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domingo, 7 de octubre de 2018

Las técnicas de elaboración del #arte #rupestre en el Paleolítico superior.


Un aspecto importante en el análisis del arte rupestre es la unidad técnica observada a lo largo de todo el periodo de producción de representaciones gráficas del Paleolítico superior. No existen innovaciones destacables, manteniéndose con pequeños matices tanto en el espacio (en todos los territorios con manifestaciones rupestres) como en el tiempo (todos los tecnocomplejos en que dividimos el Paleolítico superior). 

Una primera clasificación de las técnicas empleadas en el arte rupestre nos permite clasificarlas en base a la relación que se establece entre la representación gráfica y el impacto que su ejecución produce en el propio soporte. De esta manera podemos hablar de técnicas adictívas, sustractivas y modificantes.


La técnica adictivas se emplearían en las representaciones pintadas o dibujadas y se definen como es fácilmente imaginable porque su ejecución supone la adición de materiales al soporte. Esos materiales fundamentalmente son los pigmentos (ocre, manganeso, carbón...). 

Dentro de estas técnicas es sencillo diferenciar diversos tipos de trazo en la ejecución de las representaciones. Uno bastante singular es el punteado o tamponado, que consiste en la realización de puntos sucesivos que pueden estar en unión entre ellos o no, esto nos permitirá diferenciar la técnica del tamponado entre un tamponado discontinuo o yuxtapuesto. Ejemplos del primero se localizan en las cuevas cántabras de La Pondra, El Arco o Covalanas (Fig. 1), recientemente declarada Patrimonio de la Humanidad, cuyas ciervas quizá sean el ejemplo más célebre de este tipo de trazo, y en la vasca de Arenaza. Para implementar esta técnica el ser humano paleolítico se vale de los dedos, de alguna herramienta (puede ser de hueso) o por el soplado de un aerógrafo (de diversos materiales) como es el caso del cápidro representado en el techo de la cueva de Pech-Merle (Francia).  

Calco ciervas. Cueva de Covalanas (Cantabria). Observad diferentes matices en la técnica empleada, el tamponado. Técnica adictiva q consiste crear las figuras a base de puntos. Puede ser  yuxtapuesto o discontinuo como observamos según la zona del cuerpo (Moure et al., 1990).


En ocasiones esta técnica del tamponado se utiliza más allá del trazo del contorno y sirve para acondicionar las partes interiores como es el caso del bisonte de Marsoulas (Francia) (Fig. 2).

Fig. 2. Cueva de Marsoulas (Francia), técnica del tamponado en el interior del cuerpo. Foto: Dominio Público.


Por otro lado tenemos el trazo único, simple o continuo, este pasa por ser el trazo más comúnmente empleado por los seres humanos del Paleolítico superior en sus representaciones gráficas, como resulta evidente ya desde su propio nombre consiste en la ejecución de un solo trazo para llevar a cabo las figuras. Es usado principalmente en las líneas de contorno, de despiece...Encontramos numerosos ejemplos como en Altamira, Ekain (Euskadi), Las Chimeneas (Cantabria), por citar sólo algunos ejemplos de las cuevas más carismáticas. 

Por último hemos de hablar del trazo caligráfico que básicamente consiste en la realización de diversos trazos dentro de un mismo motivo, dotándolos de diferentes grosores con el fin de proporcionar volumén a las diferentes representaciones gráficas. Tenemos trazo caligráfico en Niaux (Francia), El Castillo o La Pasiega entre otras muchos ejemplos.

Evidentemente el primer paso para la ejecución de las representaciones pictóricas es la obtención de los materiales técnicos indispensables para la ejecución del trabajo, entre ellos los pigmentos. Dentro de la paleta paleolítica existen dos colores básicos, el rojo y el negro, los cuales son implementados en diferentes tonalidades. Tanto el blanco (una mano de Gargas) como el amarillo (Chauvet, El Castillo y Lascaux) son usados de forma residual. Los pigmentos evidentemente son de origen natural, se obtienen a partir de materiales orgánicos e inorgánicos: el negro pueden provenir del óxido de manganeso, también de diferentes carbones de origen vegetal (siendo éste el más abundante) y animal. Se aprovechan los restos óseos quemados. Para el rojo y el amarillo la fuente fundamental será el óxido de hierro y los ocres minerales. Además, la pigmentación final aplicada sobre el sustrato rocoso incluía elementos aglutinantes como la grasa animal, plasma sanguíneo, productos vegetales o el agua, que eran utilizados como potenciadores de la capacidad adhesiva del pigmento.

En ocasiones la pigmentación podía ser aplicada en seco, trasladando los fragmentos de carbón vegetal, hueso o madera o bien los fragmentos de ocre por encima de la superficie rocosa. En los yacimientos con representaciones pictóricas podemos detectar diversos modos de aplicación de las pinturas sobre la roca. Se puede extender la pintura directamente aprovechando espátulas de hueso, diversos pinceles fabricados en forma diversa como machacando ramas o aprovechando trozos de pieles, con los propios dedos de la mano o utilizando aerógrafos...

Las técnicas sustractivas son aquellas que erosionan y eliminan parte del soporte, concretamente el grabado y el relieve. Los grabados al igual que las pinturas se localizan tanto en techos, paredes y suelos de los yacimientos. Normalmente se ejecuta con herramientas líticas, especialmente útiles y lascas, pero existen ejemplos en los que se han utilizado herramientas óseas, de manera o incluso los propios dedos. El grabado suele ser utilizado para contornear el perfil de las figuras, siendo en ocasiones también utilizado para la decoración interior.

