lazo, es pues un
instrumento de viento. Aunque por motivos de conservación sólo han llegado
hasta nosotros las bramaderas óseas paleolíticas no es aventurado pensar que
también fueron talladas en materiales más perecederos y difíciles de conservar como la madera. En la Península
Ibérica son numerosos los contextos arqueológicos que han aportado bramaderas,
en Cantabria en dos cuevas emblemáticas como son Altamira y El Pendo,
Aitzbitarte en Euskadi o la Cueva de las Palomas (Valencia). Suelen ir
decoradas con motivos lineales y en algunos casos con representaciones naturalistas
de animales, la citada bramadera de El Pendo se decora con grabados de renos.
Actualmente las bramaderas son usadas por las comunidades aborígenes
australianas como instrumento musical, aunque es posible que durante el
Paleolítico fuesen empleadas también como medio de comunicación.
La Venus del cuerno
Más
conocida como la Venus de Laussel, la Venus del Cuerno es una figura femenina
asombrosamente tallada en bajorelieve dentro de un bloque de caliza dura. Su
tamaño es de 46 cm y se pueden apreciar los atributos femeninos como senos,
caderas o vulva, los cuales están muy marcados, además el brazo y la mano
izquierda descansan sobre un vientre abultado que aprovecha el propio relieve
de la roca mientras que con la mano diestra sostiene un cuerno de bóvido. Esta
figura fue descubierta en la cueva de Laussel, uno de los más importantes
yacimientos de la Dordoña francesa, a principios del siglo XX por lo que su
datación cronológica resulta al menos problemática y dudosa, se puede hacer una
aproximación a su cronología por medio de análisis comparativos con otras Venus
de rasgos similares, por lo que parece factible contextualizarla entre el
gravetiense y el solutrense (25.000 BP).
La
interpretación de la figura femenina sosteniendo un cuerno está abierta a
diversas posibilidades. Las interpretaciones tradicionales nos hablan de la representación
simbólica de opuestos complementarios, lo masculino representado por el cuerno
y lo femenino representado por los atributos femeninos exagerados
(Leroi-Gourhan), o como una diosa de la fertilidad que sostiene con su mano
derecha la abundancia representada por la cornucopia. Sin embargo, cabría interpretar el cuerno como
la representación de un instrumento musical de raspado (guiro) bien documentado
por la etnografía, ya que cuenta con una serie de incisiones que por fricción
con un material produciría sonidos. En cualquier caso, toda interpretación
caerá siempre en la subjetividad pues no hay pruebas contundentes para
decantarse por ninguna y excluir las demás.
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| Venus de Laussel |
El brujo de Trois-Frères
En la cueva
francesa de Trois-Fréres (Ariège) cerca de la frontera con España podemos
observar dos de las imágenes más singulares de la iconografía del Paleolítico
superior, la representación de dos antropomorfos. Uno de ellos ha sido
interpretado por parte de algunos de los investigadores como portador de un instrumento
musical. Es conocido popularmente como el `hombre-bisonte` y se trata de una
representación rupestre de un hombre animalizado ya que por una parte presenta
rasgos humanos (extremidades inferiores) y por otro se le representa con
caracteres de bisonte (cabeza, cuernos y patas delanteras). Próximo a la boca
aparecen grabados varios signos lineales, como sostenidos entre las patas
delanteras del animal-hombre, que han sido interpretados no sin muchísima
polémica como la representación más antigua de un arco musical o una flauta. El
brujo a la vez que toca el instrumento estaría danzando dentro de una escena en
la que aparecen varios animales más. La
datación de la representación rupestre se remonta a 17.000 BP.