Se definen diferentes tipos de grabados. Grabados simples y únicos: es un tipo de grabado principalmente atribuible a la etapas iniciales del Paleolítico superior y se localiza en superficies rocosas muy duras. Una variante del anterior es el grabado simple y múltiple consistente en varios trazos cortos y paralelos, poco profundos, muy utilizado en la configuración del contorno de animales durante las fases avanzadas del Paleolítico superior (Solutrense y Magdaleniense). El grabado por estriado se utiliza para decorar partes interiores de los animales, consiste en un haz de trazos indistinguibles entre sí. Este tipo de decoración es característica de las cuevas de la Cornisa Cantábrica durante el Magdaleniense, donde se observan ciervas con esta decoración en el pecho y la mandíbula. El grabado por raspado consiste en tratar las superficies mediante el raspado o frotación con el objeto de conseguir diferentes tonalidades.

Los grabados también se pueden clasificar en función de su amplitud. Esta depende de varios factores, en primer lugar será de importancia en soporte, su dureza intrínseca combinada con el gesto, la herramienta empleada y la fuerza aplicada determinará si el grabado es profundo o superficial.

Otros tipos de grabado responden, a la clasificación dependiendo de forma. Los grabados en V y en U son los más habituales durante el paleolítico. El piqueteado o desconchado es una modalidad de grabado consistente en trazar contornos a base de golpes que eliminan el soporte en función de su violencia, formando pequeñas cazoletas. Es una técnica muy empleada en yacimientos al aire libre como Domingo García, Siega Verde o Foz Coa y en alguna cueva como Venta La Perra (Cantabria). Por último tenemos la técnica conocida como macarronis o trazo digital, consistente en el deslizamiento de los dedos sobre superficies blandas. Es una técnica bastante empleada sobre todo para la realización de signos. En el apartado figurativo quizás las obras más relevante séan la lechuza y el équido de Chauvet. Caben destacar también los trazos digitales de la cueva de La Lora o La Clotilde (Cantabria) (Fig. 2).

Fig. 2. Técnica del trazo digital o macarroni. Cueva La Lora o La Clotilde (Cantabria): uro.


Durante el Paleolítico superior no es posible hablar con rotundidad del desarrollo de esculturas propiamente dichas en el arte parietal. No obstante podemos considerar como una aproximación a estas las técnicas de relieve. Éstas son muchas veces combinadas con el aprovechamiento de las formas naturales de la roca como en el hombre-bisonte de la cueva de El Castillo (Cantabria). La técnica de relieve consiste en erosionar parte de la roca quedando resaltada la figura del que se quiere representar y dependiendo del grado erosión de la roca respecto a la figura “elevada” hablamos de bajorrelieve, semirrelieve, altorrelieve o bulto redondo. Nos encontramos con bajorrelieves en cuevas francesas como el salmón de Abri du Poisson o el mamut de Saint Front. Una variante del relieve será el modelado en arcilla cuyo máximo y esplendoroso ejemplo son los bisontes de la cueva de Tuc-D´Audoubert (Francia) o el oso de Montespan (Francia).

lunes, 19 de enero de 2015

¿Conoces la cueva cántabra con las huellas dactilares más antiguas conservadas?





La cueva de El Castillo (Cantabria) es uno de los yacimientos de referencia en el estudio del Paleolítico medio y Paleolítico superior, así como de la transición entre ambos períodos, tanto por su potente registro arqueológico con una secuencia de más de 14 metros como por haber conservado en sus lienzos parietales uno de los más completos conjuntos de representaciones gráficas del Paleolítico superior. Además, recientemente, un estudio planteó una fecha muy antigua para algunas de sus representaciones gráficas (40.800B.P.), abriendo la posibilidad de la autoria neandertal de las mismas.


Este conjunto forma parte de las cuevas de la Cornisa Cantábrica declaradas Patrimonio de la Humanidad, la gran mayoría también localizadas en Cantabria. La cueva de El Castillo se emplaza en el monte homónimo de El Castillo y en sus laderas se hallan otras tres joyas del Paleolítico superior: la cueva de La Pasiega, la cueva de Las Monedas y la cueva de Las Chimeneas (igualmente declaradas Patrimonio de la Humanidad).


En 2001 durante una campaña de documentación del mal llamado arte paleolítico cántabro, el fotógrafo Pedro Saura, especializado  en la documentación del patrimonio, localizó (casi por accidente) en uno de los paneles de la cueva de las Chimeneas las huellas dactilares más antiguas conservadas. Las huellas dactilares forman al menos un conjunto de 21 impresiones que aunque presentan diferentes grados de conservación son fácilmente identificables. Las huellas quedaron impresas en un panel con grabados y se han conservado gracias a las condiciones medioambientales estables propias de las cuevas, donde apenas varían la humedad y la temperatura. Se trata de un panel arcilloso, blando,  muy propicio para la impresión.

Huellas dactilares de Las Chimeneas


Las preguntas abiertas en torno a estas huellas son diversas, ¿pertenecen a la misma persona que nos legó los grabados paleolíticos?, ¿pertenecen a una o varias personas?, ¿las huellas son del periodo Paleolítico superior?. Son muchas las incógnitas y pocas las certezas pero de todas ellas parece razonable asegurar que se corresponden con el momento de ejecución de los grabados ya que la cueva quedó sellada durante algún momento del Paleolítico superior hasta que a mediados del siglo XX las obras de la carreta de acceso al complejo de cuevas del monte El Castillo descubrieron su entrada original. Además, resulta razonablemente asumible que las huellas pertenecen a una sola persona diestra y quién sabe si se corresponden con el autor de los grabados.