Ritmos festivos paleolíticos
Más allá de
las intensas discusiones más o menos académicas acerca de la solidez de las
posibles pruebas arqueológicas de instrumentos musicales, parece fuera de toda
discusión que la producción de sonidos formó parte de la vida
cotidiana de los clanes y tribus que durante el Paleolítico superior poblaron
las frías y en gran parte heladas tierras de Europa, desde la Península Ibérica
hasta Ucrania y Rusia. La función social de esos instrumentos musicales pudo
ser múltiple y en algunos casos complementaria, desde reclamos para facilitar
la caza cuando los cazadores saliesen a buscar presas con las que alimentar al
clan, a sistemas de comunicación a distancia, o como elementos dentro de
rituales de todo tipo. No resulta difícil deja volar el pensamiento a la Edad
de Hielo e imaginar que la unión entre una mujer y un hombre de distintos
clanes fuese motivo celebración y que esta se acompañase con ritmos creados con
algunos de los instrumentos que hoy son a la vez recuerdos brumosos y testigos
lejanos de aquella época. Mientras la pareja se unía sin duda el resto del clan
se repartiría funciones: algunos asando el banquete en los hogares y preparando
los frutos silvestres recogidos, los más ancianos contando viejas historias
míticas de caza o del origen del mundo y los iniciados en el espíritu del
sonido creando un ambiente festivo y envolvente al son de las flautas, ocarinas
o tambores que arrastrarían a los demás hasta caer agotados ebrios de placer por
las danzas y el consumo de plantas alucinógenas que estimularían la imaginación.
Flautas en el paleolítico
http://lacienciadivulgativa.blogspot.com.es/2012/03/arqueologia-la-flauta-de-torak-el.html
Flautas en el paleolítico
http://lacienciadivulgativa.blogspot.com.es/2012/03/arqueologia-la-flauta-de-torak-el.html
jueves, 8 de marzo de 2012
Arqueología: .La música en el Paleolítico. La flauta de Torak el neanderthal (I)
Igual que resulta difícilmente
aceptable la utilización del término arte para referirse a las representaciones
parietales y muebles del Paleolítico superior, aunque sea un término extremadamente
difundido incluso entre la literatura científica, también me resulta discutible
que el término música se pueda aplicar con rigor a las primeros sonidos
rítmicos obtenidos por el ser humano. A pesar de esto emplearemos el término
música de forma utilitaria para acercarnos a un fenómeno del cual apenas
existen datos en el registro arqueológico y del que poco sabemos de cual pudo
ser su verdadera función dentro del entramado social de los grupos humanos
primitivos. Sin duda los primeros instrumentos musicales formaban parte del
propio cuerpo del ser humano, utilizando las cuerdas vocales y las palmas de
manos y pies a modo de percutores corporales para producir sonidos rítmicos y
tribales, quién sabe si también armónicos. Poco a poco fueron desarrollándose
instrumentos utilizando como base material pieles, conchas, huesos, piedras o
madera.
Es evidente que si el registro arqueológico nos da
pruebas indiscutibles de instrumentos de la familia de viento y percusión para
producir sonidos armónicos en momentos remotos, hace unos 40.000 años en los
albores del Paleolítico superior, la `música` debió formar parte del ser humano
muchos años antes. Entre los instrumentos prehistóricos de viento tenemos las
flautas, las bramaderas, las zumbadoras, las ocarinas y los silbatos. De los
instrumentos de percusión podemos señalar sonajas de conchas, xilófonos o
baterías.
La flauta de Divje
Babe
Divje Babe es una cueva sita al noroeste de Eslovenia con
depósitos musterienses, ocupada por grupos humanos de Homo neanderthalensis,
donde en 1995 el arqueólogo Iván Turk desenterró la primera flauta conocida,
fabricada a partir del hueso fémur de un osezno joven, de apenas dos años, con
una datación por C14 de 43.100 ± 700 B.P. (Paleolítico medio), aunque la
datación de los niveles arqueológicos en los que se documentó se datan en una
edad geológica entre 42.000 y 80.000 años. La flauta, con una longitud original
de 37 cm, presenta 5 perforaciones en forma de orificios, cuatro a un lado y un
quinto en la parte posterior, justo para ser tapado con el dedo pulgar. Los dos
orificios centrales se conservan completos mientras los dos agujeros de los
extremo sólo se conservan en parte ya que el hueso ha sido fracturado por
procesos postdeposicionales.