Cueva de Las Chimeneas

En el conjunto de representaciones gráficas de Las Chimeneas se pueden observar dos técnicas diferentes, el grabado y la pintura y en principio, en base a las dataciones realizadas, parecen encuadrables dentro del tecnocomplejo final del Paleolítico superior, el Magdaleniense antiguo, con dataciones en torno a 15.000 B.P. En sus paneles encontramos representados animales como los cérvidos y conjuntos de signos.

martes, 26 de febrero de 2013

El ritual funerario del Paleolítico superior: el enterramiento de la cueva de El Mirón (Cantabria)




A finales del año pasado un grupo de investigación de la Universidad de Cantabria dirigidos por el catedrático de Prehistoria Manuel González Morales daba a conocer a los medios de comunicación los resultados obtenidos en la última campaña arqueológica en la cueva de “El Mirón” (Ramales de la Victoria-Cantabria) representaba la documentación del primer el enterramiento atribuible al período Magdaleniense inferior de la Península Ibérica, cuya datación por carbono 14 retrotraería el depósito funerario a hace 19.000 B.P. Si revisamos un poco más los detalles de esa datación hemos de observar que esa fecha se obtuvo a partir de la datación de restos óseos de animales recuperados en el mismo estrato arqueológico que los restos óseos humanos. La datación se completó con fechas obtenidas de restos carbonizados de madera de enebro procedentes del estrato de tierra que recubría el enterramiento y que arrojaron una fecha coherente: 18.300 B.P.

El enterramiento

En el enterramiento de El Mirón estamos ante un depósito de un individuo juvenil de aspecto grácil, parece bastante plausible que se corresponda con un sujeto femenino, en el que está en representado gran parte del esqueleto postcraneal pero aún así faltan algunas piezas, que quizás se documenten en posteriores intervenciones. Se trata de un enterramiento secundario, esto significa que los restos óseos fueron recogidos y depositados en el lugar que se han localizado un tiempo después de la muerte. Esta hipótesis se establece a partir de las marcas de posibles mordeduras observadas en una de las tibias. El estudio tafonómico detallado de las mismas permitirá determinar si fueron producto de la acción de depredadores o bien se deben a descarnados internacionales por parte de sus congéneres como parte del ritual de inhumación. Una vez depositados los huesos se recubrieron con ocre, ritual frecuente durante el Paleolítico superior, además en el mismo estrato y asociado a lo huesos aparecieron una serie de pequeñas hogueras que pudieran formar parte del enterramiento. Este es un aspecto singular de la cueva cántabra, ya que no se había documentado en ningún otro enterramiento conocido. Además, el depósito tenía una losa de unos 40 cm con grabados paleolíticos, cuya relación con la inhumación no es posible afirmar con rotundidad. El hallazgo se produjo de forma fortuita al intentar datar los grabados que se observan en las paredes de la cueva de El Mirón y que en parte estaban cubiertos por los estratos de tierra en los cuales se localizó en depósito funerario.

Restos humanos de "El Mirón"

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Más datos

El estudio de los isótopos resulta de gran interés ya que proporciona datos de los posibles movimientos migratorios realizados en su periplo vital por la mujer enterrada. Los trabajos sobre el ADN de los huesos recuperados están en manos del prestigioso Instituto Max Planck (Alemania) de antropología evolutiva. Sus análisis permitirán en un futuro la obtención de interesantes datos acerca de la población cantábrica durante el Pleistoceno final, conocer sus características físicas, el tipo de dieta ingerida, las patologías sufridas y una datación directa de los huesos...

Rituales paleolíticos

El mundo de los rituales funerarios durante el Paleolítico superior es un fenómeno complejo a la vez que desconocido en gran parte. La dificultad de comprender toda su complejidad se entiende por la escasa muestra del registro arqueológico. Esconde un mundo ideológico que probablemente nunca lleguemos a desentrañar en sus últimas consecuencias. La localización de la inhumación no corresponde a un patrón definido. Conocemos enterramientos documentados en abrigos rocosos, en las entradas de las cuevas, en zonas escondidas y remontas de la grutas, al aire libre e incluso en el suelo de las cabañas. Las inhumaciones pueden ser tanto colectivas como individuales, aunque se conoce un mayor número de estas últimas, no deja de haber ejemplos como sepulcros con dos o tres individuos. Estos enterramientos paleolíticos pueden ser tanto de adultos como de individuos infantiles, aunque en su mayoría corresponden a adultos masculinos.

Durante el Paleolítico el ritual funerario es, a pesar de las divergencias, un fenómeno bastante uniforme, con los lógicos matices en cada yacimiento. Frecuentemente la inhumación es practicada en fosas, aunque existen ejemplos de enterramientos en pequeñas cistas de piedra. Un rasgo recurrente en casi la totalidad de los casos documentados es el recubrimiento de los restos con capas de polvo de ocre, o bien en su defecto el depósito de los restos óseos sobre una cama de ocre. Una lista completa de los yacimientos con rituales funerarios conocidos excede a este artículo, sin embargo conviene citar algunos a modo de ejemplo como Kostienki (Rusia), La Madaleine (Francia), el abrigo de Grimaldi o Acquedolci (Italia). Las fosas están rodeadas de hileras de piedras o cantos y sobre el individuo de forma recurrente se colocaba una losa. Existen ejemplos que presenta variaciones como en el caso de El Mirón, en que la inhumación se rodea de pequeñas hogueras o el yacimiento de Dolni Vestonice donde se utilizaron los omóplatos de mamut decorados con pinturas y grabados de forma similar a la colocación de los cantos. De hecho, esa clara asociación de representaciones paleolíticas y ritual funerario, permite pensar en la posibilidad de que los grabados del enterramiento de El Mirón estén relacionados con las prácticas funerarias documentadas.

Otro de los rasgos comunes a una parte de estos enterramientos de época paleolítica es la presencia de ajuares junto a los restos óseos humanos, aunque en una mayoría no presentan ajuar. La composición del ajuar es variada, no se define un criterio claro, pudiendo incluir objetos personales como adornos o collares, útiles de piedra, armas u otros objetos decorados con grabados. Entre los objetos de adorno personal están las conchas perforadas, seguramente utilizadas como colgantes, dientes de animales, anillos de hueso o figuras talladas de animales. Algunos autores mantienen la hipótesis de que esos ajuares supondrían el reflejo de una diferenciación económica. Sin embargo, en una economía de cazadores-recolectores no parece que las diferencias económicas sean importantes por la ausencia de propiedad privada y de acumulación, por lo que los ajuares indicarían más bien diferenciadas en el estatus social derivado de las diferentes funciones ejercidas dentro del grupo, también indicarían diferencias tribales.

Por último, parece también significativo que en muchos de los rituales documentados se haya encontrado rodeando a la tumba o encima de los cadáveres propiamente huesos de animales, frecuentemente grandes mamíferos, el más recurrente es el mamut. Como ejemplo describiremos una tumba datada en el Magdaleniense de una mujer de unos 25 años, sita en el yacimiento Saint Germain-La Revière (Francia) que consistía en una especie de cista formada por piedras hincadas, junto a ella apareció un cráneo de “Bos primigenius”. Al esqueleto lo rodeaban diferentes cráneos de caballo y bisonte.

Crítica

Me resulta chocante muchas veces leer en libros especializados hipótesis explicativas de los rituales funerarios paleolíticos que no tienen mucha base científica, argumentando sin ninguna prueba arqueológica que fundamente sus explicaciones. En muchos casos reflejan más los prejuicios y la propia cultura de los investigadores que alguna realidad palpable en el registro arqueológico. En mi opinión una explicación incompleta o incluso descriptiva es mucho más apropiada que una explicación fundamentada en los prejuicios y la ideología del ser humano moderno y eurocéntrico. Frecuentemente vemos explicaciones de este fenómeno que nos hablan de la creencia del hombre paleolítico en la vida después de la muerte. Sin negar de forma rotunda esa posibilidad, estos razonamientos no pasan de ser meras especulaciones imposibles de demostrar con las pruebas arqueológicas, y eso no es ciencia. Otro ejemplo claro de esto es la utilización de ocre en la mayor parte de los yacimientos. Algunos investigadores han asociado el ocre con la sangre en base a color rojo y su empleo en los enterramientos ha sido interpretado como una forma de volver a la vida al individuo después de la muerte. Hay otros investigadores, a mi modo de ver en una línea más acertada, que buscan explicaciones más concretas, y partiendo del profundo conocimiento que el ser humano del Paleolítico tenía de las propiedades de los recursos de la naturaleza interpreta un uso aséptico del ocre en el tratamiento de los restos óseos.

En realidad, las únicas conclusiones científicas que podemos extraer de este fenómeno, es decir, lo único que nos permiten contrastar los enterramientos paleolíticos es la conciencia plena que en esta época el ser humano ya poseía acerca del significado de la muerte y del desarrollo pleno de vínculos emocionales entre los miembros del grupo que en lugar de dejar abandonados los cuerpos sin vida de sus congéneres más próximos les daban enterramientos como prueba de afecto. La ideología, el pensamiento motor de este tipo de comportamientos es irrecuperable y quedó sepultado para siempre con sus protagonistas.

Publicado el 6 de marzo de 2011 en el diario "Alerta" (Cantabria) y recuperado por el reciente estudio sobre enterramientos paleolíticos..

miércoles, 23 de mayo de 2012

La cueva de La Garma (Cantabria), Patrimonio de la Humanidad


Caballo magdaleniense


Una de las cuevas con representaciones gráficas rupestres de Cantabria más espectaculares y a la vez menos conocida por el gran público es la Cueva de La Garma, que junto a otras ocho cuevas cántabras en julio de 2008 fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Dos factores son determinantes en dicha circunstancia, la constatación de la existencia de las representaciones parietales es relativamente reciente, fueron descubiertas en 1995 en el transcurso de los trabajos de investigación arqueológica de oquedades próximas y por otro lado el hecho de que es una de las cuevas cántabras cuyos tesoros paleolíticos no son visitables por el público ya que el acceso en la actualidad es bastante dificultoso, es preciso entrar a través de otra cueva, La Garma A, requiriendo equipos de espeolología para salvar varias simas. El conjunto ha sido declarado zona arqueológica y BIC, por lo que goza de una importante protección actualmente. 