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| Flauta neandertal |
La publicación de ese hueso como un instrumento musical
desató una polémica importante, siendo negado el carácter intencional por gran
parte de la comunidad científica. Detrás de este rechazo se esconden los muchos
prejuicios hacia las capacidades cognitivas y simbólica del Homo
neanderthalensis, ya que instrumentos similares aparecidos en niveles
arqueológicos auriñacienses y gravetienses asociados al Homo sapiens han sido
aceptados sin muchos reparos como instrumentos con finalidad musical. Sus
detractores argumentan que los orificios son fruto o bien de la casualidad en
la que intervienen procesos naturales o bien de la acción de carnívoros que
muerden los huesos para acceder a la médula ósea. Resulta demasiado frecuente
entre algunos científicos recurrir a la casualidad como explicación cuando
aparecen pruebas de un comportamiento complejo entre los grupos neandertales,
hecho este que se cae por su propio peso ante la cada vez mayor acumulación de
pruebas. Esta discusión transciende la mera interpretación correcta de un
artefacto arqueológico, tiene consecuencias e implicaciones importantes que van
más allá, pues su aceptación supondría admitir que a tenor de las pruebas que
los primeros pasos de los sonidos armónicos musicales corresponderían a Homo
neanderthalensis y no a Homo sapiens, aspecto difícil de aceptar por algunos
investigadores conservadores ya que colocaría las capacidades cognitivas y
simbólicas de los neandertales a la altura del hombre anatómicamente moderno.
¿Qué pruebas existen para sostener el origen antrópico de
los agujeros realizados en el fémur de cueva Dijve Babe y por lo tanto de su
interpretación como un instrumento musical de viento?. En primer lugar, tres de
los agujeros están colocados a una distancia equidistante y un cuarto un poco
menos, por otro lado sería realmente asombroso que el único agujero presente en la parte
trasera del hueso hubiese sido también resultado de la mordedura de un
carnívoro. La proporcionalidad entre los orificios es importante ya que esto es
lo que permite establecer las relaciones diatónicas entre los sonidos. Además,
los análisis hechos a otros huesos con perforaciones claramente atribuibles a
carnívoros presentan una forma de tendencia ovalada y diferentes tamaños
mientras que las perforaciones de la flauta de Divje Babi son perfectamente
circulares y cada agujero tiene un diámetro similar al resto. Es destacable que
en la flauta eslovena no quedan restos de médula ósea ya que ha sido vaciada
intencionalmente, hecho que no se detecta cuando los agujeros de los huesos
responden a mordeduras de carnívoros. A estos datos hay que añadir que en el
propio yacimiento y en los niveles en que se documentó el hueso perforado se
hallaron herramientas líticas puntiagudas perfectamente preparadas para
realizar perforaciones en materiales más o menos blandos como huesos o madera.
Arqueología
experimental
Ante las fuertes
críticas recibidas el arqueólogo Iván Turk y el musicólogo Bobi Fink se
preguntaron si un instrumento de esas características podía reproducir notas
musicales, o incluso si se podrían interpretar piezas de música contemporánea.
Para comprobar la verisimilitud de su hipótesis recurrieron a la arqueología
experimental reproduciendo todo el proceso de fabricación del instrumento,
creando una réplica exacta de la flauta en fémur de oso. El equipo de
investigación utilizó en el experimento las mismas herramientas puntiagudas localizadas
en los estratos musterienses del yacimiento. El resultado superó lasexpectativas, ya que Bobi Fink (músico profesional) pudo incluso interpretar elfamoso `Himno de la alegría` con una sonoridad casi perfecta.
La flauta de Hohle
Fels
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| Flauta de Hohle Fels |
En el registro
arqueológico del Paleolítico superior existen numerosos instrumentos musicales
interpretados como tales sin estar cuestionados como en el caso anterior. En el
yacimiento alemán de Hohle Fels (Valle de Ach) en 2008 se encontró un grupo de
ocho flautas de época auriñaciense asociadas a Homo sapiens, trabajadas
cuatro de ellas en marfil y otras cuatros en los huesos largos de diferentes
animales. La flauta mejor conservada se recuperó fragmentada en una docena de partes
y se restauró en el laboratorio de forma casi completa. Estaba tallada en el
radio de un buitre leonado (Gyps Fulvus), de 21,8 cm de longitud y 0,8 cm de diámetro
con cinco agujeros repartidos a lo largo de la flauta. Para la datación de
estas piezas se han usado dos métodos diferentes, el radiocarbono y la termoluminicescia, que
aportan fechas que van desde los 37.000 a los 40.000 años B.P.
Otras flautas
A lo largo del
Paleolítico superior se han documentado varias flautas con diferentes
cronologías como Dolci Vestonic (Paleolítico superior inicial), Isturitz
(gravatiense) o las flautas de La Guelga, la Paloma o Le Placard
(Magdaleniense) pero cerraremos este pequeño repaso con dos ejemplares
cántabros procedentes de la Cueva del Castillo (Puente Viesgo) cuya cronología se remonta al magdaleniense.
Música y Paleolítico superior
Parece evidente que desde
principios del Paleolítico superior, y quizás desde finales del Paleolítico
medio, los grupos humanos de cazadores-recolectores empleaban diferentes
instrumentos para producir sonidos de forma cotidiana. La cuestión más difícil
de determinar es que función jugaban esos instrumentos musicales dentro del
entramado social prehistórico, cual es el significado que esconden estos
instrumentos que han llegado hasta nosotros en forma de objetos arqueológicos.
Algunos de los silbatos documentados han sido interpretados como instrumentos
de ayuda para la caza, sirviendo como reclamo para la captura de aves. Pero sin
duda, la música debió jugar un papel cohesionador dentro de la sociabilidad de
los grupos humanos prehistóricos donde los aspectos lúdicos de la música y la
danza debieron llenar las largas tardes y noches invernales y otoñales en torno
al calor de los hogares en las cuevas en espera de las épocas del año más
propicias para la caza y la recolección y servirían también como elemento
dinamizador en las celebraciones festivas o rituales.
Música con la flauta neandertal
http://lacienciadivulgativa.blogspot.com.es/2012/03/normal-0-21-false-false-false-es-x-none.html
miércoles, 7 de marzo de 2012
Arqueología experimental: Música con una flauta neandertal
Video de adelanto de un próximo artículo sobre la flauta neandertal de Divje
Babe (Eslovenia), en el que un músico interpreta con la flauta el "Himno de la Alegría".
http://www.youtube.com/watch?v=nnLsK2f2IzM
miércoles, 29 de febrero de 2012
Documental: la astronomia en la Prehistoria
http://www.youtube.com/watch?v=yktDEnhpLNk
Una teoría basada en mediciones precisas interpreta el gran panel de Lascaux como la representación del primer planetario de la Historia.
Una teoría basada en mediciones precisas interpreta el gran panel de Lascaux como la representación del primer planetario de la Historia.
domingo, 26 de febrero de 2012
Estudio genético de caballos salvajes representados en las cuevas de la prehistoria
Los caballos de Pech-Merle fueron representados con realismo
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Los avances en el campo de la
genética están abriendo nuevas vías de investigación en casi todos los campos
de la ciencia, incluido el estudio de las representaciones de las sociedades
paleolíticas de cazadores-recolectores durante el Pleistoceno. En noviembre de
2011 la revista científica PNAS publicaba un estudio de paleogénetica sobre
genotipos de caballos salvajes de la Prehistoria, realizado por un equipo internacional
de trabajo dirigido por Melanie Pruvost entre los que participaban
investigadores españoles (UAM).