Localización

La estación rupestre es un yacimiento costero que se localiza en un pequeño montículo a orillas del mar Cantábrico en el municipio de Ribamontán al Mar. La cueva forma parte de un conjunto kárstico de múltiples galerías, en ocasiones interconectadas entre ellas, con tres niveles diferenciados. Las representaciones rupestres se hallan en la Galería inferior.

Ciervo rojo


¿Qué esconde este pequeño gran montículo?

Este monte no sólo guarda en sus entrañas las representaciones rupestres, La Garma es un extraordinario mosaico arqueológico de varios yacimientos que son testigos de numerosas fases de ocupación antrópica. La ocupación (repartida en diversas cuevas) mínima del lugar comenzó hace al menos 80.000 años, durante el Paleolítico medio con la presencia neandertal, luego dejaron huella de su presencia los hombres anatómicamente modernos, con un magnífico yacimiento paleolítico (especialmente la ocupación magdaleniense, 16.500 BP), también hay niveles arqueológicos del Mesolítico, el Neolítico, el Calcolítico, y ocupaciones de época de la Edad del Bronce y de la Edad del Hierro con un castro cántabro en la cima, así como un sepulcro en cueva de época visigoda (altomedieval). Además, debido a la espectacularidad de la ocupación magadaleniense hay que señalar que se conserva in situ el suelo paleolítico, con los restos visibles a nivel superficial gracias a que un derrumbe selló la entrada hasta el momento de su descubrimiento a finales del s. XX. En el registro arqueológico se cuentan por miles los objetos de industria lítica, adornos y una extraordinaria colección de representaciones mobiliares. La mayoría de estos objetos pertenecientes a la Galeria Inferior han sido estudiados sin excavar, usando técnicas de fotometría, conservando de este modo el yacimiento casi intacto.

Las representaciones parietales

La Garma es un extraordinario conjunto de más de 500 grabados y pinturas en el que se documenta la temática habitual paleolítica: fauna con grandes animales, manos en negativo, máscaras (con paralelos en Cantabria fundamentalmente, El Castillo y Altamira) y signos abstractos. Las representaciones de animales superan el centenar: caballos, bisontes, ciervas, cabras, un carnivoro, un uro, un megacero y algunos otros animales de difícil determinación.

Los estudios de las representaciones parietales hablaban de tres momentos creativos, durante el auriñaciense, el solutrense y el magdaleniense en función de los métodos comparativos. Atribuían al gravetiense las manos en negativo y los signos no figurativos, las pinturas rojas al solutrense y las pinturas negras y grabados al magdaleniense. Sin embargo, las dataciones obtenidas por series de uranio nos retraen a hace 30.000-25.000 años (auriñaciense-gravetiense), en concreto se dató con este método un panel formado por figuraciones rojas, un uro y dos cabras, a partir de una concreción estalagmítica que se había formado encima del contorno de una de las figuras. Esto viene a apuntar en la misma línea que los datos obtenidos en otras cuevas como Chauvet (Francia) de que la clasificación por criterios estilísticos está más que obsoleta.

Panel de uro y cabras

Los hombres del Paleolítico usaron una gran variedad de técnicas en la cueva de La Garma, desde macarroni (grabados sobre la arcilla de las paredes que se obtienen deslizando los dedos) a grabados con buril, raspados, pintura soplada, líneas punteadas, trazo lineal, tamponado, tintas planas, rojas , negras y amarillas, llegando en algún caso a la bicromía.

Las representaciones se esparcen a lo largo de la Galería Inferior por las diferentes partes que componen la cueva, aprovechando incluso los divertículos existentes, concentrándose en las zonas cercanas a la entrada paleolítica actualmente sellada por un derrumbe.

Grabado cierva


Zonas de habitación y ocupación

Que el depósito arqueológico fuese sellado durante la ocupación magdaleniense ha permitido un estudio global de los contextos de ocupación, documentándose incluso la existencia de cabañas interiores, alguna de las cuales ocupaba zonas interiores de la cueva sin iluminación. Una de esas cabañas, interpretada a partir de los restos de piedras alineados de forma circular, estaría hecha con pieles o bien fibras vegetales con madera. Es de reseñar la importante decoración existente en esta zona, desvirtuando así la concepción de las estaciones rupestres como “santuarios”. Otra de las zonas, en este caso más al interior, ha sido propuesta por el equipo de investigación como un taller de objetos de “arte” mobiliar y objetos de adorno debido a la gran acumulación de ellos documentada a partir del análisis contextual. También está decorada.



Contorno recortado en forma de cabra

viernes, 11 de mayo de 2012

Arqueología: L´Esquilleu (Cantabria), la vida en el último refugio neandertal


Quizás la cueva de L´Esquilleu (Cillórigo de Liébana) sea, a nivel de reconocimiento social, uno de los yacimientos más “injustamente” tratados de cuantos nos encontramos por Cantabria. El topónimo se recoge de forma errónea en los mapas y en la bibliografía, según informantes locales el topónimo correcto es L´Estilleu (en cántabro, lugar donde se estilla-astilla la madera). La cueva se encuentra enclavada en el escarpado Desfiladero de la Hermida, a 280 m sobre el nivel del mar y 68 m sobre el río Deva. Contiene uno de los registros sedimentológicos, arqueológicos y paleontológicos más fructíferos de la Cornisa Cantábrica. Su estudio e investigación, a lo largo de muchos años de excavación (1997-2006), ha ido arrojando datos que han convertido al yacimiento en un referente no sólo del musteriense cántabro sino también de las poblaciones neandertales a escala global. Quizás los testimonios más espectaculares sean la documentación del primer lecho en la Península Ibérica, elaborado a partir de fibras vegetales, con una datación de 50.000 BP1. y la constatación de que las míticas montañas lebaniegas, escenario de algunos de los hechos históricos más destacados de Cantabria, se convirtieron durante el Paleolítico en uno de los últimos refugios de los neandertales. Su presencia en la cueva cántabra está sólidamente datada en 24.000 B.P, por medio de la termoluminiscencia y el C14.