Las llamativas representaciones
de caballos con puntos negros de la cueva de Pech-Merle (Francia) provocaban
entre los arqueólogos y prehistoriadores uno de los debates más interesantes y
recurrentes. Los investigadores dividían sus posiciones entre los que defendían
que las representaciones del Pleistoceno reflejaban la variabilidad existente y
los que entendían que en realidad respondían a representaciones simbólicas. Ambos
planteamientos acaban en discusiones interminables en el marco teórico, difícilmente
resolubles. Las conclusiones del estudio han despejado en parte el panorama confirmando que este tipo de caballos trotaban por las praderas del Paleolítico
superior en Europa y que responden a retratos realistas más que a
interpretaciones simbólicas del ser humano prehistórico, lo cual resta bastante
valor simbólico a estas primeras manifestaciones rupestres del Homo sapiens.
Para el estudio se analizó el ADN
procedente de restos fósiles (dientes y huesos) de caballos rescatados en
niveles arqueológicos de entre 35.000 y 5.000 B.P. de quince yacimientos de la
Península Ibérica, Siberia, Francia y Europa del este. De una muestra de treinta y un ejemplares, cuatro
de ellos aportaron el gen ligado al tipo de “caballo leopardo”, dieciocho son de
color marrón y siete negros. En otros dos ejemplares muestreados también apareció
el gen moteado, en este caso pertenecían a fósiles de la Edad del Bronce. El equipo
de investigación trabajó sobre nueve locus de ADN nuclear relacionados con la
pigmentación del pelaje. Hasta ahora las hipótesis manejaban la posibilidad de que
el pelaje moteado de algunos de los caballos domesticados actuales (raza
Knabstrupper…) fuese fruto precisamente de la domesticación y la selección de
ejemplares.
Las representaciones de caballos moteados de Pech-Merle están datados en 25.000 B.P.Otros casos de representaciones paleolíticas de caballos moteados es el caballo blanco con manchas negras de la cueva de la Pileta (Málaga), el caballo negro con manchas blancas de la cueva de Lascaux (Francia) o los ejemplares de Mostespan y Mayenne-Sciences (Francia).
viernes, 24 de febrero de 2012
Nerja: el dudoso arte neandetal en el Paleolítico superior
Las
polémicas dataciones del arte en la cueva de Nerja.
La
primera vez que la arqueología como ciencia tuvo noticias de la
especie de ser humano que posteriormente reconoceríamos como Homo
neanderthalensis corría el año 1829. El hallazgo tuvo lugar en la
región belga de Ingis y a este le sucedería un nuevo cráneo de
neandertal adulto, que se localizó en 1848 en la Península Ibérica,
en una de las cuevas emplazadas en el peñón de Gibraltar conocida
como Forbes. Sin embargo, esos primeros restos del “nuevo hombre”
no alcanzarían la trascendencia que para la ciencia escondían hasta
que en el año 1856 nuevos hallazgos fósiles (una calota craneal y
varios huesos del esqueleto postcraneal) en el valle alemán de
Neander (Düsseldorf) revelaron una forma diferente de ser
humano, un nuevo homínido muy próximo al Homo sapiens. Los círculos
científicos de la época hablaban de uno de los eslabones perdidos
entre el ser humano y el mono. A partir de este momento se iban a
suceder diferentes descubrimientos de neandertales a lo largo de casi
toda Europa y Oriente Próximo a la vez que se iba reconstruyendo una
imagen grotesca de los neandertales, fruto por igual de los
prejuicios de los científicos, impregnados por el paradigma
creacionista e incapaces de aceptar otra especie humana que estuviese
a la altura de Homo sapiens debido a la visión casi omnipotente
impuesta por la intolerancia de la Iglesia de una Tierra creada por
Dios, y de la falta de datos junto con la escasa precisión de los
estudios realizados. La publicación tres años después de los
hallazgos de Neander de la obra de Charles Darwin acerca del origen
de las especies supuso la primera quiebra de la visión cristiana del
origen de la vida, de la cual ya no se recuperaría.