Estratigrafía y cronología

L´Esquilleu cuenta con una potente estratigrafía (existen estimaciones espeleológicas que calculan una potencia de más de 8 m) de 41 niveles excavados, agrupados en cuatro unidades litoestratigráficas que ocupan los periodos paleoclimáticos OIS4 (117.000-60.000 BP), OIS 3 (60.000-40.000 BP) y gran parte del OIS3 (40.000-10.000 BP), periodos glaciares de clima muy frío (a escala global). La ocupación por parte de los neandertales de la cueva se prolonga desde 70.000 BP hasta 25.000 BP, cuando su rastro desaparece. De las cuatro unidades litoestratigráficas documentadas, las dos centrales son las que aportan las mayores evidencias de ocupación humana, con presencia de hogares que paulatinamente se van superponiendo, abundantes herramientas de industria lítica musteriense y restos óseos cremados y muy fragmentados en la más antigua de las fases, y una segunda fase, con actividad humana igualmente intensa testimoniada con la presencia de industria musteriense tipo quina y levallois. En las otras dos (la más antigua y la más reciente) las pruebas de actividad antrópica son testimoniales.

Camas neandertales y geoarqueología

La geoarqueología es una disciplina dentro de la arqueología que está aportando interesantes resultados a partir del estudio de los fitolitos y los zoolitos, que son mineralizaciones o fosilizaciones de los restos orgánicos de los seres vivos una vez muertos, en el primer caso de vegetales y de animales en el segundo. Los análisis son bastante precisos, permitiendo inclusive la diferenciación del tipo de planta y la parte de la misma fosilizada, dependiendo del tipo de fitolitos. Entre esos restos que mineralizan está el fósforo, y cuando éste aparece en los sedimentos de los yacimientos denota la presencia de actividades humanas en el pasado. En la cueva de L´Esquilleu el equipo de investigación tomó muestras de los diferentes niveles sedimentológicos, obteniendo como resultado la documentación de lechos neandertales asociados a hogares. Estos lechos eran empleados por los habitantes de la cueva lebaniega para sentarse sobre ellos al fuego y socializar, así como para dormir al calor de las llamas y brasas. Sucesivamente fueron renovando estas primeras camas durante un periodo comprendido entre 53.000 y 39.000 BP. Los investigadores argumentan que resulta verosímil que los lechos de vegetales estuvieran recubiertos de pieles de animales que aportarían comodidad y calor a la vez, basándose en la cantidad de zoolitos registrados. El hallazgo es fascinante porque es el primero que se produce en la Península Ibérica y en el resto del mundo apenas existen lechos documentados de forma fehaciente. Conocemos los casos de los yacimientos de Anaud y Ohalon (Palestina), Grotte XV (Francia) y Tor Faraj (Jordania).

Por otro lado, el análisis tafonómico de los restos óseos asociados a los hogares mostraba un gran fragmentación y aparecían carbonizados debido a la acción del fuego, lo cual indujo a los investigadores a plantear la hipótesis de su uso como combustible. Sin embargo, el análisis de los fitolitos de los hogares parece descartar esa posibilidad por la gran presencia de fitolitos de madera y corteza. Los restos óseos fueron arrojados al fuego como método de higiene y limpieza de la cueva y sólo utilizados como combustible secundario.

El comportamiento socializante alrededor del fuego y la búsqueda de confort se convierte en una de las muchas pruebas que se van acumulando en favor de los comportamientos “humanos” y modernos de los neandertales. Podemos imaginar a estos neandertales en las tardes del “tardiu” lebaniego contarse historias míticas del origen de sus antepasados o de cacerías, sumidos en el calor de los fuegos y cómodamente sentados en sus lechos, envueltos en las pieles obtenidas en la última cacería.
Dieta de los neandertales de L´Esquilleu

Los datos obtenidos por medio de análisis arqueozoológicos nos hablan de una parte de la dieta de estas poblaciones neandertales, concretamente la proveniente de la caza, principal aporte de calorías. A lo largo del periodo de ocupación de la cueva predomina la caza y consumo de dos especies de cabra (capreolus capreolus y capra pyrenaica), con presencia también constante del ciervo (cervus elaphus) y el rebeco en ese orden. Si bien en función de las oscilaciones climáticas hacia periodos más templados se observa el aumento del consumo de estas y de otras especies, incluido los carnívoros (lobo, hiena, zorros…), que entrarían a formar parte de la dieta sin desplazar a la cabra. El consumo de dicha especie alcanzaría hasta el 80% en función de su presencia en el registro arqueológico.

Estos datos de la dieta, se agregan a los aportados por los análisis antracológicos (carbones). La presencia entre los carbones de especies vegetales del género prunus (ciruelo, cerezo, melocotoneros…), hippophae (espino amarillo…) o arbustus (madroño) nos indica la recolección en época de maduración de los frutos como complemento alimenticio, además del recurso obvio de la madera como combustible.

Clima y medioambiente

La cueva de L´Esquilleu es un manantial de datos fundamentales para perfilar en el conocimiento que se tiene del musteriense cántabro, complementado los datos climáticos que ya se conocían a partir de excavaciones clásicas como El castillo o Covalejos, y otras más modernas como el Mirón.

De esta manera se han ido definiendo las diferentes oscilaciones climáticas a partir de estudios paleoambientales basados en los análisis de secuencias antracologicas y polínicas o de la microfauna presente en los registros arqueológico de la cueva.

En lo que respecta a la microfauna el registro de L´Esquilleu no denota la presencia de ninguna especie de climas fríos acusados, por lo que zona lebaniega, al igual que el resto de la Península, debió gozar de un clima aceptablemente templado al menos para aquellos momentos de frío menos acusado del Pleistoceno superior.

El análisis polínico muestra la presencia predominante de un paisaje abierto, propio de un clima seco y templado, con dominio de praderas y herbáceas y con la presencia de alguna masa forestal (pinus), que en los momentos más templados y húmedos tendió expandirse e incluir especies arbóreas nuevas.

En L´Esquilleu se cuenta con un buen registro antracológico para los niveles que comprenden un lapsus temporal entre 53 y 36000 BP. El registro corrobora dos periodos distintos, uno con predominio del mostajo (sorbus area) y del matorral bajo, y una segunda fase más reciente donde se evidencia el avance del pino silvestre (pinus sylvestris).

Las conclusiones que se pueden extraer de este puzle de datos es que L´Esquilleu y por extensión el resto de Liébana, por sus características geológicas y geográficas, se constituye como un refugio de montaña con un clima más benigno frente a las condiciones más frías del resto de la Cordillera Cantábrica, que es explotado de forma estacional (verano-otoño) mientras que estos mismos grupos humanos ocupan zonas costeras el resto del año.

Pervivencia neandertal

En ese contexto descrito, los autores del estudio mantienen que L´Esquilleu se convirtió en uno de los últimos refugios de los neandertales, constatándose la presencia de industria musteriense en momentos muy recientes, 24.000 BP, según las dataciones aportadas. El dato no es menor, ya que convertiría a las poblaciones neandertales de L´Esquilleu en las más recientes de las que se tiene documentación científica (junto con la cueva de Gourham-Gibraltar, ésta más dudosa). Hasta ahora la teoría aceptada era que los últimos neandertales habían habitado la zona sur de la Península hasta hace 30.000 años.

El panorama que se dibuja con la suma de datos es bastante confuso, con bastantes problemas metodológicos en la investigación. Existen grupos neandertales que perviven en zonas que podríamos llamar marginales (refugios) sin muchos cambios en sus industrias (musterienses) hasta momentos avanzados del Paleolítico superior (Esquilleu 25.000 BP), grupos neandertales con industrias de transición del Paleolítico superior (Castillo 40.000 BP) como los complejos culturales Chatelperroniense (Europa occidental) o Szeletienense (Centroeuropa) y grupos de sapiens, relacionados con la industria auriñaciense. Las hipótesis explicativas de los complejos culturales de transición dividen a los investigadores entre los que fundamentan su origen en la evolución propia de los neandertales hacia industrias propias del Paleolítico superior (herramientas de uso, adornos…) y los que quieren ver en esos grupos un producto de la aculturación de los grupos neandertales por parte de los sapiens “africanos”, sin que ninguno de los grupos aporte pruebas concluyentes.

Este es el contexto en el que hay que explicar, cómo, porque y dónde desaparecen los neandertales y su industria musteriense, cómo fue su relación con los sapiens y hasta qué punto los datos aportados por la genética indican una hibridación más o menos importante.

Restos fósiles neandertales

En el yacimiento se han documentado restos fósiles neandertales en los niveles XI y XII, ambos datados mediante C14 en una fecha de entre 36.000 y 39.000 años a partir de muestras de carbón vegetal.
1BP: abreviatura en inglés de Before Present, antes del presente. El presente por convención es 1950.

sábado, 24 de marzo de 2012

Turismo arqueológico: Poblado cántabro de Argüeso (Edad del Hierro) durante lucha contra Roma




Si usted empezó a planear las ansiadas vacaciones el día justo en que finalizó las anteriores y empieza a sufrir sudores fríos ante la perspectiva de tostarse vuelta y vuelta como una rebana de pan al sol en una abarrotada playa, nosotros le planteamos una sugestiva alternativa: deje de sufrir con la sombrilla, la arena y los niños y anímese a dejar atrás las vacaciones tradicionales para disfrutar del turismo arqueológico. En este sentido, Cantabria cuenta con una amplia oferta de actividades entre las que se encuentra la atractiva visita al poblado cántabro de Argüeso.



El poblado se encuentra sito en el pueblo de Argüeso (Comarca de Campoo), en el corazón del territorio de los antiguos cántabros, constituyéndose como un interesante proyecto de divulgación de la arqueología y la historia del origen del pueblo cántabro, que hunde sus raíces en la 2ª Edad del Hierro. Desde 1995 un grupo de profesionales relacionados con la arqueología y la educación medioambiental gestiona y dinamiza la reproducción de un poblado cántabro con el objetivo de dar a conocer los modos de vida de las tribus cántabras durante la protohistoria hasta la conquista romana. El proyecto autogestionado se dirige a un público heterogéneo, que va desde escolares a profesionales de la arqueología y la historia, en el se conjugan arqueología experimental y educación mediambiental.