Del
hombre-mono a los estudios genéticos
Una
vez aceptada la existencia de un ser humano anterior al Homo sapiens
comenzó la caracterización de la nueva especie fósil. A principios
del siglo XX la imagen de los neandertales proyectada por la
comunidad científica era simiesca y brutal, con escasas capacidades
intelectuales y emocionales, más cerca de los comportamientos
animales que de los humanos, deforme y feo. Esa imagen tan grotesca
como irreal prevaleció durante gran parte del siglo, y aún hoy es
común entre las masas populares y el público no especializado. Sin
embargo, la acumulación de nuevos descubrimientos arqueológicos y
el desarrollo de nuevas técnicas de estudio han derrumbado esa
imagen como las olas a un castillo de arena. Hoy conocemos las altas
capacidades intelectuales y físicas de los neandertales, quienes
enterraban a sus muertos con ofrendas, cuidaban de sus semejantes que
sufrían la vejez o la discapacidad, empleaban adornos personajes
como colgantes de hueso o conchas, cazaban en grupo, dividían los
espacios de las cuevas de forma funcional como demuestran los hogares
del Abric Romani (Cataluña) o la cama de productos vegetales
documentada en la cueva lebaniega de L´Esquilleu (Cantabria),
situada junto a un hogar.
Pero
más allá de las pruebas arqueológicas los estudios de genética
aplicados a los fósiles de neandertales han logrado descifrar gran
parte de su genoma, aportándonos datos valiosísimos. La
reconstrucción del ADN neandertal nos permite conocer que los
descendientes de las poblaciones europeas y asiáticas compartimos
hasta un 4% de genes neandertales, que el gen del lenguaje (FOXP2)
está presente en estas poblaciones, lo cual deja pocas dudas de que
empleaban un lenguaje complejo, que la presencia del gen MC1R les
proporcionaba una piel pálida y poco velluda, propia de las tierras
con escasa insolación o que habrían tenido el cabello rubio y
algunos de ellos cobrizo, incluso conocemos la presencia del gen ABO
relacionado con los grupos sanguineos.
La
última frontera neandertal
Aunque
estos y otros muchos datos arqueológicos nos proporcionan una imagen
neandertal cercana, profundamente humana, convertida casi un espejo
en el cual palparnos, todavía hay científicos que niegan cierto
umbral de humanidad a los neandertales, anclados en los viejas
teorías se muestran incapaces de aceptar ese golpe de humildad que
supone para el Homo sapiens, la especie elegida…que el neandertal
tuviese una capacidad cognitiva similar a HAM.
Y
en la última frontera neandertal arguyen, cierto es que en base a
una mezcla entre prejuicios y la falta de pruebas concluyentes
con las que se cuenta hasta ahora, que las representaciones rupestres
(mal llamado arte paleolítico) son obra del Homo sapiens, y que Homo
neanderthalensis carecería de sentido estético y simbólico.
La
evidencia de que los neandertales fueron capaces de plasmar sus ideas
a través de representaciones rupestres es posible que sea una
cuestión de tiempo o no, pero uno de los primeros en plantear
abiertamente esa hipótesis en base a ciertas pero no concluyentes
pruebas científicas (indirectas) ha sido el especialista en arte
prehistórico y profesor de la Universidad de Córdoba José Luis
Sanchidrian, quien recientemente ha aportado interesantes datos de
sus estudios en la cueva de Nerja (Málaga), donde dirige los
trabajos de conservación.
Sus
planteamientos: seis focas pintadas por los neandertales
La
cueva de Nerja es una de las más brillantes cuevas con
representaciones rupestres de la Península Ibérica, descubierta en
1970. Entre sus figuras se encuentran 6 representaciones en rojo que
inicialmente fueron interpretadas como pisciformes pero que en la
actualidad existe el consenso de ver en ellas seis focas perfiladas
con ocre rojo. Las seis focas se encuentran en un pequeño
divertículo en las entrañas de la cueva, al que se llega después
de recorrer un kilómetro, y para acceder a él es necesario el
empleo de equipos de espeleología.