Qué  te vas a encontrar

En un entorno privilegiado por la naturaleza, rodeado de las agrestes montañas de la Cordillera Cantábrica, te encontrarás con un museo en vivo entre la reproducción de algunos de los lienzos de la muralla defensiva del poblado por la que se accede al mismo. Al traspasar la puerta realizarás un viaje en el tiempo de más de 2000 años para encontrarte con las cabañas y la vida cotidiana de los míticos cántabros de los que nos hablan las fuentes clásicas romanas, con sus costumbres y creencias.  Durante la visita guiada convivirás con cántabros y cántabras vestidos con ropas de la época, aprenderás cómo se hacían las cabañas (copia de cabañas documentadas en castros cántabros) con sus paredes de barro, piedras y varas de avellano entrelazadas y sus techumbres de cubierta vegetal (escoba), además de participar en actividades de la vida cotidiana de los antiguos pobladores de estas montañas. En el interior te podrás sentar en los bancos corridos al calor de los hogares, observar la disposición de la estancia y los objetos de uso común como telares, cerámicas, camas…La visita se complementará con la participación en interesantes talleres de arqueología, de ecología relacionados con la naturaleza del entorno y actividades de animación.

Cómo llegar y horarios

Para visitar el Poblado Cántabro tendrás que acercarte al pueblo de Argüeso (Campoo de Suso) y desde el pueblo recorrer una senda de 1 kilómetro del pueblo de Argüeso en coche, aunque dado lo atractivo del camino y su escasa distancia lo recomendable es darse un paseo siguiendo el curso del río que nos acompañará hasta la entrada del poblado y durante el cual te podrás deleitar con la incomparable naturaleza que lo circunda. La senda está adecuadamente señalada.El poblado realiza sus actividades todo el año, en temporada baja (octubre-mayo) durante los fines de semana y los días festivos. De junio a septiembre está abierto todos los días. El horario es continuado desde las 10,30 h de la mañana hasta el anochecer.

Tarifas
La entrada para adultos es de 4 euros por la visita y de 10 por la visita y los talleres, para niños de entre 7 y 12 años  3 euros por la visita y 10 por la visita y los talleres, los menores de 6 años tienen acceso gratuito. El precio para grupos de más de 15 personas es 3 euros por persona.


Otras actividades



La visita al poblado puede complementarse con otras ofertas arqueológicas de la zona situadas a pocos kilómetros. La primera es el inmediado castillo medieval de Argüeso (S.XIII), declarado bien de interés cultural en 1983 y que presenta unas magníficas condiciones de conservación y restauración. También resultan interesantes los centros de interpretación de las ruinas romanas de Camesa-Rebolledo y Iuiobriga (Retortillo), donde aparte de las restos de ambas ciudades restaurados podemos encontrar la puesta en valor de las termas romanas del primer yacimiento y una reproducción de una domus(casa) romana en el segundo. Incluso si tanto ajetreo arqueológico te abre las ganas de comer no está de más probar un apetitoso plato tradicional de Campoo conocido como olla ferroviaria, a base de patatas y carne, que tiene su origen en los guisos que preparaban los ferroviarios de la línea La Robla-Bilbao en la estación de Mataporquera.

Contacto         
        
http://pobladocantabrodeargueso.blogspot.com.es/                                                   


martes, 20 de marzo de 2012

Estudio demuestra la continuidad genética desde el Holoceno en Cantabria y Euskadi



Un nuevo estudio publicado en la revista científica PLoS ONE por parte de un equipo de investigación español de la Unidade de Xenética, Departamento de Anatomía e Patolóxica Ciencias Forenses de la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia) junto con otros organismos internacionales, revela que existe una continuidad genética de la población en la Cornisa Cantábrica desde al menos los inicios del Holoceno, hecho que podría explicar la especifididad lingüística y el origen del euskara, así como de algunas características culturales de la zona franco-cantábrica.
La expansión del Máximo Glaciar (20.000 años Kya) obligó a las gentes que ocupaban las zonas más septentrionales de Europa a un repliegue buscando condiciones climáticas más favorables en el sur del continente y una de las tierras que se constituyó como refugio fue la zona franco-cantábrica. Los datos arqueológicos indican que dicho refugio fue uno de los embriones del repoblamiento europeo una vez acabada la última glaciación, durante el inicio del Holoceno (11.500 kya), que supuso el inicio de las condiciones climáticas favorables que aún hoy perduran. Los resultados del nuevo estudio genético apoyan esa tesis.
El estudio documentó el linaje mitocondrial HV4a1a, el cual surgió en la zona franco-cantábrica y permaneció aislado en el norte de la Península Ibérica durante largos periodos. El haplogrupo HV4 parece tener un origen en Europa del Este hace unos 14.500 años. El sub-haplogrupo HV4a1a muestra una distribución geográfica diferente, estando representado hasta en un 75% de los genomas HV4, que corresponden a individuos de la zona franco-cantábrica, con especial incidencia en Cantabria y Euskadi. Es aquí donde muestra una mayor diversidad con varios subclados. Los individuos portadores de este linaje mitocondrial localizados fuera de la zona originaria corresponden a Italia, Gran Bretaña, Canadá y EEUU. Se puede explicar su presencia en estos lugares a partir de razones históricas, como la presencia de españoles en Nápoles o la inmigración francesa (en contacto con Euskadi) a Canadá.