Durante
los trabajos de excavación dirigidos por el profesor Sanchidrián se
recogieron varias muestras de carbón a unos escasos diez centímetros
de las representaciones cuyos análisis han proporcionado dataciones
entre 43.500 y 42.300 años (Paleolítico medio), por lo que de ser
cierta la relación entre carbones y representaciones, estas serían
las más antiguas de la humanidad, un dato ya impresionante de por sí
pero que palidece ante la hipótesis planteada por el equipo de
investigación: la mano o las manos ejecutoras de dichas
representaciones era neandertal. Una revolución científica que
derrumbaría uno de los paradigmas más sólidos dentro de la
arqueología, que el arte fue creado por el Homo sapiens durante el
Paleolítico superior. Los carbones provendrían de las lámparas
utilizadas como iluminación para alcanzar un lugar tan recóndito y
llevar a cabo las representaciones o bien habrían sido llevados allí
por visitantes posteriores por lo que deja abierta la posibilidad de
incluso las pinturas sean más antiguas.
Argumentos
de la hipótesis
El
equipo de investigación basa su argumentación además de las fechas
obtenidas por medio del C14 en varios datos. En primer lugar, los
únicos restos fósiles conocidos en la zona para fechas tan antiguas
pertenecen a neandertales, los cuales perviven en la provincia de
Málaga, así como en toda la costa mediterránea murciana y andaluza
hasta hace 30.000 años, asociados a la industria musteriense. Para
fechas, en torno al 40.000 BP, las únicas evidencias conocidas de
Homo sapiens para Europa son los fósiles de la cueva Oase 2
(Rumanía) y los restos arqueológicos indican que la colonización
de Europa se produjo de norte a sur, documentándose por la
progresiva presencia del complejo de industria lítica Auriñaciense,
el cual no llega al sur de la Península hasta hace 30.000 años.
Los
restos recuperados en las diferentes excavaciones arqueológicas nos
proporcionan información sobre la dieta de los neandertales de la
costa andaluza durante finales del Paleolítico medio y principios
del Paleolítico superior. Estos neandertales costeros tenían como
recurso alimenticio el marisqueo y la caza de focas, hecho que
proporciona toda la lógica a la representación de las figuras
datadas.
Por
otro lado, aunque no se ha recuperado ningún fósil neandertal, su
presencia en la cueva de Nerja es segura ya que durante la campaña
de excavación de 2007 quedó documentada la presencia de industria
lítica musteriense, concretamente cuchillos y raederas, fabricada
por neandertales. Los niveles estratigráficos donde se localizaron
fueron datados en 40.000 BP.
La
clave para confirmar la hipótesis es la datación de las
concreciones de calcita que se han formado encima de las
representaciones. Esto permitiría obtener una fecha de referencia a
partir de la cual trabajar con una antigüedad mínima para las
pinturas, y a la vez confirmar las fechas ya obtenidas por medio del
radiocarbono.
Crítica
y alternativa
El
problema de la hipótesis es que aún no puede ser considerada ni
como tal, ya que aún está por publicar junto con el pertinente
estudio científico que la avale y permita la pertinente crítica
científica. Es cierto que los autores aportan datos sugestivos, pero
aún muy poco sólidos aunque razonables.
De hecho, caben otras hipótesis distintas, que la autoría correspondiese a Homo sapiens que hubiesen alcanzado Europa atravesando el Estrecho de Gibraltar y que hubiesen convivido con los neandertales en el sur de la Península entre 15.000 y 20.000 años. Esta tesis rompería con la idea de que la única vía de llegada a Europa se produjo desde Oriente Medio, si bien no hay ningún dato arqueológico ni siquiera que lo insinúe. O bien que los carbones datados nada tengan que ver con las pinturas y se correspondan con dos episodios distintos.
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